DEPORTES

Opinión: El sueño de un chico de 20 años

FPF

Tengo 20 años y nunca vi a Perú en un mundial. Conozco quienes son Cubillas, Cueto, Sotil, Uribe u Oblitas porque mi papá me contó de ellos, él si se emocionaba cuando veía los partidos del 78 o del 82. En cambio, yo solo observaba y aún cuando en lo más profundo de mi corazón sentía orgullo, debo de admitir que hasta ahora no me emociona.

Nací y crecí en una generación complicada. El medio entre lo viejo y lo moderno, los que viven pegados a la tecnología y a la nostalgia. Y me empezó a gustar el fútbol por mi hermano, él jugaba muy bien y su juego siempre me llamó la atención. Por su culpa y la de mi padre, empecé a amar el fútbol.

Recuerdo varias cosas de Perú: El empate a Brasil con gol de Solano, el 4 a 1 a Paraguay con los “Chorrigolazos”, el gol de Guerrero a Chile o el empate agónico a Argentina, pero la mayoría son recuerdos amargos, difíciles de olvidar. Mi adolescencia fue un conjunto de fracasos, es complicado ser parte de un país que es visto con pena y desprecio. Y sobreviví. Retumba en mi cabeza esa frase de la blanquirroja “Cuando el amor no tiene cura no queda más que seguir amando, aunque en ello se nos vaya la vida.”

Y sí, Perú jugaba mal, se notaba la desilusión de sus hinchas, sobretodo de los que si vieron alguna vez a su selección en el mundial. Y mi generación no bajo los brazos, siguió adelante, a pesar de las críticas, de las argollas, de los conformistas, de los soñadores, de todos. El jueves fui al Monumental para alentar una vez a mi querido país. Puedo jurar que no vi a nadie mayor de 30 años en la barra, un grupo enrome de personas cantaban, se abrazaban y gritaban juntos cada minuto del partido. Todo eran jóvenes y ninguno de nosotros vio a Perú en el mundial, pero lo aman, con pasión, con ganas.

Hoy antes del partido, 5 minutos antes, o quizás menos, pasaron todas estas imágenes por mi cabeza: mi padre contándome como Cubillas se bailaba los defensas, mi hermano menor comprándose su primer polo de Perú y cuando anoté un gol en el colegio y se lo dediqué mi madre. Vi el partido contra Ecuador en el Jockey Plaza con 500 personas, pero parecía que hubieran ido 50 000. Era un estadio, una tribuna más. Los nervios, la tensión y la pasión. Fui solo y salí de ese lugar abrazado con peruanos, hinchas que soñaron y creyeron siempre en estos jugadores. Grité los goles como si nos llevarían a Rusia y corrí al terminar el partido para llegar a tiempo a mi clase. Y tengo que admitir que lloré de felicidad en el camino. Yo nunca vi a Perú en un mundial, pero siempre estaré agradecido de esta selección y si lo logra, mi sueño se cumplirá y veré al amor de mi vida en el lugar que siempre debió estar.

Fabrizio Castro
Estudiante de Comunicaciones en la Universidad de Lima
“Redactar crónicas futbolísticas es revivir los mejores momentos del día a día”
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