CULTURA

Sofía Rocha: “Ya estoy haciendo un poco de casi todo lo que quiero.”

A sus 49 años, no se avergüenza de nada y está dispuesta a aceptar cualquier reto que se le imponga. Sofía Rocha es una de las actrices con más trayectoria en nuestro país, y a pesar de que le gustaría considerarse como una persona graciosa, prefiere describirse como intensa, pues su trabajo es su prioridad. La energía y alegría que la caracterizan la han llevado a descubrir el secreto principal para el éxito: disfrutar.

 ¿Cómo llegaste al teatro? ¿Qué fue lo que te impulsó a estudiar actuación?

Es como un llamado de cualquier otra vocación. Se presenta de forma un poco diluida como otras cosas, por ejemplo, yo quería ser cantante en algún momento, pensé que podía ser corredora de autos porque me gusta manejar mucho también. Entonces poco a poco te vas decantando en lo que realmente quieres hacer. Ahí me fui dando cuenta que el teatro es un poco como los libros, te deja vivir otras vidas, te deja viajar. A veces yo bromeo con mis amigos que viajan mucho, porque yo he viajado mucho, pero en realidad no me gusta tanto porque yo viajo a través de mi trabajo, por lo que, evidentemente, eso fue lo que me capturó. Cuando se presentó el llamado a esta vocación, ya no había forma de hacer otra cosa, toda mi vida ha estado en función de buscar ser actriz; es decir, desde muy joven trabajé en muchas cosas, por ejemplo, en una farmacia, trabajé con mi madre en su negocio de catering, pero todo para que al final del día yo pudiera llegar al teatro y hacer una función. Yo tenía bastante claro eso, y mi profesión no siempre me permitió mantenerme a mí, necesitaba de otros trabajos, pero yo sabía lo que yo quería hacer.

Normalmente se piensa que la carrera del actor no es una carrera rentable, ¿tuviste el apoyo de tus padres para esto?

Había una preocupación inicial, pero creo que poco a poco fueron apoyándome de formas muy periféricas. Por ejemplo, si tenía que hacer cajas de alfajores para vender, las hacía en la casa de mi abuela con su horno y no pagaba nada, es una forma de apoyarte, pero tampoco me decían “oye sigue haciendo teatro”. Entonces había una manera de apoyarme muy por lo bajo, pero era una cosa que yo ni siquiera pregunté, yo no iba a escuchar a nadie, porque lo tenía clarísimo.

Tú has hecho cine, teatro y televisión. De hecho, todos son diferentes, pero si pudieras elegir, ¿con cuál te sientes más cómoda y a gusto?

Sí, en realidad, yo estoy como pez en el agua en el teatro. Pero cada uno de esos medios tiene algo que te acoge. La televisión a veces, si tienes suerte, tienes un buen papel, y puedes trascender gracias a la inmediatez que te ofrece, y llegar a mucha más gente de un solo golpe, te pagan un poco más en ocasiones, y es como un buen gimnasio para el actor, porque te ejercitas en actuar todos los días, en situaciones que te ponen de un contexto a otro, las escenas no son correlativas, etc. El cine sí tiene una textura mucho más agradable, no es tan rápida como la televisión, y creo que en eso se pega un poquito hacia el lado del teatro porque ensayas, tienes los callbacks, no sabes si vas a tener el papel o no, y es una locura, porque las películas perduran más que la televisión.

Y ¿cómo es el entrenamiento de un actor de teatro para acostumbrarse a tener que hacer lo mismo prácticamente todos los días que tienes función?

No es lo mismo. Yo vengo a hacer mis funciones muy feliz, a veces muy cansada, a veces no tengo ganas de hacer función, pero siempre vengo muy dispuesta por todo lo que me rodea. Estoy con amigos y el día nunca es el mismo. Uno tiene un mapa para poder hacer todo acá sobre el escenario, pero la Sofía que vino ayer o que vino hoy a hacer función no es la misma de mañana. Por ejemplo, hoy tuve un ensayo difícil en el que hubo ciertos encuentros con algunos compañeros, por lo que mi energía es otra. Entonces, puede parecer que algo cambie en lo más mínimo, pero en realidad para mí cambian enormemente y también para el público.  Es imposible hacer una repetición única y exacta, y más si es de un día para otro.

Durante la formación actoral, al momento de tener que interpretar un papel, uno tiene que pasar por todo un proceso. ¿Cómo manejas la canalización de tu energía y emociones al estar en función?

Es puro entrenamiento. El actor es como un deportista. Los deportistas entrenan sus músculos y estos responden cuando van a hacer algo. Pasa igual con los actores, nosotros estamos entrenados para entrar y salir de un papel. Sí es cierto que te quedas con una energía arriba, porque das mucho y ese intercambio con el público de los aplausos y los gritos te dejan en un estado “high” por así decirlo. Entonces a la hora de dormir es complicado, pero el papel te lo sacudes muy pronto. Te pueden quedar cositas, gestos, por ejemplo, pero es natural. Creo que lo más difícil es que terminamos tarde y si tienes que irte a dormir, hay que hacer ejercicios para bajar todo.

Además de actriz, eres profesora de teatro. ¿Cómo podrías describir la experiencia? ¿Te sientes una especie de entrenadora de actores?

Todavía estoy encontrando mi camino para la docencia, siempre trato de darles lo mejor a mis alumnos, pero sí los samaqueo bastante. Por eso con frecuencia son jóvenes que quieren ser actores y no tienen experiencia, o gente que no tiene nada que ver con la actuación, pero de todas maneras quieren probar. Generalmente, lo primero que tengo que hacer es darles una buena sacudida, porque ellos creen que están a disposición para actuar, cuando en realidad no lo están, por diferentes motivos. Cada uno es una casa, y de vez en cuando hay que meternos un temblorcito para que se caigan un par de paredes y se abran un par de puertas y podamos tener algo con que trabajar y no se queden en la superficie. Así se va avanzando.

Con tu experiencia en los diferentes géneros que son tan distintos entre ellos, ¿hay alguno que prefieras?

No en realidad. Yo creo que los géneros son un poco obsoletos, al menos para mí. El actor que no maneja todos los registros está un poco rezagado. Yo puedo hacer comedia, puedo hacer drama, y puedo hacer musicales. Creo que puedo hacer casi todo. Y esa es la idea, el actor debe estar capacitado para hacer cualquier papel que le den. Eso de que antes había actores dramáticos y actores cómicos es una cosa antigua, ahorita ya no. Tienes que tener cancha en todo sino chau. (risas)

¿Hay algo que siempre hayas querido hacer y aún no has podido?

Ya estoy haciendo un poco de casi todo lo que quiero. Lo que pasa es que ya estoy mayor entonces me gusta actuar y vivo de esto, no tengo como un papel soñado como algunos actores, pero a mí me gusta sorprenderme con lo que me dan. El que me tocó en Mamma Mia fue porque Fisher pensó en mí y confió en que yo podía hacerlo. Son nuevos retos, y siempre estoy jugando y descubriendo mundos nuevos. Hay muchas cosas ricas adentro.

Además de actuar, ¿tienes algún talento oculto que aún no conozcamos?

No es oculto, acá todo está al aire. (risas) No sé si es un talento, pero me dedico al spinning, hace más de diez años, es una manera de mantenerme en forma y es una disciplina que me apasiona. Tomo clases tres veces a la semana, tengo mis zapatos especiales y todo; es algo que me mantiene bien tanto física como emocionalmente. Ahora estoy nadando también, tengo un wetsuit y nado en la playa dos veces por semana. Creo que lo que me apasiona es la actividad física, incluso hago muay thai a veces. Me gusta mucho esa onda, todo lo demás ya se relaciona a actuar.

¿Tienes alguna cábala antes de salir a actuar?

(risas) Sí, cuando decimos “mierda” siempre tengo dos hombres a cada lado, entonces decido cuáles son para decir la primera “mierda”, y se quedan hasta la última. Si se mueven, o si yo me distraigo y los lugares cambian, pasan muchas cosas. Hay que agarrarse de algo ¿no?

¿Y cuáles son tus proyectos este año, o a futuro?

Bueno ahorita terminé con La Terquedad; ya se estrenó Pájaros que es una obra familiar, en el Pirandello; planeo enseñar tres meses, hasta noviembre, en los talleres de La Plaza; el próximo año hago una obra con Mariana de Althaus y Alberto Ísola; tengo otra obra que Alberto dirige que es La Reunificación de las dos Coreas, y así tengo un par más que ahora no recuerdo.

¿Cómo ves la situación del teatro en el Perú?

Yo creo que el público está respondiendo cada vez más, igual es difícil y depende de nosotros ofrecer espectáculos de calidad que jalen a la gente. Al público le gusta retarse, ver cosas que puedan descifrar, nunca va a ser lo suficiente porque cada vez hay más salas y nuevas generaciones de actores; sin embargo, yo no me puedo quejar, siempre tengo trabajo y desde mi punto de vista, me parece que hay más apertura para el teatro. Yo recuerdo que antiguamente, el plan era salir al cine y luego a comer, ahora hay mucho más ir al teatro, y después a comer. Se ha vuelto algo genial, es un trabajo conjunto tanto de nosotros los actores, como de los dueños de los teatros en ofrecer comodidad, los precios de las entradas; si todo eso converge, el resultado va a ser fantástico.

¿Crees que en nuestro país el teatro está muy centralizado?

Sí, pero es que acá todo está centralizado. Empezando desde la política, y la vida normal del país, todo está en Lima, entonces salir de eso es bien complicado, nada te lo facilita. Sería genial que se hiciera un festival que pase a provincia, por ejemplo, pero eso ya es una coyuntura nacional. Es una pena, me imagino que conforme vayamos creciendo se irán tomando otras medidas.

Es decir, ¿un poco más de apoyo del gobierno, quizás?

Podría ser, pero esa es una utopía. (risas) Es bien difícil, lo que pasa es que, como país, aún tenemos muchas carencias y problemas básicos. A veces pensamos que pensar en cultura es un lujo, pero no lo es. El niño que vuela más allá de donde viva, va a llegar lejos. Es un camino que está creciendo, pero hay que hacerlo.

¿Cuál ha sido el proyecto que más te ha marcado?

A estas alturas de mi vida ya ha habido varios. Hace mucho tiempo hice “Un matrimonio de Boston” con Alberto (Ísola), es una obra muy particular que me marcó porque tuve un papel protagónico muy intenso. Luego estuvo Medea, yo tengo un antes y un después con esa obra. Ahí trabajé con Gisela Cárdenas que vino desde Nueva York para dirigir la obra y fue como un taller intenso, casi 7 horas al día de ensayos. De ahí ha habido muchos papeles chiquitos que han sido hermosos, pero creo que, si hay que definir un antes y después, definitivamente es Medea.

Por último, ¿te parece que el actor está en constante aprendizaje?

Sí, todo el tiempo. Siempre te tocan cosas diferentes, las nuevas generaciones te enseñan a ti y tú a ellos. En los últimos años he aprendido a disfrutar, es algo que llega con la madurez. A relajarme, a hacer lo que me hace feliz y pasarla bien.

María Paula Regalado
Estudiante de Comunicaciones en la Universidad de Lima. Habladora hasta los huesos y escritora de nacimiento. Vivir para el arte y arte para vivir. Autora del blog Todas Nuestras Estrellas.
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