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Reseña:”Django: Sangre de mi Sangre”

La secuela del mito

Para hablar de “Django: Sangre de mi Sangre” es necesario hablar de la película original del 2002, la cual… difícilmente puede ser considerada buena; sin embargo, se aplaude lo que intentó en esa época: una película comercial de género para un público peruano reacio a las producciones nacionales. Con actuaciones regulares y un presupuesto por debajo del necesario, la película fue… mediocre, pero, con el pasar de los años, se volvió icónica para el cine peruano al convertirse en una de esas pocas películas peruanas que un público general reconoce y recuerda – y sí, fue principalmente por el morbo hacia sus ya icónicas escenas sexuales.

Es por eso que, 16 años después, su secuela ya no tenía que estar a la altura de la mediocre del 2002, sino a la del mito y legado que esa misma había cultivado – sí, gracias al morbo. Y, con el boom del cine peruano que vivimos desde el éxito de “¡Asu Mare!” (2013), era imperdonable que no se le dé el presupuesto y cuidado necesario para alcanzar el nivel requerido.

Con mucho gusto es que puedo que afirmar que esas expectativas han sido cumplidas. “Sangre de mi Sangre” es lo que el cine peruano necesita, una película de acción con suficiente drama, calidad y sí, morbo, para que el peruano de a pie se anime a verla.

Su guion cumple con mezclar las historias de la película anterior, las referencias a lo que ha pasado en los 15 años entre películas y la historia nueva. Se plasma el lenguaje del mundo criminal con el de una familia en crisis de manera natural, dándole la humanidad necesaria a la película. Se rescata también la coherencia y evolución que presentan los personajes a partir de la película anterior y también los nuevos e interesantes personajes que complementan la historia y captan la atención del público. Sin embargo, por estos personajes, la película acaba con varias historias paralelas que quitan la solidez a la principal.

Por el lado estético, la fotografía es un punto a resaltar en esta cinta, ya que cumple captando sus distintos ambientes con luces y planos efectivos. Sin embargo, tiene un exceso de planos muy cerrados que, así sean parte de la visión artística del cinematógrafo, terminan incomodando y afectando a la fluidez del visionado de la película.

Ligado a este defecto en los planos, se encuentra una edición que por momentos da un ritmo incómodo y que perturba nuevamente a la fluidez de la película.

Las actuaciones son de calidad. Giovanni Ciccia, Tatiana Astengo y Melania Urbina regresan a sus personajes coherentemente, con los cambios necesarios, pero sin perder su esencia. Stephanie Orué no se queda atrás, teniendo un personaje que le sienta bien, mientras que Emanuel Soriano demuestra sus capacidades con un personaje de distintas facetas; sin embargo, queda en duda si fue el actor más adecuado para el papel, error que no sería suyo, sino de la producción.

Esta cinta demuestra que el Perú y su público están listos para películas de acción de calidad. Todo se resumen en que: “Django: Sangre de mi Sangre” es buena y, si quieren más propuestas de este tipo, vayan a verla, de paso que comprueban que este cine peruano está yendo por el camino correcto.

 

David Castillo
Comunicador Audiovisual de la PUCP en preparación. Amante del cine, la televisión y los cómics. Fanático de la cultura popular geek. Apasionado por la política y la salsa.
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