CULTURA

Reseña: “Vivir abajo” de Gustavo Faverón

Editorial Peisa, 2018. 652 pp. S/.85

Mal que bien, Gustavo Faverón ha escrito la mejor novela peruana del año pasado y una de las mejores de lo que va de este siglo. Mal que bien, digo, no únicamente por lo controversial que resulta la figura de Faverón (por las acusaciones que penden sobre él por acoso o por su conducta matonesca en redes con todo aquel que no esté de acuerdo con él), sino también porque es una mala señal sobre el estado actual de la narrativa en el Perú. Mala señal porque se trata de un esfuerzo solitario, ajeno a la dirección en la que va avanzando actualmente la narrativa peruana, por lo que no espero leer muchas novelas más de este tipo. Y eso es una verdadera lástima.

Vivir abajo relata una multitud de historias, pero el hilo principal es el del recorrido vital de George Bennett y la reconstrucción que de este hace el narrador, un personaje secundario sin nombre que funciona como iteración del mismo Faverón en cierta medida. Comienza la historia, entonces, con las circunstancias en las que el narrador entra en contacto con George (un asesinato en Lima en el ‘92) y a partir de ello la historia se convierte en una búsqueda extenuante, la del narrador, que reconstruye una segunda búsqueda, la de George, que atraviesa Estados Unidos, Paraguay, Argentina, Chile y Perú, para culminar en Bolivia varias décadas después, y que se alimenta del relato de varios personajes extraños disgregados a lo largo del continente, con historias de violencia en la que son o víctimas o victimarios.

En donde varias otras novelas se habrían enfocado casi exclusivamente en el misterio de Bennett, Vivir abajo, en cambio, se dispara en múltiples direcciones y, aunque mantenga un  centro a nivel de temática y de relato, sus ramificaciones son igualmente indispensables para terminar de construir el mosaico social que propone de Latinoamérica y sus dictaduras (y aunque algunos puedan decir que se gastan demasiadas páginas en las memorias de Mrs. Richards, personalmente diría que es una de las partes más logradas de la novela). Por este lado, se encuentra más cerca del modelo de novela total, más cerca de los intentos de La guerra del fin del mundo o La violencia del tiempo que del de sus pares contemporáneos. Sin embargo, tampoco podemos decir simplemente que Vivir abajo busca corresponderse con un modelo que seguramente muchos narradores contemporáneos consideran anacrónico, imposible o desfasado, sino que se nutre enormemente del ejemplo de Bolaño, quien, con Los detectives salvajes y con 2666 volvió a armar el modelo de novela total para construir una historia propia de Latinoamérica signada por la locura, la violencia y el mal como pregunta ontológica incontestable. Vivir abajo justamente parte de estos ejes para realizar un esbozo general de la situación latinoamericana durante las últimas décadas del siglo XX y el modo en que estas sociedades dañadas construyen sujetos perturbados, locos que no resultan distinguibles de los cuerdos y que han aprendido a convivir con la violencia como inherente a la vida misma.

La influencia de Bolaño no se limita únicamente a cuestiones temáticas, sino que también se trasluce en el estilo que adopta Faverón. Aunque en las primeras páginas se podría sentir que Faverón está únicamente imitando a Bolaño (e incluso en esas primeras páginas se puede sentir cierta cercanía también con algunas partes de Estrella distante, sobre todo en el acecho de las hermanas Garmendia por Carlos Wieder), mientras la novela va avanzando el autor logra apropiarse de esta escritura y convertirla en algo distinto, aun si bastante reminiscente del chileno, absorbiendo la sensación de estar en el ojo de la tormenta que producen 2666 y Los sinsabores del verdadero policía y mezclándola con la explosividad de Los detectives salvajes. Vivir abajo es una gran novela no solamente por la propuesta que plantea y la estructura que construye para ello, sino también porque cada página es un placer de leer y eso no es algo sencillo de lograr, menos aún en un tostón de alrededor de 650 páginas.

Sin embargo, Faverón comete un error que puede llegar a resultar molesto para el final de la novela. Explica demasiado. Es curioso para alguien que, en gran medida, intenta emular a Bolaño. La cuestión con Bolaño es que todas las historias que en sus novelas confluyen se articulan generalmente en torno a un misterio que termina irresuelto. Uno no acude a Bolaño por respuestas; las respuestas las tiene que trabajar el lector y, en todo caso, a diferencia de otros escritores con propuestas similares (Hemingway, Carver, etc.), las respuestas finalmente no son tan importantes como el mismo proceso de búsqueda. La búsqueda se vuelve el motor central de su obra y las respuestas son una cuestión tangencial a las que da igual si se llega o no o que, en todo caso, generan más preguntas al ser descubiertas, alimentando así el proceso de búsqueda y volviéndolo interminable.

En el caso de Vivir abajo, las primeras cien o doscientas páginas parecen augurar algo similar por medio de la presentación de situaciones inverosímiles pero estimulantes (una casa a la que cada dos semanas llegan manuscritos de novelas enloquecidas, el asesinato de una persona aparentemente inocente y la incriminación de alguien igualmente aparentemente inocente, el pasado trágico de un ornitólogo recientemente casado, etc.), pero, puestas ya las piezas en sus posiciones, la novela pronto decide que la segunda mitad del libro se dedicará a responder todos los misterios presentados en un movimiento que primero será interesante, sin duda gratificante, pero, mientras la novela siga avanzando y comience a responder incluso situaciones pequeñas por las que ya nadie ha pedido ninguna explicación, comenzará a ser exasperante. Para ser una novela enfocada en la locura, en la reconstrucción de la memoria, en los encuentros inesperados pero con diferencias cronológicas irreales, Vivir abajo termina cediendo mucho a la noción clásica de cierta literatura sobre que no puedes mostrar una pistola sin usarla (en este caso, no puedes presentar un misterio y solo dejarlo en el aire).

No solo eso, sino que, para procurar conseguir estas respuestas, siendo una novela que se centra casi exclusivamente en la travesía de un solo personaje, el infame George Bennett, tendrá que recurrir a encuentros casuales completamente injustificados y torpes si consideramos que la novela debería describir una peregrinación de más de diez años en la que podría haberse pensado en modos más inteligentes de juntar a personajes en lugar de solo hacer que se encuentren por ahí y se pongan a conversar y contarse sus vidas enteras de sopetón (con lo que resulta irrelevante si es que, como se menciona en una entrevista a Faverón, un personaje está en 1980 o en 1981). A diferencia de cómo en 2666, donde resultaba frustrante pero a la vez estimulante, los críticos y Archimboldi estaban en la misma ciudad pero nunca se encontraban, en Vivir abajo los personajes no necesitan más que entrar a una ciudad o pueblo para cruzarse con aquellos a quienes buscan y el resultado es únicamente frustrante. La impresión final es que el mundo construido por Faverón es un mundo muy pequeño o, en todo caso, demasiado literario.

Nada en estos desperfectos, no obstante, sirven para evitar considerar Vivir abajo lo que se dice una experiencia redonda. Es un salto realmente increíble para Faverón después de su no tan interesante y más bien muy pretenciosa primera novela, El anticuario. Esperemos que logre ser más tenida en cuenta en el futuro, pues este último año, seguramente por los escándalos que rodean a Faverón, la novela no ha sido lo suficientemente comentada en el espacio literario nacional. Sin duda es cierto que no es correcto dar tribuna a acosadores por la legitimación que conlleva, pero también es cierto que no podemos equiparar obra con autor.

Gino Canales
Estudiante de Humanidades con mención en Estudios teóricos y críticos por la PUCP. Fue miembro del colectivo Extramuros.
Click to comment

Deja tu comentario

Loading Facebook Comments ...

Leave a Reply

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

To Top