CULTURA

Reseña: ‘Torna sol’ de Cynthia Briceño

Los versos de Briceño son melodías que viajan a la juventud.

Plagado de imágenes, el libro de Briceño, está dividido en tres partes separadas por  dibujos de Francois Effio, que representan momentos diferentes. La primera parte representa la brisa, para siempre fresca, de la primera juventud. El recuerdo de la Yacila inventada, esa que ha sido construida a través de las percepciones únicas del recuerdo y el olvido. La poeta extraña aquellos paisajes que solo sobreviven en fotografías antiguas ¡He respirado tantas veces tu cielo olor a luna! La nostalgia nos invade, los lugares cambian y no vuelven a ser los mismos. Cómo explicar, entonces, la casita color techo en Caracoles o las palabras de Proporción Áurea, poema dedicado a su madre.

Frente al espejo es, sin duda, uno de mis favoritos del libro. Briceño juega con Alicia y con el espejo eterno, ese que trae consigo temor, soledad e incertidumbre. La niña ha pasado a ser mujer y ya no quiere jugar a ser princesa, las pestañas risueñas le han quedado cortas, solo queda el recuerdo de sus vinchas de metal. “Su Majestad, ¿no ha entendido? / Quiero encontrar a la niña / que se perdió en el cuento”.

La primera parte es luz pero también tensión por el futuro lejano, contiene la arena del recuerdo, los pasitos del tondero y el maíz fermentado, los colores que caracterizan a los poetas norteños.

En la segunda parte se puede notar el profundo conocimiento que posee el poeta de la lengua. Inspirada por su especialidad, juega con el lenguaje y construye imágenes que, por nítidas, tienen raíces en la mente del lector. A diferencia de la parte primera, los versos de este apartado son menos luminosos, pero plantean circunstancias tal vez más profundas y oscuras. Se oye una voz que agoniza y no responde.

A pesar de ello, la poeta que parece embriagada por los hilos de la lírica regresa a la realidad en Niño costero, poema inspirado en las fuertes lluvias de inicios de este año. Con la misma frescura se levantó el polvo / de los zapatos enterrados en el tiempo. Juega la poeta con el tiempo encerrado en los paisajes que propone ¿Quién conoció el yo puedo, el yo amo, y el yo creo / y los transformó en podría, amaría, creería? Pasado, presente, alegría y tristeza. Suena el reloj, llora el teléfono / y la canción vuelve a girar. Destruye para levantar conceptos propios que la acompañen en la habitación del recuerdo.

La tercera parte vuelve a la luminosidad de la primera. Briceño construye imágenes, símbolos que nos introducen a los vestigios de su lenguaje propio. Hoy encontraste el oasis / en el torrente de tu savia / y has enterrado en el desierto / las esquirlas de tu rabia.

Lloras / solo para anunciar / que has salidos del agua / tú y tu humanidad. Cynthia rescata las formas antiguas de la estética y la rima consonante, pero hay cosas nuevas. Hay perturbación, hay desierto, hay luz y sombra. Los poemas de Briceño se tornan sol, pero también sombra. Así juega con la polisemia.

Paul Montjoy Forti
Escritor. Estudiante de Derecho en la Universidad de Piura. Autor de ‘Relatos desde el Hígado’ y ‘Quijotes ultramarinos’.
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