CULTURA

Reseña: Racimo de Diego Zúñiga

¿Quién dictamina la versión “oficial” de una historia? ¿Qué se busca obtener con ella? ¿Es posible cuestionarla? La segunda novela del autor chileno Diego Zúñiga (Iquique, 1987) comienza con una niña pidiendo aventón para ir a la escuela a un lado de la carretera, vulnerable y expuesta a toda clase de peligros. En el pueblo de Alto Hospicio, Torres Leiva, el nuevo fotógrafo del diario local  recién llegado de Santiago, se topará con esta realidad y con la historia de unas niñas desaparecidas hace años, en la que se involucrará de manera directa. Cuando una de ellas aparezca, violada y moribunda, vagando al costado de la carretera, comenzará a investigar la historia de estas niñas, que es solo la punta del iceberg de un crimen muchísimo más grande y estructural.

Racimo describe una ciudad en medio del desierto, subordinada a los designios de la religión y la política. Por un lado destacan los fanáticos religiosos obsesionados con la idea de “salvarse”, como García, el periodista y compañero de Torres Leiva, más preocupado por escribir un libro que muestre el lado más morboso de la historia de las niñas  que de indagar quiénes son los verdaderos artífices de la desaparición. Y por el otro, los familiares de los desaparecidos, sedientos de justicia y desamparados frente a la inacción de unas autoridades, a las que no les conviene que se resuelva ese caso, sólo que se cierre antes de que empiece a salpicar la verdad por todos lados, o en todo caso, hasta extraer el mayor provecho personal posible del mismo, como lo hace el diputado Mamani.

A lo anterior se suma una prensa interesada en vender o darle cabida a “tragedias a gran escala”, como los atentados del 11 de setiembre (la novela se desarrolla durante el 2001), antes que prestarle atención a un problema cercano. Zúñiga reúne todos los elementos anteriores con eficiencia, para interrogarse quién impone los temas que se debaten en una sociedad, y cuáles son los intereses detrás de ellos.  Es el poder hegemónico de la información: de implantarla y manejarla a su antojo.

El tiempo presente en que está narrado la novela es un recurso que el autor usa no solo para involucrar al lector como un investigador más en esta historia, sino para decirnos que estos abusos siguen ocurriendo, y peor aún, van a seguir sucediendo porque es algo sistemático con males enquistados como la corrupción, la impunidad, el abuso de menores, la inacción gubernamental o el lucro con el morbo de las víctimas. Es así que cada individuo se vuelve un elemento prescindible dentro de este esquema que deforma la “historia oficial” a su conveniencia. No importa si se detiene un culpable o desaparecen unas niñas, pues la estructura del mal que muestra Zúñiga admite este tipo de eventos, expandiendo su alcance a todas las esferas sociales. Racimo se convierte así en una desoladora novela de horror donde ningún misterio termina por resolverse del todo y la justicia, más allá de tardar, nunca llega.


Fuente de Imagen: TodoLiteratura.es

Sebastián Uribe
Lima,1992. Economista de la Universidad de Piura y administrador de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Estuvo en el curso de Economía del BCR. Ha publicado reseñas en El Dominical, El Roommate y Solo Tempestad. Su blog personal es “Un perro romántico”. En la actualidad anda buscando espacio para sus libros.
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