CULTURA

Reseña: “Nocturnos” de Kazuo Ishiguro

Posiblemente la popularidad alcanzada por la literatura juvenil se deba al uso de un componente trillado que se adecúa perfectamente a cualquier trama: desde una historia fantástica, cuyos personajes y mundos imaginarios hacen soñar a los espectadores, hasta los intentos de calco de la realidad, con matices y exageraciones, pues por si sola podría no sostenerse debido a la monotonía intrínseca de la cotidianeidad. Más aún, si se incluyen jóvenes cuyas vidas son llevadas al límite de la intensidad, el éxito está casi asegurado.

El amor es uno de los elementos más eficaces para construir un argumento masivamente cautivador por permitir al lector identificarse con un momento (genérico y prefabricado), pues se trata de una experiencia íntima que tienen en común las personas. En este subgénero, el enamoramiento se percibe como un acto explosivo, cómico, ilusorio y, principalmente, libre de la pasividad y moderación adultas. ¿Por qué? Se olvida que alguna vez ellos sintieron y experimentaron tanto como la generación que emerge en la actualidad. Sobre todo, se olvida que todavía a su edad se puede sufrir a causa de sus sentimientos.

Sobre la premisa anterior se construyó Nocturnos (2009): una obra en cinco movimientos que habla de las relaciones de parejas, los sueños incumplidos, lo insufrible de formar parte del sistema, el miedo al fracaso y el fracaso mismo. Compuesta por el británico Kazuo Ishiguro (Nagasaki, 1954), el libro discurre con una narrativa fría, despojada de frases cursis e impostadas pero con mucha armonía y precisión. Más profundo que un desamor pasajero, más coherente que un final feliz; los personajes se encuentran en el declive de sus existencias, sin oportunidad de resarcir su pasado y a la espera de un futuro inalterable.

Bajo el manto melancólico y taciturno del jazz como música de fondo, Nocturnos encuentra en este género otro elemento de cohesión. Su parecido con la realidad –de forma alegórica, no literal, debido a que no todos los lectores han tenido una carrera como músicos profesionales– estremece y a la vez conforta: saber que envejecer es una consecuencia ineludible del tiempo y que los temores que durante esta etapa aparecen no son exclusivos de cada uno. A fin de cuentas, se trata de una búsqueda inacabable del sentido propio, de la vocación, de la persona con la que se pasará el resto de los días.

El aparente romanticismo e idealismo se ven refutados con el paso de las páginas: tras finalizar cada relato, la impresión es la misma: no se proponen finales felices ni mensajes alentadores de autoayuda. Cada cuento es una canción que conmueve de forma distinta, con una estructura propia, con un ritmo único. Los anhelos, el arrepentimiento y los buenos recuerdos se mezclan con los canales de Venecia, la campiña de Herefordshire, un hotel en Beverly Hills y la enigmática ciudad de Londres, que, en lo esencial, podría ser el escenario y el contexto de cualquier lector moderno (que ha superado ya la inmadurez de la adolescencia).


Fuente de Imagen: Famous in Japan; Anagrama, The Guardian (Edición de Punto y Coma)

Juan Diego Ponce de Leon
Bachiller en Administración por la UP, estudiante de la maestría en Escritura Creativa por la UNMSM.
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