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Reseña de “Frontera Azul” – El mar como única frontera

Frontera Azul es una película que intenta transmitir un sentimiento. El largometraje, filmado en Alaska, Tahití, Namibia, Indonesia y Perú, utiliza cinco historias para ilustrar la tesis de que todos estamos interconectados. Es decir, las fronteras espaciales, temporales o lingüísticas no evitan que, subyacente a cada situación particular que viven los personajes, una sensación de pertenencia los una. Esta idea, defendida por el director Jorge Carmona, cohesiona las distintas tramas.

La cinta plantea esta idea a través de dos recursos. El primero es el relato entrecortado de las cinco historias. Cada una de ellas desarrolla una situación simple, pero intensa. La más importante de estas cuenta cómo un pescador en Alaska intenta mantener a su compañera con vida. No se nos dice nada acerca de la condición social o legal de la pareja. Todos los elementos circunstanciales sobre los dos personajes son suprimidos para concentrarse en el relato en sí. Un hombre y una mujer atraviesan un problema que define su relación entre ellos y su entorno.

Esta narración también relaciona los otros cuatro relatos mediante la voz en off de la compañera del pescador. La película expone, durante toda su duración, un discurso sobre la unión necesaria y profunda de cada uno de los seres en este planeta. Esta filosofía es ilustrada en todas las narraciones. La unión de las imágenes y las meditaciones que resuenan en la sala sugieren la interconexión entre todos los personajes y sus dilemas particulares.

El segundo recurso consiste en la constante presencia del agua en la geografía y en cada historia. A nivel narrativo, el agua es necesaria para la resolución. Los hermanos en Indonesia arrojan las cenizas de su padre al mar. La pareja en Tahití logra reconciliarse después de sumergirse en el agua. Un hombre supera su culpa plantando unas semillas en la orilla. El surfista, interpretado por el también productor Jonathan Gubbins, logra acompañar a su padre con cáncer gracias a la práctica constante de montar olas y dejarse abrazar por el agua.

Asimismo, esta centralidad del agua se evidencia en las tomas, hechas con una fotografía de gran calidad artística, que irrumpen continuamente. Estas imágenes, junto a la música y la voz antes mencionada, construyen la experiencia holística que busca la película. El espectador entiende intuitivamente que todas las tristezas y alegrías que padecen los personajes son análogas. Todas las fronteras son ilusorias si comprendemos que el agua representa esa forma material que une a cada persona en el planeta.

De este modo, se capta la doble metáfora del agua. Este líquido es un canal que comunica a todas las personas, ya que rodea todo el planeta. Es, literalmente, el medio de comunicación universal. Por ello, el título la señala como la única frontera real. Sin embargo, paradójicamente, implica la disolución de todo límite. Es el elemento que nos relaciona biológicamente, al ser seres hechos de agua, y emocionalmente, como cada historia dentro de la película muestra.

Editado por José Suárez Caro.

Jonathan Narciso
Estudió Literatura en la PUCP y Filosofía en la Ruiz. Interesado en todo tipo de expresión artística, en especial el cine.
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    Febrero 11, 2019 at 3:19 am

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    Febrero 12, 2019 at 3:21 am

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