CULTURA

Reseña: “Apropiación indebida. Una novela sobre el amor” de Lena Andersson

Traducción del sueco de Martín Lexell y Elda García-Posada. Alfaguara. 2015. 208pp.  S/.80

Hay historias de amor para todos los gustos. Así que el hecho de que esta novela diga en su subtítulo que va “sobre el amor” no debería parecer sorprendente de manera alguna. A menos que nos fijemos bien. Dice “sobre” y no “de”, detalle crucial para leerla, pues esta apunta más que a la esfera romántica y el drama subyacente a ella, a la destrucción progresiva y dolorosa de este sentimiento. O a la percepción que este nunca existió de la forma que se creía.

Lena Andersson (Estocolmo, 1970) disecciona el proceso del enamoramiento y sus distintas previas y posteriores, agudizando su mirada a las ramificaciones obsesivas en las que naufragará su protagonista., Ester Nilsson, ensayista de poco más de treinta años que al inicio de esta novela mantiene una relación satisfactoria en lo físico y mental, pero sin apasionamiento. Esta recibirá una llamada para brindar una conferencia sobre Hugo Rask, artista de renombre, sin sospechar que será el detonante  para el nuevo rumbo que tomará su vida, y sucediendo lo previsible: se acuestan, Ester se enamora (u obsesiona) con Risk de forma total, abarcando todo lo que hará y pensará en los siguientes meses, experimentando y sucumbiendo por primera vez a una fuerza devastadora. Pero como ya mencioné, la novela va “sobre el amor”. Cualquier expectativa del lector por ver un emparejamiento ideal se diluye cuando Risk decide no involucrarse en esta incipiente relación, elevando su asimetría natural, lo que no favorecerá las expectativas que Ester se ha generado.

“Cuando se ama y el amor es correspondido, el cuerpo se siente liviano. Cuando sucede lo contrario, un kilo puede llegar a pesar tres.” (pág. 64). Los cambios físicos y mentales por los que pasará Ester no son para nada delicados.  Andersson, como sus pares suecos especializados en la novela negra, es implacable con sus personajes y la avalancha de emociones que estos tendrán que soportar, además de entender el contexto social y sus efectos en las relaciones de los individuos que forman parte de sus colectivos. Sospecho que parte de este enfoque se nutre de la faceta de Andersson como analista política. En “Apropiación indebida”  se entiende que el amor no se puede pensar alejado ajeno a la economización de las relaciones, sus términos y dinámicas de poder:

“El equilibrio de poder queda trastocado por la  nueva indiferencia, que despierta también el miedo a parecer ridículo y simple ante la mirada del antiguo amante.” (pág. 141)

La esperanza del ser rechazado lo vuelve susceptible a ser concebido como “propiedad” del otro, al persistir en la entrega total; algo ilógico frente a la mirada de terceros.  Ese es el momento donde empieza la toxicidad y la el vicio del vínculo, por la no comprensión de que “ser amado no es un derecho” (pág. 181) y se caiga en una tozuda negación constante. La obsesión se vuelve un estado enfermizo al punto de no conocer límites (potenciado en la actualidad por las nuevas tecnologías y redes virtuales).

Andersson critica la simplificación al momento de juzgar este tipo de comportamiento, sin tener complacencia alguna. Incluso cuando tiene que mostrar la desesperación y dolor del ser no correspondido de excelente manera:

Esa constante necesidad de hablar que tiene el rechazado. Esa constante necesidad de hablar. El que rechaza nunca experimenta esa necesidad.

Ella debía saber mejor que nadie que el que abandona no siente dolor, el que abandona no necesita  hablar porque para él no hay nada de qué hablar. El que abandona ha terminado. Ahí radica el gran dolor. Es la persona abandona la que siente la necesidad de hablar sin parar en un intento de hacer ver al otro su error, de demostrarle que, si aprehendiera la verdadera naturaleza de las cosas, su elección sería distinta y la amaría a ella. Las palabras no pretenden –como sostiene el que quiere hablar- aclarar las cosas, sino convencer y persuadir.

Hablar no sirve para nada. No se dan respuestas sinceras, por respeto y consideración. Abandonamos y nos abandonan y no hay nada que discutir, pues, alejada la voluntad, no se pueden pedir responsabilidades. Aquello que se hace por misericordia vale poco si el otro abriga la esperanza de que se haga por amor.” (pág. 203)

Podría destacarse además la observación de Andersson a la explotación y la industria detrás de la angustia de los seres que son rechazados: música, películas, terapias, viajes, manuales, etc.  . O también la irrupción de una persona que se asume como el reemplazo de uno y la fatalidad de esa sensación de desplazamiento. Cualidades de una novela que provocó un debate cuando se publicó en Suecia, hecho más que difícil y loable en estos tiempos, volviéndolo preciso para leer en estas fechas y repensar las relaciones amorosas en términos políticos y económicos.

Sebastián Uribe
25 años. Economista de la Universidad de Piura y administrador de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Estuvo en el curso de Economía del BCR. Ha publicado reseñas en El Dominical, El Roommate y Solo Tempestad. Su blog personal es “Un perro romántico”. En la actualidad anda buscando espacio para sus libros.
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