CULTURA

Opinión: Santo Domingo, una joya escondida en el Centro de Lima

Desde hace un tiempo había querido conocer el convento de Santo Domingo. Había escuchado sobre la importancia histórica de este lugar que empezó a construirse en 1535, el mismo año de la fundación de Lima, y en donde se custodian los restos de Santa Rosa de Lima. Pero también había oído sobre lo significativa que es para tantas personas la misa de El Señor de la Justicia, que se celebra en la basílica de este lugar de manera multitudinaria cada viernes.

Así que apenas fue posible, decidí visitar el mundo de los dominicos. Llegué muy temprano a la primera cuadra del Jirón Camaná, en pleno corazón del Centro de Lima y los coros de la misa me llevaron hasta la basílica del Santísimo Rosario. Ciertamente, aquel es un bello e imponente templo, pero lo más impresionante es el fervor de la gente. Tantas personas rezando y pidiendo justicia, casi con expediente en mano, es algo que supera toda descripción y que acentúa aún más el respeto que emana todo Santo Domingo.

 Al culminar la misa, entré con un grupo de visitantes al museo del convento y en la primera sala donde hoy se encuentra la maqueta del complejo, el guía nos invitó a mirar el techo. Todos quedamos sencillamente impresionados con la belleza y complejidad de los tallados en madera que decoraban la parte superior de dicho espacio, decoración de clara influencia musulmana. El guía nos contó que culminar aquel trabajo tomó casi 20 años y nos reveló, además, un dato poco conocido: en Santo Domingo se ensayó por primera vez, en el siglo XIX, el Himno Nacional del Perú. Lo más impresionante vendría después.

Ya había estado en otros conventos y visto claustros coloniales decorados, pero creo que el de Santo Domingo es, de lejos, uno de los más hermosos que tiene el país. Cada una de las paredes y columnas están decoradas con azulejos traídos de Sevilla y que fueron producidos entre 1604 y 1606, de colores vivos, bien conservados y de alta calidad. En el centro del patio, la segunda pileta más antigua de Lima, y por encima de los azulejos, una serie de pinturas que son una maravilla para cualquier especialista de la iconografía colonial, terminando de enmarcar un espacio que ha sido testigo de procesiones llevadas a cabo por los padres dominicos desde hace casi cinco siglos.

Luego de visitar la biblioteca, un pequeño recinto dedicado a Santa Rosa, nos muestra una de las joyas emblemáticas del barroco tardío italiano. Se trata de una escultura con la representación de la santa en el lecho de su muerte, siendo coronada por un ángel.  Más adelante llegamos a la sala en donde se fundó la Universidad de San Marcos, y vimos de cerca la cátedra y sillas usadas durante la sustentación de tesis de los estudiantes de teología, quienes habrían estado atentos a la apertura de las puertas de un balcón ubicado en la parte superior de la sala, lugar en donde se encontraba el Virrey escuchando la sustentación, si este no abría las puertas del balcón, se daba por reprobada la tesis.

Por debajo de nosotros la tumba de Santa Rosa de Lima. Tuvimos que descender con mucho cuidado por unas estrechas escaleras hasta este importante espacio en donde se custodian algunos de los restos de la santa limeña. Al salir y encontrarnos con un segundo patio, llegamos a la tumba de otro importante santo peruano: San Martín de Porres. Visitamos su habitación y algunas recreaciones de los objetos usados en su oficio de enfermero del convento, así como un gran panel de tela en el que la gente deja sus peticiones al santo.

Subimos hasta el lugar donde se ubican los coros de la basílica del Santísimo Rosario y tuvimos una vista panorámica de este espacio que, como al inicio de la nuestra visita, nos dejó nuevamente impresionados. La humedad limeña nos jugó en contra y no pudimos subir hasta la emblemática torre. Sin embargo, ello causó que dejara de pensar en Santo Domingo como una joya polisémica, con diversos significados en los que confluyen los valores históricos y artísticos, pero también religiosos, sociales y humanos.

No dejen de pasar la oportunidad de visitar el museo del convento y conocer por ustedes mismos este espacio donde encontrarán mucho más de lo que imaginan.

  • Aquí algunos datos para la visita:

Ubicación:

Jirón Camaná 170, Centro de Lima.

Horarios de visitas:

Diarias: lunes a domingo: 8:30 a.m. a 5:30 p.m.

Visitas nocturnas: último viernes de cada mes: 7:00 p.m. a 9:00 p.m.

Tarifas:

Adultos: 5.00 nuevos soles. Estudiantes: 3.00 nuevos soles. Escolares: 1. 00 nuevo sol.

Incluye el servicio de guías profesionales.

Rolando Flores
Soy un mochicólogo disfrazado de historiador. Mi mayor interés es investigar a la Civilización Mochica, especialmente a la asentada en los valles del Alto Piura, para aportar a la continuidad del debate sobre uno de las sociedades más fascinantes y complejas del nuevo mundo.
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