CULTURA

[Opinión] “Resistencia y memoria”: La represión del arte y las políticas públicas.

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“Resistencia visual 1992. Carpeta colaborativa”, es parte de un proyecto encargado por la curadora y artista Karen Bernedo, inaugurado el pasado miércoles 16 de agosto en el LUM (Lugar de la Memoria y Reconciliación) de Lima. Esta muestra tiene como objetivo demostrar simbólicamente, a través de tipografías, los sucesos vividos de los últimos 25 años históricos relacionados al conflicto social y político en el Perú.

“Las imágenes abordan hechos resaltantes como el 5 de Abril, la captura de Abimael Guzmán, el asesinato de María Elena Moyano y Pedro Huilca, los Casos Cantuta y Tarata pero también se abordan temas como las privatizaciones, la prensa basura y la movilización. Los artistas son de diversas generaciones, experiencias y escuelas por lo que se han acercado al tema de formas distintas”, señala el evento difundido en redes.

¿Posible Censura?: La renuncia de Guillermo Nugent

Las noticias no se dieron de esperar. El pasado 19 de Agosto las redes afirmaron la renuncia del director general de LUM Guillermo Nugent, tras un encuentro con el Ministro de Cultura, Salvador del Solar y la Jefa del Gabinete de Asesores del ministerio y ex Directora Denisse Ledgard. La renuncia del director se inició por un posible descontento del Congresista de Fuerza Popular Franceso Petrozzi, tras haber manifestado por redes sociales la desaprobación de la muestra, enfatizando que era de carácter “anti-fujimorista” allegada a una ideología de odio hacia un partido político actual. Tal y como lo señala Pablo Sandoval López, por su cuenta personal en Facebook https://www.facebook.com/pablo.sandovallopez.1/posts/1414450875270960?pnref=story la tentativa de censura a la muestra colectiva recientemente inaugurada era la que habría motivado la destitución de Nugent.

Del Solar junto a Ledgard asistieron a la mañana del día siguiente a esclarecer los casos y una posible tentativa de un problema político. Tal y como señala Sandoval, la renuncia del Director Nugent no fue tan sorpresiva, debido a que posiblemente se haya considerado más la posición de “anti-fujimorista” antes del análisis de la muestra. Las conclusiones del Ministro de Cultura realizada desde su cuenta personal de Facebook, demuestran que la posición tomada asistió a los reglamentos básicos del LUM. Según Del Solar, la muestra “despedía una clara sensación general de sesgo que no corresponde con la que se había acordado buscar para el Lugar de la Memoria”. https://www.facebook.com/saldelsol/posts/10155071599798253

Según la temática sobre los Fundamentos Conceptuales del Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM), “este espacio tiene el propósito de reconocer y dignificar a las víctimas a través de la reflexión, el intercambio y la conmemoración, contribuyendo a la construcción de una ciudadanía, que haga del pasado un instrumento para actuar en el presente. Los objetivos del LUM forman parte de un proyecto a largo plazo, de superación del pasado, como parte de un proyecto de un país más democrático tolerante e inclusivo”. (Del Pino y Agüero 2014:17)

Siendo claros en sus consignas y presentando como base su propósito de reflexión, el Lugar de la Memoria “no busca llegar a un consenso de las diversas memorias de la violencia en una sola memoria. Pretende ser un lugar de acogida para que en esa memoria coexista en contención de disputa y de luchas”. “No es un lugar de conceso, ni de soluciones, sino de encuentros, diálogos, aprendizajes y compromisos”[1].

El Ministerio de Cultura afirma actuar “de acuerdo con el espíritu de objetividad del Informe Final de la CVR y de su propia muestra permanente”. Cuestionémonos entonces, ¿Cuál es el verdadero discurso que propone el Informe Final con relación al Lugar de la Memoria? ¿Se le  otorgó algún tipo de cuestionamiento al argumento del congresista Petrozzi antes de promover la renuncia de Nugent? La importancia de estos proyectos radica en plantear el rol de sus políticas, trazando una línea desde los orígenes del archivo hasta sus usos artísticos y documentales. Entonces, a partir de un diálogo incluido en un profundo nivel cultural que no concluye a una versión oficial del “sentido de democracia”, ¿Podremos establecer una verdad más justa sin el apoyo de un verdadero poder del Estado? Lamentablemente, los argumentos de una “verdad oficial” están consumados en un juego de poder político donde solo unos pocos pueden y quieren imponernos  su propia “verdad”.

Versión oficial de lo que “creemos” verdad.

Tenemos entendido que los lugares de memoria adoptan una decisión que pone de manifiesto el tipo de problemas y debates en base a su construcción. Se trata, naturalmente, de problemas que dicen tener relación con opciones políticas frente a temas tales como la verdad, la justicia, la memoria, la victimización, la impunidad y la reconciliación. También se trata de una relación posible entre arte y los DDHH o, mejor dicho, la capacidad que tienen estos para representar los conflictos, y en particular, las dolorosas experiencias de muerte y desaparición.

Nos ha quedado en claro que las dificultades que conllevan a integrar pérdidas traumáticas se han visto agravadas por contextos y agrupaciones políticas que intentan deshumanizar la violencia; considerando que la pena es un asunto privado y que es mejor contener y ocultar. Dentro del conflicto armado en nuestro país, los grupos de represión política y el Estado terminan siendo responsables de la violencia y la represión, intentando, reiteradamente, que estas consecuencias humanas, sociales y políticas se hagan percibir ajenos a un consenso oficial de un discurso del cual afirme que el gobierno dictatorial fujimorista violó, más que otro gobierno, la mayoría de los derechos humanos.

Muchas veces, las políticas de la reivindicación y de eliminación del pasado, la censura, -y el insuficiente trabajo de un Ministerio-, espera que quienes lloran a sus muertos lo hagan en privado, -quizás en un honorable funeral militar o en un entorno político popular- dominado por el miedo incluso hostil en el que se sospecha que ellos mismos propiciaron su propia muerte. El alejamiento, embotamiento y tácita “verdad” que el Lugar de la Memoria propone, es que pese a tener un Informe Final expuesto en una sala como vanagloriada y honorable, aún se expone como indiferente sobre su propio discurso. Ya pasaron 25 años y el fujimorismo sigue impune ante esta verdad.

El arte que incomoda

Ahora bien, preguntémonos: ¿Es posible concluir en que existan factores políticos dentro del arte que pueda determinar una posible verdad histórica? Esta muestra en particular es de carácter antifujimorista, defensora de los derechos, y en contra de las políticas de violación. Aclaremos que  tener un discurso de interpretación como lo propone el arte, no es tajante en imponer una sola verdad.

Hoy en día estamos asistiendo en un proceso en que muchos grupos sociales de todo tipo de tensión y negociación creativa sin apoyo del Estado impulsan iniciativas de conmemoración  y movilización, y que al mismo tiempo que desafían su violencia, insisten en imaginarios globales alternativos. En un contexto mundial en donde las tecnologías, la representación y la comunicación se desarrollan con rapidez, las muestras artísticas proponen innovadores cuestionamientos y debates acerca de lo que pasó en nuestra sociedad. El arte, muy claramente, no denota un discurso tajante dentro de sus simbologías, sino más bien presenta una reinterpretación visionaria de la historia a través de la sensibilidad técnica de sus allegados con el objetivo de crear de diálogo y debate en torno a ello.

Estas iniciativas plantean preguntas cruciales para que debates sobre las políticas de la memoria, -tocante a la pena, a la empatía y la acción colectiva- partan de un estado de cambio constante. La política de conmemoración a la que tiene que estar sostenido el LUM es emitir consecuentemente que los procesos conmemorativos sean algo más que ejercicio simbólico y reconocimientos del pasado. La memoria y la imagen pueden transformar los significados y movilizar el presente induciendo al Estado y a las figuras políticas a activarse en la acción. Sin embargo, la demanda de crear un ambivalente discurso da paso a aceptar y justificar un único discurso político para desligarse de un verdadero trabajo que el mismo Estado y el poder Ejecutivo tomaron siempre con pasividad. Los memoriales, que en el pasado eran patrimonios prácticamente exclusivos por el Estado, son ahora defendidos, lamentablemente, por una amplia gama de grupos y poderes políticos que pretenden representárnoslos con una sola versión de identidad.

¿Políticas de memoria?

Resistencia visual 1992. Carpeta colaborativa forma parte de un trabajo artístico y colaborativo cuyo único fin fue crear conciencia y debate denotando, -como lo explica su misma línea historia- el origen las dos causas políticas que dieron origen al conflicto armado interno. El espacio museal fue materialización de la reparación simbólica y del patrimonio inmaterial que funciona como una inmortalización que protege a la memoria contra el olvido.

También es preciso recalcar que es impermisible que aquel discurso que valora los derechos humanos justifique una posible censura y la renuncia de un director. Hay que señalar también que el olvido en sí no es un estado negativo, puede ser un mecanismo de sobrevivencia del que estamos seguros debemos trabajar con conciencia para no ocultar la historia de la que estamos acostumbrados a no querer ver.

La selección individual de qué recordar y qué olvidar tiene el derecho de elegir su propio camino, y la “dosis” de memoria es necesaria para esta decisión. El Ministro de Cultura y el fujimorismo han interferido banalmente en esta selección. ¿Hasta cuándo seguiremos siendo oprimidos por la censura, el olvido y la represión? En este caso, la cultura lo ha pagado; consecuentemente, lo haremos nosotros.

Estefanía Sánchez
Estudiante del arte para criticar el arte. Actualmente estudiante de pintura de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Con estudios de filosofía en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.
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