CULTURA

Opinión: Réquiem por los invisibles

Así como cualquier otra ciencia, la Historia tiene distintas escuelas; éstas buscan, según su punto de vista, dar explicación del hecho pasado. Una de ellas es la escuela de Annales, la cual introdujo en la historiografía del siglo XX una nueva forma de hacer Historia: la historia de las minorías, de los que la “Historia oficial” nunca tomó en cuenta: mujeres, niños, ancianos, gitanos, los vencidos de las guerras, entre otros.


 

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El oficio de historiador de Marc Bloch, es el libro base para la escuela de Annales (Fuente: Google Images)


Al escuchar sobre esta escuela supe que debía investigar más, para entender sus posturas y su interés por los invisibilizados de la Historia. Annales nace como una Revista en 1929 en Francia, dirigida por los historiadores Marc Bloch y Lucian Febvre, profesores de la Universidad de Estrasburgo.

Esta escuela surge como respuesta a la escuela alemana, de corte positivista, con Leopoldo Ranke a la cabeza: esta escuela propugnaba que la Historia debe ser objetiva, y que el hombre no debe interferir en ella, sea interpretándola o planteándose una postura. Es por eso que esta escuela solo cuenta lo que la fuente dice, superficialmente; intentando ser los más “objetivos posibles”.

Los rasgos característicos de Annales y sus cinco generaciones son el afán por la interdisciplinariedad de la ciencia histórica (trabajo en conjunto entre la Historia y otras ciencias: Geografía, Etnología, Sociología y otras), el enfoque del hecho histórico desde el punto de vista minoritario, haciendo uso de la Microhistoria; esto es, el estudio de una realidad en un tiempo y espacio determinado, generalmente ambos de corto rango.

Entre sus más ilustres representantes tenemos: Fernand Braudel, Ernest Labrousse, Enmanuel Le Roy, Jacques Le Goff, Pierre Chaunu, Roger Chartier, Philippe Ariès.

En mi opinión, el que enarbola la bandera de esta escuela es su fundador, Marc Bloch. Escribió su libro más famoso de memoria, mientras estuvo capturado en las prisiones nazis: Apología a la Historia o Introducción a la Historia.

En el, Bloch afirma que el trabajo del historiador es un oficio, en realidad: así como el artesano, el historiador hila las diversas fuentes que posee, para poder formar un gran telar, que vendría a ser la reconstrucción del pasado. Bloch nos cuenta también que los historiadores no somos jueces, nuestro trabajo no consiste en juzgar el pasado, sino mas bien en reconstruirlo, y dar una explicación del mismo, siempre de la mano de las fuentes que nos acompañan.

No puedo estar más de acuerdo con Bloch: negar la opinión, la toma de posición que realizamos sobre el hecho histórico es negar nuestro trabajo, nuestra esencia como historiadores. No debemos ser la “boca muerta de la fuente”, parafraseando a Rousseau; sino debemos empujar nuestros límites, para poder comprender lo sucedido, y entender el presente.

Annales representa para mi la voz de los que nunca la tuvieron, o fueron callados. Es una respuesta a la “Gran Historia”, a la historia de los vencedores, de los héroes; es demostrar que todos somos importantes en la Historia, sea cual haya sido nuestro rol en ella; Annales es la reinvindicación por tantos siglos de silencio.

Que no se preocupen los invisibles de la Historia (y los de hoy). Nosotros los oímos perfectamente.


Fuente de Imagen: www.huffingtonpost.fr

Alfonso Lip
Estudiante de Derecho de la Universidad de Piura (UDEP) y egresado de el programa de Artes Liberales con Mención en Historia por la misma Casa de Estudios. Actualmente es director de contenido y vicepresidente de la Revista de Estudiantes de Derecho “Ita Ius Esto”
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