CULTURA

Opinión: María Antonieta, la chica que perdió la cabeza (literalmente)

Al verla en sus retratos podríamos exclamar la frase que hizo famosa el cómico argentino Franchella: “¡Pero si es una nena!”. Sí, María Antonia de Habsburgo-Lorena, archiduquesa de Austria (1755-1793), tenía apenas 14 años cuando llegó a Francia, prometida del heredero de la corona. Cinco años después llegó a reina consorte.

Desde que pisó tierra francesa mostró un carácter muy dado al disfrute, poco prudente, desatinado al inmiscuirse en asuntos de alta política. Pero ¿qué se podía esperar a de una muchacha, naturalmente inmadura, acostumbrada a ser obedecida, a las comodidades más excéntricas y al dolce far niente? Hubiese sido imposible otra cosa, en un tiempo de cabezas coronadas en ejercicio absoluto del poder, un autoridad dada- así lo creían y defendían -por Dios mismo. María Antonieta, famosa por amar la moda y la joyería- ¡en medio de la turbulencia social y económica de la Francia del setecientos! -se ganó del pueblo, fácil a poner apodos, el título de  “Madame déficit” y otros menos reproducibles. Otra historia popular, aunque sin base cierta, le atribuye la desconcertante- e infeliz -frase: “Bueno, si no tiene pan, que coman pasteles”, (“Qu’ils mangent de la brioche”), autoría que en su momento ya descartaron Rousseau y el historiador Stefan Zweig, pero que en el París prerrevolucionario causó indignación contra una monarquía indolente y frívola.

Con los años, la reina empeoró: su impudoroso afán de lujos, inclinación por los juegos de azar, el teatro y las fiestas (verdaderas farras que armaba en su exclusivo palacete, el Trianón, dentro de Versalles) y sus muy comentados devaneos amorosos (el más célebre: con el danés conde Alex Fersen), la hicieron tristemente célebre a ojos del pueblo francés y de las mismas cortes europeas. Si sumamos el poco tacto que mostró para meter su regia nariz en asuntos de Estado, favoreciendo los intereses de su país natal, el cóctel estaba servido.Marie_Antoinette_Adult

Caída la monarquía, María Antonieta es condenada a muerte nueve meses después de su esposo. El mito urbano cuenta que envejeció bruscamente: cuando los guardias fueron por ella, descubrieron que había encanecido. Hasta aquí al dramático- y descriptivo -relato popular. Al mediodía del 16 de octubre 1776, la reina consorte de Francia, despojada de brillos y poderes, inclinó la cerviz para ser guillotinada ante una multitud asombrada y borracha de júbilo: no todos los días triunfaba una revolución, no todos los días se ejecutaba a una cabeza coronada.

Sus últimas palabras las envió a su cuñada (en una carta luego secuestrada por Robespierre), protestando su inocencia y lamentando la suerte de los hijos. Empezaba así:

“Es a usted, hermana mía, que yo escribo por la última vez. Acabo de ser condenada, no exactamente a una muerte honrosa, si no a la de los criminales, pero tengo el consuelo de que voy a reunirme con vuestro hermano, inocente como él, yo espero mostrar la misma firmeza que él en sus últimos momentos. Estoy tranquila porque la conciencia no tiene nada que reprocharnos, tengo un profundo dolor por abandonar a mis pobres hijos…”

Un hermoso conjunto escultórico recuerda a los decapitados reyes de Francia, en la  catedral de San Dennis. La escultura que representa a María Antonieta la muestra ligeramente inclinada, en actitud entre temerosa y reverente, tocándose el seno derecho (¿?).

Grab_Louis_XVI_und_Marie_Antoinette

María Antonieta fue una consorte que mareada por el poder absoluto perdió la cabeza en todos los sentidos posibles.


Fuente de Imágenes: emaze.com|prince-de-versailles.tumblr.com|ufopolis.com

Hernán Yamanaka
Lector obsesivo, conversador impenitente. Estudió educación, filosofía y teología.
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