CULTURA

Opinión: La maldición de ser LGTB en Haití

Aljazeera

Hace algunas semanas, el senador haitiano Carl Murat Cantave, quien dijo que los miembros de la comunidad LGTB eran culpables de “todo lo malo” que sucedía en el país, presentó un proyecto que prohíbe y penaliza el matrimonio entre personas del mismo sexo. Aunque este tipo de unión nunca estuvo reconocida, el 2 de agosto, el Senado haitiano aprobó la iniciativa que dispone que los infractores podrían ser llevados a prisión y multados hasta con 500 000 gourdes, cerca de $ 8, 000 dólares.

Aunque ridícula, la declaración de Murat Cantave es un eco de una mayoría religiosa y conservadora. Para ellos, la comunidad LGTB sería responsable de que el país sea uno de los más pobres en el mundo y de que sea calificado como el más corrupto de América Latina, por el Índice de Percepción de Corrupción 2016 de Transparencia Internacional.

Pero no solo de eso. También sería culpable de que el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas lo considere el país con peor calidad de vida en esta misma región. Sin duda, sería causa de que presente, junto a Bolivia, las mayores cifras de violencia contra niñas y adolescentes, según un informe de la CEPAL y de UNICEF; de que los cascos azules de la ONU hayan violado a cientos de mujeres durante su misión en Haití. Y, por supuesto, es responsable del terremoto del 2010.

Por ello, es razonable que el Senado haya adoptado resoluciones contra sus miembros como el de denegarles el “certificado de buena vida”, documento necesario para gestiones tan básicas en el país como obtener un trabajo o viajar. Si ya de por sí es absurdo que el Estado tenga el poder de decidir quién tiene una buena vida y por tanto quién puede hacer uso de sus libertades, lo es más que por el simple hecho de ser gay no se pueda contar con este certificado.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha advertido y alertado sobre la violencia y discriminación que sufre la comunidad LGBT en reiteradas veces. Amnistía Internacional también lo ha hecho, incluso pidió al actual Gobierno de Jovenel Moise que proteja los derechos de estas personas, pero él rechazó la recomendación.

En la mayoría de la población haitiana aún no hay consciencia, al igual que en sus gobernantes, sobre la importancia del respeto a los derechos humanos y, concretamente, hacia a las personas con quienes tiene ciertas diferencias. Esta situación se agrava cuando hay miles de carencias, divisiones y enfrentamientos de grupos y otros problemas sociales como el machismo, el racismo y la homofobia, que se presentan en mayor intensidad que en el promedio de países latinoamericanos.

Señalar a la comunidad LGTB como culpable de todos los males es la manera más fácil y despreciable que algunos líderes políticos y religiosos en este país han tenido para intentar desviar la atención de su población de las verdaderas causas y soluciones de sus problemas. Este debería ser el momento para que la sociedad civil de América Latina por fin centre su mirada en Haití, comience a conocer cuáles son los problemas de su gente y exija a las autoridades de sus gobiernos que se pronuncien. Venezuela es el caso en el que los demás pueblos han demostrado su solidaridad y empatía, que no sea el único.

Diego Ato
Comunicador por la Universidad de Piura. Especialista en gestión de proyectos de formación política. Interesado en temas de género y en sociedades cerradas latinoamericanas. Escribe cuentos de terror e infantiles.
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