CULTURA

Opinión: He visto a Les Luthiers en vivo, o eso creo…

Desde que me mudé a Buenos Aires, allá por febrero, me he dado cuenta de dos cosas: la primera es que pasan muchísimos artistas nacionales e internacionales de gran nivel por aquí; la segunda, lo noté a pocas semanas de llegar y ver carteleras, es que siempre debía tener dinero guardado para cuando se diese una ocasión a la que decirle no es imposible.

De los tantos espectáculos a los quise, quiero y querré ir, el domingo pasado, 21 de mayo, tuve la oportunidad de asistir al último espectáculo de Les Luthiers en Buenos Aires, llamado “Gran Reserva”. El mítico conjunto que mezcla el humor fino con la música, se presentó en el teatro Gran Rex, sobre la avenida Corrientes, con un show donde rememoran algunos de sus mejores actos desarrollados en su larga trayectoria de cincuenta años.

Con ese humor tan único y especial, esos chistes inocentes mezclados con música, han logrado sacar cientos de carcajadas en una hora y cuarto; al igual que aplausos, tanto por por la gracia, la admiración y la impresión de esos instrumentos únicos que ellos, a través de los años, fueron creando y perfeccionando.

He seguido a este grupo durante más de diez años. De pequeño, junto con mi padre, mirábamos los dvd´s que teníamos en casa, escuchábamos los Cd´s y luego, cuando Youtube se apropió del mundo audiovisual, nos pasábamos muy buenas horas riendo con las tonterías que Rabinovich decía, desesperando a Mundstock. Ese conjunto de cinco -que en un inicio eran seis- es con el que me quedo por siempre.

Hay unas cuantas observaciones que me es importante hacer, si se me lo permite: el show valió la pena, sin duda. Ver en escena a Lópes Puccio, Maronna, Mundstock y Núñez Cortés ha sido increíble y me han dado las risas que desde siempre lograron en mí. Sin embargo, sin Daniel ya no es lo mismo (me atrevo a decir que todos los fanáticos de Les Luthiers concordamos en esto). Los nuevos integrantes (O´Connor y Turano) son buenos y logran hacer que esto siga en pie. No empero, siento que han tratado de imitar a Rabinovich con esas típicas confusiones de palabras y gestos únicos de él que podían sacarnos lágrimas de la risa, y eso me ha causado un gran disgusto. Cambiar algunas palabras, movimientos y lineas del guion no cuesta nada y en un caso así es necesario, porque Daniel fue único y su participación, en gran parte, es la que llevó a Les Luthiers a la cima.

La esencia de lo que algunos llaman y otros -me incluyo- llamábamos Les Luthiers, sigue más o menos intacta. Y digo “más o menos” porque se nota que algo falta, se extraña, incluso es necesario y nos damos cuenta de qué es cuando miramos al escenario y lo buscamos, recordando con pena que hoy en día ya no está con nosotros… ¡Daniel, cuánta falta nos haces!

 

Eduardo Bronstein
Escritor nocturno, apasionado por la música clásica y el buen cine. Autor del libro “Quince Cuentos de Largas Noches”.
En las redes (Twitter e Instagram): @edubronstein
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