CULTURA

Opinión: Elogio al maestro, la necesidad de formar humanos de bien

Estudié en los Los Reyes Rojos, un colegio del que se habla mucho, para bien o para mal. Un lugar que tiene la necesidad y el gusto de formar a las personas para el arte, la creatividad, la paz, etc. Pero, por sobre todo, en sus aulas se educa a las personas para el bien, para ser humanos, para ayudar, para luchar contra las injusticias.

Constantino Carvallo, fundador y director del mismo hasta su sensible fallecimiento en el año 2008, fue el impulsador, sin duda, de este tipo de educación en el país; una educación donde la persona, sea cual sea su pasado, podía cambiar para lograr ser un exitoso profesional en lo que le gustase hacer. Dos simples ejemplos de esto son nuestros jugadores más reconocidos y queridos: La Foquita Farfán y el 9, Paolo Guerrero.

Constantino tenía una visión de la educación muy suya, que compartía y trataba de hacerla llegar más allá de las aulas de los Reyes Rojos. Para él las clases del método antiguo, donde el profesor hablaba, levantaba la voz y quizá pegaba un reglazo en la mesa, eran una manera terrible de educar. Carvallo creía en lo lúdico, en el juego. Sabía que si un alumno jugaba a aprender, aprendería realmente. Es por eso, como anécdota, que una vez en clase allá por el año 2007, cuando Constantino enseñaba en mi salón geografía, logró notar nuestras caras de aburrimiento al tener que aprender sobre las cordilleras y decidió sacarnos al patio con la excusa de que quizá viendo las nubes podríamos inspirarnos. Sin duda esa fue una mentira piadosa para otorgarnos un recreo más y divertirse junto con nosotros, mientras nos invitaba una coca cola bien helada a cada uno.

Durante todos los años que estudié ahí, siempre escuchaba la misma historia que salía de la boca de los profesores incluyendo la del mismísimo Constantino. Una historia triste de la época escolar que le tocó vivir a los hermanos Carvallo, donde, quizá, él fue quien que más sufrió, ya que sus compañeros lo torturaban con bromas pesadas y mucho más. A veces, me contaba, se escapaba del colegio. Otras, simplemente, salía de su casa en las mañanas pero, en vez de dirigirse hacia el centro de estudios, cambiaba de ruta e iba a un parque para leer.

Fueron esas bromas pesadas, esos intentos de escapar del colegio y esa necesidad de cambiar la ruta hacia un parque para evitar ver aquellos compañeros que le harían el día imposible, lo que logró e impulsó a Constantino para crear un colegio donde el bien reine sobre el mal, la paz sobre la guerra y, más importante, el dialogo sobre los golpes.

Me queda, nada más, agradecer a Constantino por ayudar tanto a otros como a mí por formarnos para el bien con sus palabras, gestos y enseñanzas. Para que no nos quedemos callados ante las injusticias de la vida y querer siempre cambiar al mundo para que los golpes sean dialogo y el dialogo traiga consigo la paz.


Imagenes: www.napa.com.pe; youtube.com

Edición: puntoycoma.pe

Eduardo Bronstein
Escritor nocturno, apasionado por la música clásica y el buen cine. Autor del libro “Quince Cuentos de Largas Noches”.
En las redes (Twitter e Instagram): @edubronstein
Click to comment

Deja tu comentario

Loading Facebook Comments ...

Leave a Reply

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

To Top