CULTURA

Opinión: Digresiones juradas

El acto de jurar implica un compromiso solemne que debe honrarse sin excusas.

Hay juramentos de todo tipo, intención, contexto y forma. Imposible olvidar el Juramento Hipocrático que los médicos de Occidente hacen al empezar la profesión («Juro por Apolo, el médico, por Esculapio…»), el de los jóvenes Horacios antes de salvar el honor de Roma (perennizados por el pintor David), hasta el “Inquebrantable” de la saga Harry Potter.

El Hombre jura desde tiempo inmemorial…y desde tiempo inmemorial incumple lo que asegura, no en vano Hesíodo decía que el juramento era una creación de la diosa Discordia. ¿Y el perjurio? Uno de los menos recordados y perseguidos de los delitos, al menos en sociedades laxas como la nuestra.

EL JURAMENTO PERUCHO

 En el Perú jurar es algo que hace mucho perdió solemnidad: «¡Te (lo) juro!», «¡Por Dios(ito)!» o el cada vez más raro «¡Por mi madre!» son expresiones meramente coloquiales y casi mecánicas. La política -¡cuándo no!- ha colaborado generosamente con esta desnaturalización del juramento: ver jurando «Cumplir y hacer cumplir las Constitución y las leyes de la república» (presidente de la república) y «Cumplir, leal y fielmente, el cargo de…» (ministros de estado, alcaldes, etc.) empuja al escepticismo (cuando no al cinismo) por el notable nivel de perjurio que se comprueba luego. ¿Y qué con la  contraparte, es decir, con la sanción esperable por no cumplir lo jurado («…sino, qué Dios y la patria os lo demande»)? Uno querría ver un rayo de Zeus («Amontonador de nubes» lo llama Homero) fulminando al insensato que invocó lo divino para validar la propia ineptitud o inmoralidad. No hay duda: “El que engaña con un juramento reconoce que teme al enemigo, pero piensa poco en Dios” (Plutarco).

Nótese la curiosa la fórmula del juramento oficial: «Por Dios y estos santos Evangelios». Pero si Dios ya está representado en el libro sagrado… ¿por qué el «y»? Un juramento más lógicamente formulado debería decir: «Por Dios, sobre estos santos Evangelios» o «Por Dios». Y cuando la autoridad no jura por El Todopoderoso ¡qué incomodidad de los reporteros que no saben cómo explicarlo! Es simple, muchachos: un juramento civil (por la patria, por el propio honor) se escoge por no ser cristiano (¿cómo jurar por un dios en quien no se cree?) o por no ser creyente (¿cómo jurar por alguien inexistente?) o porque, aun siendo creyente, se tiene una visión distinta sobre el juramento (prohibición de jurar, para no banalizar lo divino)

En una sociedad global, democrática y posmoderna el juramento es innecesario, más el religioso. Un ciudadano debería comprometerse apelando solo al honor propio y teniendo muy en cuenta -él y nosotros- que su incompetencia o su deslealtad pagarán un precio, sea el deshonor, la cárcel o el rayo de Zeus.

Hernán Yamanaka
Lector obsesivo, conversador impenitente. Estudió educación, filosofía y teología.
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