CULTURA

Opinión: Carta abierta a la Ministra Ana María Choquehuanca

ElPueblo

Estimada Ministra,

Vi una entrevista en la que usted se ve un poco aterrada con la palabra feminismo. Se ríe incómoda y dice no tener un sesgo feminista, pero tampoco ser machista, que usted busca la igualdad. Es mi deber feminista decirle que el feminismo es exactamente eso, buscar la igualdad. Repita conmigo: I-GUAL-DAD. Sabe, dentro de las cosas bonitas del feminismo es que este nos permite elegir y ser libres. Gracias a este movimiento es que usted puede ser congresista, ministra y puede votar. ¡Felicidades! No le tenga alergia al feminismo, sin él muchas no estaríamos vivas.

Usted que se califica de pro-vida, explíqueme, ¿qué hacemos con las tasas de embarazo infantil? ¿Sabía que según los datos recogidos por la campaña Niñas no Madres, en nuestro país cada día cuatro niñas de entre 11-14 años se convierten en madres? Cuatro de cada cinco denuncias por violencia sexual son de niñas y adolescentes. Y que según la RENIEC, en los últimos años, el embarazo infantil ha aumentado en 60%. SE-SEN-TA. Un montón, ¿no? Si no lo sabía pues ahora lo sabe. Cuando usted dice que es “pro-vida”, entendemos todos que usted está en contra del aborto. Entonces me viene la pregunta: ¿y la vida de estas niñas?

Negarle el aborto seguro es una muestra clara de que sus vidas no le importan, ni a usted ni al Estado, o sea, usted no es pro-vida, usted es pro-feto. Nuestras niñas seguirán muriendo a causa del machismo y la indiferencia estatal. Estos casos que usted llama “especiales” van en aumento, es una problemática nacional que necesita políticas públicas que las protejan y las deje seguir siendo niñas. No obligarlas a ser madres. Legalizar el aborto, no obliga a nadie a abortar. Lo que hace es proteger la vida de quienes quieren hacerlo y evita que más peruanas mueran en las mesas clandestinas de los locales de “atraso menstrual”. Pero claro, la vida de estas mujeres tampoco le importa.

Habla con tanta soltura de la autoestima y culpa a las mujeres de criar hijos machistas. Y tiene parte de razón, nuestra sociedad nos cría machistas. El feminismo nos enseña a respetar al otro, a luchar por nuestros derechos y a exigirlos, nos da muchas herramientas para crear un mundo mejor, menos mezquino, más solidario, menos indolente con el resto, más humano. Nos invita a crear una sociedad equitativa y cuestionar ese machismo con el que crecimos, y a sacarlo de nuestra vida, entonces ¿por qué no tener un “sesgo feminista” en el ministerio? ¿Por qué se ríe cuando le hablan de feminismo y cree que no es necesario?

En otra entrevista usted dice estar en contra del matrimonio homosexual, pero está a favor de unión patrimonial. La comunidad LGTBIQ es parte de esas poblaciones vulnerables que usted debe salvaguardar, y no podemos tapar el sol con un dedo. Existimos, y necesitamos que se reconozcan nuestros derechos. Pagamos impuestos, votamos, contribuimos con las colectas públicas, nos unimos a campañas como #PerúUnaSolaFuerza, alentamos a la selección, lloramos por la selección, adoptamos gatitos del parque Kenedy, renegamos con el tráfico, etc., somos tan ciudadanos como usted, como el presidente, como el cardenal. Entonces, ¿por qué no me puedo casar con quien amo? Nadie le pide que nos case Cipriani, ni me dejen caminar regiamente por la alfombra roja de la catedral de Lima, ni que el ministerio pagué mi boda, pero ¿qué le hace pensar que merezco menos que cualquier otro peruano? Que el estado no nos reconozca como familia es hacernos ciudadanos de segunda, tercera y hasta cuarta clase. No son privilegios, son nuestros derechos. Y si no le gusta el matrimonio homosexual, pues no se preocupe, que al mío, no la voy a invitar.

Si tiene una tendencia religiosa, la felicito, y la animo a continuarla, desde cualquier espacio privado, pero no desde el Estado. Verá, el Perú, le guste o no, es un estado laico esto quiere decir que es independiente de toda confesión religiosa. Fácil, ¿cierto? ¿No? ¿No concibe su vida sin la religión? Perfecto, nadie le dijo que deje sus convicciones ni su fe, solo no pretenda llevarlas a la política. Se lo pongo más fácil, saque la religión de sus quehaceres políticos. ¿Más fácil? Saque su estampita de mi conchita, ¿mejor? ¿Muy vulgar? Mejor así: deje de legislar con la biblia y coja la constitución.

Saludos cordiales.

Andrea Malca
Comunicadora feminista comprometida con la defensa de la igualdad y los derechos humanos. Fan del café, la cerveza artesanal y Mary poppins.
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