CULTURA

Opinión: Así empieza lo malo (II parte)

La erótica protagonista camina por la vida en búsqueda de la ansiada felicidad —al igual que el resto de humanos del planeta— que le resultó inexpugnable hasta el día de su premeditada muerte. Los truncados intentos previos de suicidio eran insurgentes demostraciones de que cuando la consciencia está corroída por la inmoralidad germinadora de desdicha, ya nada cabe sino morir: la dignidad le indica que lo adecuado es precipitar el fin y de ninguna manera tolerar una existencia asediada por gritos inaudibles de zozobra y remordimiento.

El personaje neurálgico de la novela debe reunir elementos que conciten vida y curiosidad, tanto en la personalidad como en la descripción física. Muriel, el cineasta, de elevadísima estatura y magra contextura, solamente es capaz de reflexionar tendido en el suelo de su biblioteca: desde allí mira el cielorraso, sus obras pictóricas pendidas de las paredes, y a ratos a su interlocutor, el narrador de Así empieza lo malo. El opuesto simétrico de su rostro es el enigma: el parche ocular es un simbolismo que Javier Marías aplica para connotar la forma sesgada en que las personas percibimos nuestras vidas y el mundo; es una alegoría de la subjetividad y de la inutilidad de aspirar a obtener la verdad absoluta. Por supuesto, también aumenta la denotación de su extravagancia física. Ahora bien, el rehuir en cada ocasión propicia a contar el suceso desgraciado que padeció su ojo no es sino un rasgo general de las personas: los secretos son connaturales a nosotros. Inocularse en la intimidad de alguien a tal punto de que te confíe sus más recónditos pudores es bastante complejo, y en esta novela se vislumbra ese imbricado proceso, que muchas veces depende de circunstancias azarosas de aproximación humana. Más allá del diálogo o de la familiaridad, son los factores externos los que aúnan a los hombres, como en la coincidencia de hallar a quien será el padrino de tu hijo en aquel trabajo que aceptaste a regañadientes y acudiste malhumorado al primer día, un gélido lunes, por ejemplo.

Así empieza lo malo es una novela que además nos revela que el presente es siempre en parte falaz, cambiante. Así como en la Historia basta una evidencia rotundamente desconcertante, pero real,  para modificar y volver obsoletos los textos ya escritos y aceptados por la comunidad convencional académica, el juicio y afecto que tenemos y sentimos por alguien puede alterarse quizá por recibir una información que de pronto nos reproduce una imagen abyecta de esa persona, brotándose consecuentemente los sentimientos de repugnancia. Desde luego, es viable también lo contrario, y el tratamiento humano dar un giro, enmendarse a buen puerto.

Javier Marías no dice eufemismos. Tal es nuestra condición natural, familiar y social.

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