CONVERSA Y PUNTO

Norma Tolentino: “El teatro es parte de mi familia”

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Desde el 2013 se encarga de la producción de obras teatrales en el Teatro Británico, con 16 obras hasta la actualidad. Además,  ha realizado el vestuario de diversas obras entre ellas Orlando, la cual recientemente ha sido estrenada en. Asimismo, en el 2018 realizó el primer de taller de introducción al diseño de vestuario para alumnos del Británico “What are you wearing Frankenstein”  a través de la novela “Frankenstein” de Mary Shelley.

Norma lleva más de 20 años en el mundo del teatro y tiene el deber de lograr producciones impecables que muestren lo que el público busca encontrar en el teatro. 

Tolentino y Boschetti son tus apellidos, ambos muy conocidos en el mundo del teatro.

Efectivamente soy hija de una pareja teatral. Pamela, mi compañera de trabajo en el teatro, me dice que soy la que más sabe de teatro, pero en realidad ¡No sé nada!

Porque si bien nací en esta familia de Carlos Tolentino, como director de teatro, y de Atilia Boschetti como actriz, yo no quise formarme en la actuación, ni en dirección, ni en dramaturgia, ni nada de esas áreas porque no sentía que fuesen parte de mis necesidades de profesión. Pero si bien participaba desde muy chiquita de todas las reuniones que ellos tenían con sus grupos de teatro, me imaginé siempre en backstage y cuando fui creciendo quería hacer escenografía o vestuario.

En los noventa nos fuimos a vivir a Italia con mi familia. Fue allá que estudié en un instituto de arte: primero me inscribí en arquitectura para hacer escenografía, pero cuando vi que había demasiada matemática me dije “No, aquí no es” y me fui a estudiar moda y costumbres, es decir, vestuario y moda y allí me quedé hasta que terminé. Al volver al Perú, pasé una especie de rechazo al tema teatral por la que me dije: “No, no quiero saber nada de teatro, me voy hacia la moda”; entonces estudié gestión para la industria textil y trabajé en fábricas, en el área comercial, en diseño de modas, en tiendas de telas. Después me fui abriendo un poco más. Pero ya en el 2013, que volví al Perú luego de haber estado otra vez en Italia, me rencontré con el teatro y entré a trabajar al Británico y aprendí sobre el área de producción.

Después de esta experiencia tuya, que te acercaba y alejaba del teatro, ya definitivamente puesta en el medio… ¿Qué es el teatro para ti?

El teatro para mí es como una casa y es como mi familia. Si bien no logro tener posibilidad de ver mucho teatro fuera de aquí porque todas mis noches están ocupadas, los días que son libres no quiero ver teatro. El día martes es para mi casa, con mi familia y nada más. Pero el teatro es parte de mi familia. En las reuniones familiares hablamos de teatro, de cine o de otras maneras de cultura, dentro de todo sí estamos metidos todos los hijos en el aspecto cultural: mi hermano Fabrizio es cineasta; mi hermano Pablo es fotógrafo, pero ahora está en España estudiando cine; mi hermana Angélica es la que no se metió a estudiar nada de teatro o de cine, ella es profesora de colegio. Pero a la larga, en un futuro, no sé si seguiría trabajando en teatro porque sí tiene sacrificios, aunque es muy bonito y cambiante es bastante demandante y logra agotarte. Pero no me imagino completamente lejos: algún sueño futuro es tener un espacio cultural, chiquito, que ayude a la formación y el mantenimiento de la cultura en otras circunstancias, no necesariamente en Lima.

Leí unas declaraciones de tu papá, hace un par de años, para Cosas. Él hablaba del teatro como vehículo que debe dejar impacto en la sociedad: el espectador debe salir de cada función con una enseñanza, con un cambio en su vida. ¿Coincides con esa visión?

Plenamente.

¿Crees que el teatro peruano hace esfuerzos para ir en ese sentido o se ha limitado a ser un forma de diversión?

Hay ambos. Hay teatro comercial que solo desea ser entretenimiento para el público, lo que es válido; y hay otros espacios que desean que el teatro te permita seguir aprendiendo y viviendo experiencias. En Perú, en Lima en concreto, donde el aspecto de movida cultural es mayor, habría que hacer un trabajo en conjunto de todos los teatros o centros culturales para que sea justamente esto: un medio para culturizarse y aprender, no solo un entretenimiento como ir al cine.

Me cuentas de tu especialización en diseño de vestuario. Muchos ignoramos este proceso creativo, tan importante en una puesta en escena: dinos algo sobre él.

Después de mucho tiempo el año pasado volví al diseño de vestuario.  Diseñé para la obra El Plebeyo y El tiempo de los anhelos, ambas de mi papá. Al ser el tuve la oportunidad de intercambiar visiones porque el proceso del diseño de vestuario es este: el director o la producción te dan el texto y el director te da su idea de cómo debe ser la obra, te da los lineamientos o te da amplia libertad para que tú lo hagas. Dependiendo de los tiempos hay un espacio en el que el diseñador debe investigar y le presenta los bocetos al director y a la producción. Hay aproximadamente un mes o mes y medio para hacer el vestuario.  Es poco tiempo  pero la producción en general es breve, no más de tres meses entre ensayos y estreno; todo es bastante rápido y es mucho estrés.

En Perú no hay una carrera de diseño de vestuario para teatro, los de esta profesión son diseñadores de modas o artistas plásticos u otras personas que se animan y aprenden haciéndolo. A mí me gustaría que hubiera la opción para enseñar a las nuevas generaciones.

Precisamente: sé que el año pasado dirigiste un taller de vestuario.

Sí, fue un taller introductorio para los alumnos del Británico. En esa época, por el Bicentenario de Frankenstein, quise darle un poco la vuelta hacia esa novela con los fundamentos de lo que es hacer vestuario teatral. Fue un día, muy divertido, eran todos chicos de 17 y 18 años que tenían un interés en el diseño o en la producción y estaban conociendo en qué consistían. Y fueron saliendo cosas muy divertidas.

En los seis años que tienes en el Británico son 16 las obras que produjiste…. ¿Algún recuerdo de especial cariño?

 ¡A los hijos no se les quiere más o menos! Historia de un caballo fue mi primera obra producida casi completamente y fue la que más chamba me trajo: teníamos músicos, un elenco de 16 personas, la historia misma, Coco Chiarella como director, Roger Loayza en el vestuario; fue un gran montaje, lleno de color y de danza. Lo recuerdo con mucho cariño y con el elenco hicimos una linda amistad. De esta experiencia aprendí a no encariñarme tanto con nadie, porque después el distanciarse implica un pequeño dolor y también porque en definitiva este es mi trabajo que, aunque me divierte y apasiona, es un trabajo y hay que separar las cosas. Eso se aprende también con los años: ser gentil, ser copartícipe, como productora dedicar tiempo a que no les falte nada, pero sin pasar a una amistad mucho más profunda en el proceso. Me puedo encariñar mucho y, como una madre, el desprendimiento puede ser difícil.

¿Es el musical el género que más llama la atención ahora? Recuerdo, por ejemplo, El Plebeyo, montaje de tu papá, un gran éxito.

Debe ser porque somos un país latino y la música nos acompaña siempre, nos llaman. El musical es un género, no se puede excluir de la cartelera. A mí me gustaría tener los musicales impresionantes tipo Broadway, pero para llegar a eso falta mucho. Faltan público y recursos de producción, pero en el Perú tenemos muy buenos actores para el género. Mi padre hizo aquí, en el Británico, la obra Jarana siendo un teatro chiquito y fue un éxito, yo estaba por entonces en Italia y lo supe. En este teatro me encantaría tener un musical, pero es muy pequeño. Cuando el año pasado pusimos Barrionuevo, con Lucy Avilés entre otros, yo temblaba de la emoción porque con la buena iluminación y la excelente acústica todo se veía impresionante pero sobre todo , gustó mucho.

Hablemos de Orlando, tu “hijo” ahora en cartelera. Una historia peculiar que habla de identidad, libertad, amor y cambios. Escrita por Virginia Wolff, nada menos.

Para mi cada vez que se va a estrenar una obra me asusto poco porque no sé qué va a pasar, en la cabeza del director hay un mundo y debo esperar un cierto tempo para descubrirlo, entonces está el miedo a lo desconocido. Orlando es la historia de un chico que a lo largo de cinco siglos descubre el amor y en cierto punto  despierta y… ¡Es mujer! Pero ella, Orlando, sigue descubriendo el amor, es el amor andante.  Y Norma Martínez, mi tocaya, ha creado con el elenco una vivencia muy especial. Vienen muchos jóvenes, chicos: antes de ayer tuvimos 60 niñas del Mater Admirabilis, de la Pucp, del Newton…fue un día lleno de chicos: salieron felices es una obra para todos y a todos da un mensaje esperanzador, de paz y amor, con mucha música y mucho talento, son seis actores extraordinarios bajo la batuta de Norma Martínez.

¿Próximo estreno?

Estamos en pleno ensayo de Camasca, obra ganadora del 7mo. concurso de dramaturgia que hacemos aquí.  Escrita por Rafael Dumett y que está dirigiendo Daniel Goldman, un director inglés que vino a dirigirla. Tenemos un elenco extraordinario. La obra está situada en la época de Atahualpa, no digo más, lo dejo como sorpresa. Una gran obra, un gran elenco, va a ser otra locura y muy entusiasmante. Será fantástico. Se estrena el 7 de junio.

Hernán Yamanaka
Lector obsesivo, conversador impenitente. Estudió educación, filosofía y teología.
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