CULTURA

Luis Francisco Palomino: “La Lima miraflorina es un tema agotado”

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El narrador peruano Luis Francisco Palomino, de 27 años, nos entrega su libro debut en la literatura peruana, “Nadie nos extrañara” (Animal de invierno, 2019), 9 cuentos urbanos cuyos personajes transitan por los caminos de la rebeldía, el romanticismo, la marginalidad, los descubrimientos, la desolación y el humor. Su contexto: la Lima del siglo XXI y un pueblo joven del sur: San Juan de Miraflores. El periodista cultural, también autor de la biografía del rockero peruano Salim Vera, vocalista de la banda “Libido”, nos concede la siguiente entrevista  

¿Desde cuándo quieres escribir?

Conscientemente desde los 15 años.

¿Luego del descubrimiento de algún autor, alguna lectura?

“El huracán lleva tu nombre”, de Jaime Bayly (2004). Llegué al texto de casualidad, por una amiga (del colegio) que se sentaba delante de mí, con quien compartía gustos musicales. Nos gustaba el rock. No sé si la vi leyéndolo o ella me lo prestó. En esa época estudiaba inglés, me iba en micro y aproveché ese tiempo para leer. Me gustó, dije: “Por fin una lectura que narra aventuras con las que yo puedo sentirme cercano”. Todo en iniciación. Conocer la noche y las drogas desde la homosexualidad, no porque yo lo fuera, sino porque me parecía un tema cotidiano en mi espacio, pero del cual nadie hablaba. Conocer esa experiencia desde la prosa de Bayly fue como fuera de la rutina.

Creo que, también, hubo empatía por sus personajes: no eran típicos varones, machos, que están afuera de la canchita de fulbito buscando peleas con otras ‘promos’, hay una contraparte. En ciertas novelas de Bayly hay el típico personaje ultra viril, el matoncito, pero también está el otro quizás algo afeminado, con otros intereses. Quizás por ahí si hubo una identificación. Digamos que tercero y cuarto de secundaria fue para mí como una etapa de quiebre, de distanciamiento de mis ‘patas’. Sentía que ya no había ‘feeling’ entre nosotros, que las cosas que ellos hacían no me interesaban. Luego fui a la biblioteca, algo que nunca había hecho, nunca había tenido interés. A partir de ese momento pasé mis recreos en la biblioteca o comiéndome un budín en la cafetería revisando literatura peruana.

¿Ahí también empieza tu gusto por la literatura?

Es que para mí hablar de literatura hoy es muy distinto a lo que era literatura a los 15 años: antes de los 15 años para mí la literatura era una palabra asociada a nerds, a cosas aburridas, a obligaciones.

A leer el Mío Cid, el Quijote…

Sí. Incluso en los libros de Santillana solo había una página de resumen, una página que no me decía nada. Eran textos muy antiguos, el Mío Cid, el Quijote, ¡yo qué tenía que ver con ellos! La palabra literatura comienza tener un significado para mí a partir de esta visita a las bibliotecas y un descubrimiento personal. La bibliotecaria me dejaba pasear por los estantes y yo seleccionada lo que me llamaba la atención. Encontré un texto de Javier Arévalo, “Nocturno de ron y gatos”, ¿quién te recomienda ese libro?, nadie. Me llamó la atención el título, la portada y fue mi libro favorito de esa época. Esa fue una etapa determinante para hablar de literatura.

Cuando era niño, mi mamá me leía cuentos por las noches, eran cuentos estimulantes, había una hoja izquierda de narración y en la derecha había una imagen. Esa página terminaba con una frase abierta y tenías que decir qué iba a pasar. Creo que a partir de estas lecturas me doy cuenta de que varios escritores peruanos también hacían periodismo: Bayly, Ribeyro, Vargas Llosa, Arévalo, Óscar Malca y pensé que se podía hacer las dos cosas: podías vivir ejerciendo periodismo y lo otro era mi desarrollo personal.

¿Y cuándo es que decides publicar un libro?

Estaba volviendo de mi clase de inglés y tenía ganas de escribir, fue como un impulso. La última página de mi cuaderno era en blanco y garabateé una historia. Ese fue el inicio y hasta hoy no paro. Fue en 2005. Fue inmediato. Leí a Bayly, dije: “Yo puedo hacer algo mejor”.

Tu libro de cuentos narra la historia de adolescentes, que están experimentando el sexo, el enamoramiento. ¿Cómo escoges estas historias?

Siempre estoy imaginando, siempre estoy pensando cómo es que nadie se ha dado cuenta de este detalle y ese es el inicio de algo que va a ser tergiversado. Seleccionas un pedacito de la realidad, que te llama la atención y a partir de allí creas. Otras cosas son intuitivas, otras subconscientes: no sabes por qué lo haces, pero estas sentado escribiendo algo. A veces solo es una pretensión estética, quieres escribir una buena historia y eliges un tema interesante.

¿Cómo nace Una virgen para Papa Noel?

Alguna vez me disfracé de Papa Noel, nunca conocí a la Virgen María. De repente me hubiera gustado conocerla en ese momento de escritura. Hubo un tiempo en que yo andaba muy acelerado y creo que se nota en la escritura. Necesitaba escribir algo y lo hice con desesperación. El resultado es un cuento bastante rápido, loco, disparatado, pero también con una fuerte carga de romanticismo, como que este ‘pata’ se ilusiona muy rápido, creo que es muy de la época. Este ‘pata’ siente que no pertenece a ningún lado, busca construir su mundo en otra persona, tiene cosas coincidentes con la Virgen María, Daniela. Es la historia de dos ángeles marginales.

¿Quisiste ser alguno de los personajes de tu libro?

Sí, claro. He querido ser muchas veces este tipo de la azotea con un rifle a la espera de ladrones, después de que me han robado, obviamente. He sido Papa Noel, alguna vez hice chamba de ‘guachimán’, fue breve, en el barrio de la Fuerza Aérea en Surco. En cada espacio estoy pensando qué historia puede salir de acá. Yo siento que estoy, de alguna manera, en los cuentos. Estoy ahí, pero bastante desfigurado, como si no fuera yo.

Javier Cercas decía que uno escribe de lo que habría querido ser. Tú, además de aquel guachimán con sed de justicia, ¿qué más habrías querido ser?

El Inca, puede ser, aunque no tengo aptitud para estar quieto. Me hubiera gustado ser el ‘pata’ del cuento Javier Prado, La Marina, que se va. Me hubiera gustado tomar esa decisión, decir: “Hay un camino más allá de esta avenida que parece infinita, hay vida más allá de Lima, del Perú”. Si volviera a tener 20 años, lo haría.

¿Cuáles eran tus temores con este libro?, ¿los había, o simplemente querías publicar?

Que hubiera una edición con la que no me sintiera bien. Solo eso.

¿No te preocupaba cómo iba a recibir la crítica tu libro?

Por un lado, a todos nos gusta que las personas hablen bien de nuestro trabajo, pero, honestamente, no he escrito para los críticos, he escrito para quien quiera conocer un poco más del cono sur, para evidenciar la miseria en la que podemos vivir y no se cuenta. Me pasó en mi clase de inglés: conocí a una chica que me dijo que vivía en Surco, le respondí que vivía en San Juan de Miraflores y me dijo: “¿Dónde queda eso?”. O sea, ¿no sabe que San Juan de Miraflores está al lado de Surco, distrito vecino?

Creo que por mucho tiempo la literatura limeña ha ignorado estos espacios, los narradores han surgido de la clase media para arriba. Esa es una tradición de (Julio Ramón) Ribeyro, el niño Julius de Bryce Echenique, que continuó en los 90 con Jaime Bayly (“Yo amo a mi mami”), , y que ahora puede seguir María José Caro, con su personaje de Macarena cuyo drama es familiar y cuyo tema  no es menor en lo literario. Siento que todo se ha reducido a un espacio íntimo, como Renato Cisneros y el tema con su padre. Todo es muy San Isidro, Miraflores y a mí, honestamente, me parece que es algo que ya está agotado. La Lima miraflorina en la literatura peruana es un tema agotado. Lo que para algunos puede ser una desgracia, para mí -como escritor y periodista- es una oportunidad: vivir en San Juan de Miraflores y conocer este espacio con los ojos de lector, de alguien que lee poesía y que encuentra elementos que pueden ser ricos en una historia. Este tema de las calles enrejadas, que a muchos les va y les viene, yo digo: “¿Dónde vivimos que hay calles donde no se puede acceder a ciertas horas de la noche?, está tan oscuro, a tu alrededor tienes estos cerros mirándote de manera amenazante y estos robos, tan frecuentes. Siendo un limeño y viviendo en el cono sur, o cono norte, o más allá, aprendes cosas.

También escribiste la biografía de Salim Vera, vocalista de Libido. ¿Cómo llegaste a él?

En la universidad hice un proyecto de una página web de perfiles periodísticos, un amigo me jugó su número. Salim vivía en un departamentito en Barranco, le hice la ‘taba’ a un concierto, estaba su manager y Salim me contó su vida. Su manager dijo: “Oye, ¿por qué no escribes una biografía de Salim?, no le di importancia. En 2018, en marzo, coordinaba la presentación de este libro y conté que había conocido a Salim, me dijeron para publicar su biografía. Se lo dije, quedamos en reunirnos los tres y empezamos trabajar.

Cuando escribes su biografía, ¿cambia tu visión sobre la imagen de Salim Vera en la esfera pública?

Es que yo no tenía prejuicios, él era un personaje que estaba por descubrir. Sí había hecho investigación, leía comentarios de que Salim era arrogante, patán, creído, gay, pituco, drogadicto, todas cosas negativas y nada. La persona que conocí el primer día me dijo: “Discúlpame por no haberte ofrecido nada, soy un malcriado, ¿quieres un café? Salim se paró, fue a su cocina, sacó su taza y me hizo un café. Dije: “Manya, este rockero que destruye micrófonos, que es violento, que a todos les llega, me estaba haciendo un café. Me pareció un gesto chévere, contrario a la imagen que todos tenían de él. No creo que haya sido una performance. Después tuve un problema familiar, ya había acabado el libro, ya se había publicado, y él me apoyó. Esa parte humana para mí fue valiosa.

La ficha:

Luis Francisco Palomino. Es periodista, punk y vive en San Juan de Miraflores. Nació en 1991, el mismo día que Pelé y Charly García. Uno de sus cuentos ganó los Juegos Florales de la PUCP en el 2013. Cuando tenía cinco kilos menos, participó del campeonato de improvisación literaria Lucha Libro, en el que fue finalista. El cebiche servírselo mixto y bien picante.

 

Cris Vilchez
Periodista. Interesada en temas culturales, como el teatro, la literatura, el cine, la música y el arte. Me gusta la banda La Oreja de Van Gogh.
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