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La ambigüedad de Record Store Day

Record Store Day vuelve como todos los años este sábado 21 de abril y ya anunciaron la lista de discos exclusivos. Para quienes no están familiarizados, RSD es un evento internacional que celebra la cultura alrededor de la compra y venta de música en físico, especialmente los vinilos. Su fin es reivindicar a las tiendas locales de música a través de actividades culturales y, principalmente, del lanzamiento de una serie de discos de edición limitada que son distribuidos entre las tiendas asociadas al evento para su venta exclusiva. Cada año miles de fans en todo el mundo hacen cola en su tienda local para buscar entre las canastas de vinilos el disco deseado de su artista preferido.

RSD se inició en EEUU hace más de una década y en Perú este será el cuarto año consecutivo que se celebra. Varias tiendas de discos peruanas se han sumado a la iniciativa por la notoriedad mediática que recibe y para satisfacer al nicho de peruanos que compra vinilos y sigue esta fecha con entusiasmo. Según el sitio web oficial son nueve las tiendas limeñas que participarán este año.

Sin duda es una iniciativa creativa, bien intencionada y positiva en términos generales para una industria que ha sido arrinconada por las compañías de streaming, las ventas online y la piratería. Sin embargo, no todos los coleccionistas ni tiendas locales la apoyan, e incluso autores como Eric Harvey (2015) han escrito sobre la ambigüedad que presenta. El reclamo es que, a pesar de contar con un discurso que aboga por la pequeña empresa, ésta no siempre se ve beneficiada de esta festividad. Han habido casos en los que los mismos dueños de tiendas locales se han quejado de las condiciones desfavorables a las que tienen que someterse para poder participar y que les implica un riesgo que no siempre resulta en ganancias. Siendo una fecha dedicada a las tiendas locales, de la cual deberían ser las protagonistas, terminan siendo la última rueda del coche.

Incluso, como parte de su posicionamiento, RSD desmerece a conglomerados de tiendas más grandes como Best Buy en Estados Unidos o tiendas virtuales como Amazon, pero en la práctica opera de manera similar: necesita de grandes empresas como Warner para hacer posible la distribución masiva de los productos a nivel global. Asimismo, se apela a un consumo ‘ético’ basado en el apoyo a la experiencia ‘auténtica’ y la cultura única que se genera alrededor de las tiendas de música, pero que necesariamente se traduce a través de la compra. Es decir, empaqueta el discurso rockero anti establishment y de comunidad para vender más vinilos (y vinilos que ciertamente la mayoría de veces no necesitamos, como el single “Lights of Home” de U2).

Por un lado veo la contradicción, pero por otro también pienso si acaso todo lo que implique promover consumo se puede descartar por anti auténtico. Harvey dice que lo valioso de RSD está en que permite canalizar una posición política, un sujeto ciudadano-consumidor, que a través del consumo afirma su lugar frente a la corporativización de la música. Sin duda lo hace, pero también creo que RSD tiene valor porque recoge la voz de un grupo de personas que se entienden a sí mismos en esos espacios como son las tiendas de música, donde ven reflejados sus intereses en otros y les permite compartirlos.

Andres Blume
Comunicador de la PUCP y a veces músico. Este es un espacio para hablar de algunos de mis intereses sobre música. Síganme también en @woweezoey.
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