CONVERSA Y PUNTO

Entrevista – Roy Vega: “ La poesía se ha convertido en una vida alterna”

Roy Alfonso Vega Jácome (Lima, 1988) estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su poemario Rumores de un arpa retorciéndose en la hoguera  obtuvo una mención honrosa en el VII Concurso Nacional de Poesía “José Watanabe Varas 2011”, organizado por la Asociación Peruano Japonesa. En el 2015, su poemario Muestra de arte disecado. En el 2017, su libro Etapas del espíritu / Runas grabadas en la piel resultó ganador del X Concurso “El Poeta Joven del Perú”, mítico galardón que no se entregaba desde 1999. Textos suyos han aparecido en las antologías Recitales “Ese puerto existe”. Muestra poética (2011) y Versos en el aire V (España, 2016), así como en las revistas Lucerna (2013), Bitácora de Vuelos (México, 2016) e Ínsula Barataria (2017). Actualmente se desempeña como corrector de estilo, redactor cultural y librero.

César Calvo dice: “se escribe un poema para que nos acompañe, para no estar tan inexplicablemente solos”. Estimado Roy, ¿cuándo y por qué empiezas a escribir poesía?

Acertada frase de Calvo. Yo empecé a escribir poesía más o menos a los 17 años, cuando ingresé a la Facultad de Letras de San Marcos. No obstante, mi primer acercamiento a la literatura se dio por medio de la narrativa: escribí un par de cuentos a los 15 años. Sin embargo, cuando decidí ser escritor “en serio”, fue a través de la poesía. Como todo joven, los sentimientos amorosos y mi inconformismo con respecto a la realidad que me rodeaba fueron los desencadenantes de mi inclinación por la actividad poética. Así seguí, en ese ir y venir, hasta ocurrió un suceso académico que me cambió la vida: las clases de literatura de mis maestros Hildebrando Pérez Grande, poeta de la generación del 60, y Camilo Fernández Cozman, académico e investigador literario. Tuve la suerte de que ambos me enseñaran los cursos de Poesía Peruana en la Facultad de Letras. Y en buena cuenta fueron ellos quienes me enseñaron a leer poesía. Durante esa época devoré poemario tras poemario, y así, casi sin notarlo, comencé a hallar mi voz, a creer que de verdad podía transmitir algún sentimiento a través de mi escritura. En esta época, asimismo, mi hermano Selenco fue uno de mis primeros lectores y, lejos de caer en el subjetivismo propio del vínculo familiar, siempre me dijo las cosas en claro; y también recibí valiosas enseñanzas de sus lecturas. Te confieso que fue raro mi ingreso a la poesía, siendo yo un lector de cuentos y novelas. Pero creo que de esta mezcla extraña ha quedado un sello narrativo en mi escritura, puesto que yo siempre trato de “contar” cosas en mis poemarios, con una determinada estructura y organicidad. Bueno, al menos en esta etapa de mi creación. Desde los 17 años no paro de escribir. La poesía se ha convertido en una vida alterna. Me agrada ese refugio y esa catarsis.

¿Qué poetas o escritores han influenciado en tu obra?

Han sido influencias diversas y muy marcadas en determinados periodos de mi vida. Por ejemplo, en mi primer libro, Rumores de un arpa retorciéndose en la hoguera, es muy notoria la impronta de César Moro, Emilio Adolfo Westphalen, T. S. Eliot, el Jorge Eduardo Eielson de Reinos y Noche oscura del cuerpo, Carlos Germán Belli y Blanca Varela. En Muestra de arte disecado traté de ampliar mi “diálogo” con la tradición y leí con fervor a los poetas del 60 (Hinostroza, Hernández, Ojeda, Pérez, Calvo, Heraud) y 70 (Verástegui, Watanabe), así como a Yves Bonnefoy, Fiódor Dostoievski y el boliviano Jorge Campero. Y en este último libro, Etapas del espíritu / Runas grabadas en la piel, experimenté lecturas tan disímiles como las de Charles Bukowski, Roberto Bolaño, Oriana Fallaci.

Además de escritor, eres fundador de Librería del Oso, un espacio virtual e independiente en la plataforma de Facebook. ¿Qué me puedes decir de esta tarea de gestión cultural?

Este proyecto surgió en unión con mi novia, Tatiana, como un negocio artesanal de venta de primeras ediciones, rarezas y distribución de editoriales queridas y de culto: Anagrama, Debolsillo, Alfaguara, Libros del Zorro Rojo, etc. Nuestra consigna es el trato personalizado a los clientes, con un cuidado especial de la imagen. Tatiana, que tiene mucho talento para la fotografía, le ha dado el toque especial en el aspecto gráfico, en tanto que yo me encargo de redactar las reseñas. Decidimos darle un matiz urbano a las fotos de los libros: hay un aroma a ciudad en ellos. Empezamos recién en marzo, y en este tiempo hemos logrado tener no solo clientes, sino amigos, con quienes, más allá del típico trato de compra-venta, a veces hasta nos hemos sentado a tomar un café para hablar de literatura. Y gracias a nuestro sistema de envíos a provincias hemos tenido una buena acogida en ciudades como Ica, Arequipa, Piura, Huánuco, Ayacucho, entre otros rincones del Perú.

¿Qué significa para ti haber recibido el mítico premio “El Poeta Joven del Perú”?

Es un verdadero honor y satisfacción. Y el premio es aún más especial porque el último ganador, en el año 1999, fue precisamente mi hermano Selenco, con su poemario Sagrada familia (publicado tiempo después como Reinos que declinan). Como te comenté en la pregunta anterior, Heraud, Calvo, Hernández y Watanabe han sido influencias importantísimas para mí. El solo hecho de pensar que el premio que acabo de ganar alguna vez estuvo ligado a ellos es una sensación indescriptible. Haber ganado la X edición de “El Poeta Joven del Perú”, relanzado por la Fundación Marco Antonio Corcuera y la Universidad de Piura, no hace sino motivarme a continuar en esta ardua lucha, en esta mezcla de placer y dolor llamada escritura poética. Como digo en uno de mis poemas, “bien vale la pena extraviarse en aquel bosque de palabras”.

Foto: Renzo Chávez Lescano

 

Alejandro Alva
Trujillo, 1997. Actualmente estudia en la Facultad de Derecho de la Universidad de Piura. Amante de la música, del buen libro y del café.
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