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Opinión: Dunkirk es una victoria humana y cinematográfica

Advertencia: Este artículo contiene spoilers. Si aún no has visto Dunkirk, ¡ve al cine más cercano!

Desde hace algunos años, que soy fanático de Christopher Nolan, he esperado el estreno de Dunkirk. Ahora, debo dejar en claro que no es mi intención hacer una crítica de cine, sino comentar 3 escenas de la película que reflejan cuán grandiosas pueden ser las acciones del ser humano y el poder que estas tienen para mejorar la sociedad: acciones reflejadas en conductas como el sacrificio por los demás, el espíritu de lucha y la importancia de actuar correctamente sin esperar recibir una recompensa.

1. El valor del coraje: La mejor arma

El señor Dawson (Mark Rylance), el ciudadano que decidió ir a Dunkirk por su propia cuenta para ayudar a las tropas de su país, representa con sus acciones el valor del coraje junto con incansables ganas de ayudar. En una escena de la película el soldado que él rescató de un submarino (Cillian Murphy) intenta desanimarlo de que continúe con su trayecto hacia Dunkirk diciéndole que no tiene armas y que el barco en el que viaja es una embarcación de placer y no de guerra. El señor Dawson le contesta preguntándole si él tiene un arma. El soldado le responde que sí. Ante ello, el señor Dawson le repregunta si esa arma le sirvió para salvarse de las bombas del enemigo. Con esas palabras demuestra lo fácil que es inventar excusas y argumentos para justificar una inacción. La mejor arma que tenía el señor Dawson no era su embarcación o un rifle, sino el coraje de seguir adelante con su misión.

2. Reconocer el éxito en medio de las dificultades.

Al desembarcar en Inglaterra, uno de los personajes que había sido rescatado de Dunkirk es felicitado por una persona invidente que entregaba frazadas a los soldados. El soldado le pregunta por qué los felicita si solo habían sobrevivido. El invidente le responde que haber sobrevivido la batalla era suficiente. Lo genial de esta escena es que una persona invidente tiene la capacidad de ver el éxito de la operación de rescate, y ello no porque su país haya derrotado al enemigo sino porque, de todos los desenlaces posibles (rendición o aniquilamiento de las tropas rodeadas en Dunkirk), se logró alcanzar el escenario más difícil: sobrevivir y volver a casa.

3. Hacen el bien sin esperar una recompensa.

Quizás la mejor escena se encuentre al final de la película, reflejada en la actitud del piloto Farrier (Tom Hardy), quien habiendo llegado al puerto de Dunkirk con su avión sin combustible, en vez de preferir aterrizar para salvarse a sí mismo, decidió hacer un giro y sobrevolar la costa para ayudar a sus compañeros y derribar un avión del enemigo. Inclusive el piloto sobrevuela buena parte de la costa con el visor de su cabina abierto, quizás para asegurarse de defender a sus compañeros ante cualquier eventual ataque. Finalmente, es muy elocuente el contraste existente entre los soldados que desembarcaron en Inglaterra, quienes son recibidos con aplausos y felicitaciones, mientras que Farrier, luego de aterrizar, es apresado por el enemigo sin recibir ningún premio por sus acciones.

Es un éxito que existan películas como Dunkirk, que demuestra que los valores y principios son innatos al ser humano. Finalmente, dejo una pregunta para la reflexión: ¿se imaginan lo grandioso que sería este país si aplicáramos los valores expresados en Dunkirk para mejorar a la sociedad?

Enrique Bravo-Garcia Viñas
Soy abogado. Estudié Derecho en Ludwig-Maximilians-Universität München – Universidad de Múnich y Finanzas en la Universidad Complutense de Madrid. Aficionado a la política y a los temas de Law & Economics. Además del fútbol. Hincha de Bayern Munich y Real Madrid.
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