CULTURA

Cómo conocí a Toño Cisneros (y él mató mi poesía)

Eso es genético: los poetas nacen, no se hacen”.

(Antonio Cisneros, Bogotá, 2005)


Para quien no lo sepa o recuerde, Antonio- Toño -Cisneros (1942-2012) fue poeta (el más distinguido de la Generación del 60), novelista, periodista y ensayista. Estudio en UNMSM y en PUCP doctorándose en Literatura en 1974. Fue- es -uno de nuestros literatos más universales y recibió muchos premios de alto nivel (Casa de las Américas, Nacional de poesía, Iberoamericano José Donoso, Iberoamericano de poesía Pablo Neruda, entre otros). Su obra ha sido traducida a una docena de idiomas.

A Toño lo conocí en persona cuando llevé un taller de poesía dirigido por él en el Centro Cultural de la Universidad Católica, en la segunda mitad de los 90s. Las sesiones eran interesantes: nos pedía imitar (mímesis) estilos de poetas famosos, intercalándolos con obras propias; seguían comentarios de los participantes y cerraban los de Toño (quien, aparte, te daba sus opiniones). En la penúltima semana del curso lo busqué en la cafetería, media hora antes de iniciar la sesión;  le pedí alguna opinión sobre mis poemas y me respondió con estas inolvidables palabras:

“Hombre, me ha gustado mucho tu “Demencia temporal” y más lo que has hecho con “El vaho de la noche”; precisas las formas e imágenes, incluso noto que vas trabajando el ritmo. Pero tus finales, ay, son una cagada”.

Imaginarán mi estupefacción: luego del elogio (¡viniendo de Cisneros!) me llegó el palo, la vuelta a mi precaria realidad. Generoso, Toño no quedó en la crítica aguda: me dio varias ideas que apunté de inmediato con trazo febril, como si recibiera un dictado divino. Pero en mi memoria quedó por mucho tiempo, cual sentencia, la descripción de mis finales excrementoides: por causa mía- más que suya -ese día ni vena poética entró, al menos, en catalepsia.

Toño era un gran conversador, un incansable viajero, un bon vivant. Lo encontré alguna vez en la calle de las pizzas, en Miraflores, conversando con el entusiasmo de siempre y rodeado de muchachos y chicas que le hacían corte.

El 2012 el cáncer lo venció, convocado mucho antes por el inseparable cigarrillo. Luis Peirano, por entonces ministro de cultura, lo definió así: “(Toño fue) vital y exuberante en su vida, pero muy cauto y juicioso en su poesía”. Yo lo recuerdo con aprecio y en este poema suyo que siempre me gustó:

Tercer Movimiento (affettuosso) (De “Agua que no has de beber”, 1971). 

Para hacer el amor
debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha,
tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se achicharra
para hacer el amor.
Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos
pero la arena gruesa es mejor todavía.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso ni cerca de las aguas.
Poco reino es la cama para este buen amor.
Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera:
que ningún valle o monte quede oculto y los amantes podrán holgarse en todos sus caminos.
La oscuridad no guarda el buen amor.
El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo como un techo
y entonces la muchacha no verá el Dedo de Dios. Los cuerpos discretos pero nunca en reposo,
los pulmones abiertos,
las frases cortas.
Es difícil hacer el amor pero se aprende.


Fuente de Imagen: Perú 21

Hernán Yamanaka
Lector obsesivo, conversador impenitente. Estudió educación, filosofía y teología.
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