CULTURA

Carlos Tolentino: “Si quieres jugar en ligas mayores, tienes que jugar con los grandes”.

Además de ser un excelente director, se considera un melómano de aquellos y le encantaría componer las canciones de sus espectáculos. Carlos Tolentino, genio del teatro peruano, cree firmemente en el potencial de la industria y nos cuenta cómo fue el proceso en la creación de “El Plebeyo”, musical que, en esta oportunidad, tuvo el honor de dirigir.

 

Montar una obra de teatro siempre es un reto. ¿Es más complicado hacer un musical?

Es otro formato, es algo más grande. En el caso de una obra para el Municipal, no es uno que siga la plantilla de los musicales americanos tipo Broadway, este es un producto que tiene todo un estudio de por medio para lograr una identidad que suene a nuestro, a propio. ¿Cuán difícil es? Seguramente no existe una obra más fácil que otra, eso está claro, pero yo sí quería hacer esta obra porque era una manera de darle otro significado a la figura de Pinglo.

¿Qué atractivo viste en Pinglo?

Hace aproximadamente siete años yo había dirigido “Jarana” en el teatro Británico y fue la primera vez que se hizo sobre criollismo. En este caso nosotros sí estamos empleando como línea argumental un hecho que pudo suceder, que es lo que motivó la escritura de “El Plebeyo”. Se han escrito tres posibles versiones, una de ellas dice que fue el mismo Felipe Pinglo que se enamora de una joven de 16 años que era hija de un millonario italiano que pertenecía a la oligarquía de esos años; la otra dice que fue un compañero de la imprenta donde trabajaba Pinglo, quien le contó esto; y una tercera que dice que fue un artesano que hacía canastas, quien vivió este pasaje en su vida. Independientemente de cómo haya sido, lo que nosotros hacemos es trabajar con una verdad que nos sirve para contar una historia.

Lo que tú vas a ver es una historia de amor, en un contexto histórico muy fuerte, porque los años 20 pertenecen, en el Perú, al Oncenio de Leguía. Esos fueron años de mucha agitación social y movimientos obreros. En los últimos días hemos estado viviendo lo mismo con las manifestaciones y las marchas, y es muy interesante porque el público relacionaba los momentos. Esas coincidencias entre lo que es real y lo ficticio, lo que sucede fuera y dentro del teatro, es una obra que habla de una historia de un momento específico del Perú, siempre tiene una aceptación particular. Es muy singular. Es Pinglo antes de ser Pinglo. Es uno que tiene 20 años, y muere muy joven, a los 36, pero muere de pobreza, de haber conocido esa fama que ahora le envuelve. Muchas de sus canciones por el contenido social fueron prohibidas. Pinglo va a renovar el vals peruano, no solamente como concepto y poética, sino a nivel musical, pese a no ser él un compositor musical. Sí tiene otra forma de cantar, y también tiene una característica que me gusta destacar que es que, al hablar de Felipe, es Felipe de los pobres; a diferencia de Chabuca, nunca podrás decir “Chabuca de los pobres” porque, con todo lo genial que fue, pertenecía a otro medio y tenía aceptación de otro público. Acá hablamos de un mestizo marginal, hay mucho material que podría tratarse. Y en esta obra lo más lindo que tenemos es la aceptación del público, se emocionan, siguen la historia. Y hay un tipo de emoción que no es solo la sentimental, sino la de identificación a tu propia historia, que también sirve para educar.

¿Qué fue lo que te impulsó a llevar a cabo un proyecto que homenajee parte de nuestra historia y llevarlo a musical?

Fue algo totalmente circunstancial. Yo estaba dirigiendo “Con alma de bolero”, el show de Cecilia Bracamonte, y el director musical era Diego Rivera, que es el actual director musical de “El Plebeyo”. Conversando en el camerino antes de la función, me contaba que había compuesto variaciones sinfónicas sobre el vals “El Plebeyo” justamente, y salió la idea de que sería lindo hacer un musical, entonces quedamos en conversarlo. Poco a poco se fue articulando y Atilia Boschetti fue quien le dio una unidad, lo armó e hizo una sinopsis. Después de eso empezamos a trabajar con asesoría de históricos y bueno, nació así. Como muchas cosas que nacen de una intuición, de una curiosidad o una coincidencia. A mí me interesa mucho ese nicho del criollismo, creo que lo criollo no solo es lo gastronómico, sino que también tenemos mucho por explotar en lo musical.

Las historias de amor, ¿son tus favoritas? ¿o hay algún otro género que prefieras?

¡Qué buena pregunta! Creo que, en todas las historias, siempre hay una historia de amor o desamor, ya sea contigo mismo o hacia alguien. Por otro lado, sí es recurrente en mi trabajo que me interesan las historias de mujeres, porque son estas las que verdaderamente procuran un cambio, motivan cambios en la historia. Si Felipe no hubiese conocido la experiencia de oposición por parte de los padres de Giannina, probablemente no hubiese escrito “El Plebeyo” y posiblemente, esa alma taciturna que él tenía no hubiese dado espacio a composiciones como “La obrerita” o “Sueños de opio”, etc., que son historias de amor que, no solo tienen una gran poética, sino que están cargadas de sentimientos trágicos. Pero sí, me encantan las historias de amor, y me gustan más cuando no tienen un final predecible. No me gustan los blockbusters con el típico final feliz, no tengo nada en contra de ellos, pero, a mi edad, me gusta tener los pies en la tierra. En este musical se siente mucho la influencia del modernismo en la composición, de Rubén Darío, por ejemplo, su manera de expresar el dolor a través de la poesía.

Si pudieras escoger una obra de cualquier parte del mundo para dirigirla acá, ¿cuál sería?

Uy, qué difícil. (risas) No lo sé. En realidad, pienso que todos los directores tenemos obras que nos gustarían hacer. Yo, por ejemplo, tengo durmiendo un sueño que es “Matalaché”, esta historia de una chica que se enamora de un mulato, siendo hija del dueño de la hacienda en el norte, el padre se entera y lo bota en una tinaja donde preparaban el jabón. Es un momento previo a la liberación de los negros esclavos. Es un proyecto que tengo con Tondero, que espero que en algún momento se pueda realizar. Yo encuentro que en la literatura peruana hay muchísimas fuentes inagotables. Dentro de un año voy a dirigir “La niña de los martirios”, escrita por Fernando Ampuero, que es una visión laica de los últimos días de Santa Rosa de Lima y es una obra preciosa, muy interesante porque él logra ver con los ojos de ese entonces la espiritualidad, la religión, la santidad y las formas de martirio que ciertos santos practicaban.

Esto es algo que suelo preguntar, pero considero fundamental. ¿Cómo ves la situación del teatro en el Perú? ¿Crees que se podrían mejorar algunos aspectos?

Es una pregunta que conviene hacérsela a todos, o por lo menos a todos los que estamos en esta industria. Yo siento que el teatro no está precisamente en ese “boom” que en algún momento se le llamó. Ricardo Blume dice una cosa que me parece genial: que el teatro tiene siempre una situación agónica, lo compara con el estado de salud, porque, o se salva, o se muere, pero nunca está sano. Entonces, hablando del teatro en nuestro país, han surgido nuevas salas de teatro, sí, pero no todas están llenas; tampoco -y esta es una opinión muy polémica- todo lo que se hace y se ve puede ser considerado teatro. Muchas veces vemos shows, diversión, pero no es teatro. El teatro tiene otras características, y para eso necesitas haber formado un público que  sea exigente. Muchas veces en nuestra ciudad, la gente aplaude de acuerdo al costo de la entrada que ha pagado; fueron a Teleticket, pagaron 120 soles, entonces les tiene que gustar a la fuerza y aplauden a cualquier cosa.  Eso es grave, porque si tú no eres exigente, te dan gato por liebre. Hay una gran suerte de que sí existen grupos y compañías que sí logran vivir, refiriéndome al teatro independiente en nuestro país. Hay espectáculos que son realmente buenos, y sin embargo, las salas están a la mitad o casi vacías. En su mayoría, las personas prefieren ir a los grandes teatros del circuito de Miraflores, por ponerte un ejemplo, pero esto no es justo, porque no es el lugar el que hace la calidad de la obra, es la obra misma y los actores, la coherencia de lo que se muestra en escena.

Creo que estamos en un momento en el que no se puede decir que todo en la industria es bueno y un éxito, pero sí es un buen momento para la dramaturgia peruana, de ahí empieza todo, y luego con la formación de públicos. En lo que sí creo profundamente es que los jóvenes directores tienen la obligación de empezar a trabajar con grandes, y no me refiero solo a personas que son famosas y tienen nombres reconocidos, sino a las condiciones de trabajo con buena infraestructura, buenos presupuestos, y gente con experiencia. Si quieres jugar en las ligas mayores, tienes que jugar con los grandes.

Finalmente, ¿qué consejo le darías a las generaciones de jóvenes talentos que quieren ingresar al mundo del teatro?

En realidad, no soy de dar consejos, pero algo que digo muy seguido es que no existe “la escuela”. No por haber estudiado en Londres o Italia hay diferencia. Al final de cuentas, eres tú, y si verdaderamente quieres ser actor o director, no interesa dónde te formes, pero sí es importante que sea una escuela buena. Un consejo creo que podría ser que sean conscientes de que ellos mismos tienen que gestionarse como un producto que tiene que entrar en un mercado, suena muy frío, pero si estás sentado en tu casa esperando a que te llamen, no va a pasar nada. No creo tampoco que el Microteatro sea una alternativa para hacer después teatro grande, simplemente es un estilo diferente. No es que sea un camino para. Personalmente, no me agrada mucho, pero cumple con los objetivos. En fin, el formato verdadero se da trabajando en una obra con una dramaturgia que contempla una hora y media o dos horas de espectáculo. Otro más, si quieres hacer teatro, olvídate de la televisión. En nuestro medio, la televisión desgraciadamente es basura, pero para el teatro no sirve, son cosas muy separadas. Eso, básicamente.

María Paula Regalado
Estudiante de Comunicaciones en la Universidad de Lima. Habladora hasta los huesos y escritora de nacimiento. Vivir para el arte y arte para vivir. Autora del blog Todas Nuestras Estrellas.
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