CULINARIUM

Opinión: Reglas son reglas hijo mío

Lo recuerdo como si fuera ayer. Llegaba corriendo a un examen de cocina, después de haber conseguido un trapo para limpiar mis crocs blancas que en ese momento eran de color… Digámosle café con leche, para poder sentirme tranquilo a la hora de entrar al examen y que el Chef Angelo no me diga ¨Gallet, a limpiar sus zapatos o no entra a la cocina¨ escena un poco repetida conmigo porque eso de los zapatos siempre me pareció algo absurdo, sobretodo cuando ya estaba parado en la puerta y no los había limpiado.

Reglas son reglas, eso siempre lo supe, pero no se trataba de si yo era una persona sucia o un rebelde sin causa para aparecerme en el examen con los zapatos sucios como si no me importara nada, sino más bien era un chico aterrado que, con poca experiencia aún, le preocupaba en demasía las tres o cuatro horas de examen que se le venían encima, horas que ahora recuerdo y me causan risas, sudores y hasta un poco de pesadillas, pero que en ese momento me nublaban y no me dejaban pensar en otra cosa.

Aprendiendo, eso es lo que yo estaba haciendo y el chef Angelo no pudo haber sido mejor guía. Aparte de que me reventó las pelotas todos los exámenes en los que me cuidó y me hizo sentir en la mierda todo el rato, sabía que había algo atrás que hacía que no lo odie, que le tenga cólera si, pero no odio, es más, todos nosotros lo queríamos mucho, algo que parecía extraño por el tono con el que nos hablaba y los trabajos que nos hacía hacer. De alguna manera sabíamos que quería lo mejor para nosotros.

En un punto llegué a pensar que nos hacía perder el tiempo, que sus trabajos eran absurdos también, que su actitud era déspota e injusta y que su amistad no era honesta cuando te ponía en rush en pleno examen y tú no sabías porqué. Lo llegué a pensar si, pero de nuevo había algo que me detenía a llevarlo hacia el lado oscuro, siempre lo mantenía dentro de la fuerza aliada y no sé porque.

Muchas personas nunca lo entendieron pero mis amigos y yo si. Éramos un grupo pequeño de entusiastas que si pretendían ser cocineros de verdad, que trabajábamos mientras estudiábamos por puro gusto y que vivíamos día a día en carne propia lo que era una cocina real. No tenía ni punto de comparación con las de la escuela, pero el único chef que rescataba, predicaba y enseñaba a desarrollar el aguante para una cocina de verdad fue nada más y nada menos que mi gran amigo el chef Angelo.

Hoy puedo decir que es mi amigo. Cuando sufría en silencio mientras trabajaba aguantando sin saber porqué ni como, me di cuenta que el chef Angelo nunca nos había dado la espalda. Él siempre estuvo ahí para demostrarnos lo que era real, lo que no era mediocre, lo que valía la pena. Estuvo ahí como chef y como amigo.

Te invitaba a que decidas si lo tomabas o lo dejabas, porque así era él, una persona real, anti mediocres y si creía en ti te lo iba a demostrar. No iba a permitir que seas un mediocre, sobre su cadáver! Pero si demostrabas lo contrario y ser mediocre era lo tuyo, mejor que te vayas esforzando, porque el chef Ángelo iba a estar ahí para cambiarlo. Creanme.

André Gallet
Egresado de la carrera de Gastronomía y Arte culinario de la universidad Le Cordon Bleu, empedernido cocinero que sigue persiguiendo sus sueños y espera nunca dejar de aprender.
Click to comment

Deja tu comentario

Loading Facebook Comments ...
To Top