CULINARIUM

Nutrición: La dieta alcalina

La dieta alcalina se basa en que los alimentos ingeridos pueden modificar la acidez o alcalinidad (el pH) del cuerpo en especial el de la sangre. En este tipo de alimentación se da preferencia al consumo de alimentos alcalinos ya que ellos evitarían la aparición de enfermedades e incluso podría combatir el cáncer.

Las bondades que ofrece este tipo de alimentación son muchas pero al mirar con ojos críticos nos daremos cuenta que esa información carece de evidencia científica y por ende no es cierta, para no caer en información engañosa, basta con tener en cuenta algunos puntos.

Primero que nada, tenemos que tener en cuenta que el pH es una medida de la acidez o alcalinidad de una sustancia. La escala va de 0 a 14: de 0 a 7 es ácido, 7 es neutro, de 7 a 14 es alcalino. Según está dieta, los alimentos se clasifican en acidificantes o alcalinizantes en función de los “residuos” que dejan al metabolizarse.

  • Ácidos: carne roja, pollo, pescado, lácteos, huevos, cereales y alcohol.
  • Neutros: grasas naturales, almidones y azúcares.
  • Alcalinos: frutas, nueces, legumbres y vegetales.

Este tipo de regímenes proponen la medida de pH de la orina como indicador del “grado de alcalinidad”. Ante ello, es necesario saber que el pH de la orina no tiene ninguna consecuencia en la salud y no indica el pH de la sangre. Si bien es cierto el pH de la orina se puede afectar por la ingesta de los alimentos también hay otros factores que lo modifican.

Por otro lado, hay que considerar que el pH de la sangre siempre se va a mantener entre 7.35-7.45 (levemente alcalina) para que las funciones fisiológicas y reacciones bioquímicas se lleven a cabo. Si este equilibrio se viera alterado podría ser fatal, y ello solo podría ocurrir ante algunas enfermedades. Por ello, el cuerpo es tan sabio que cuenta con mecanismos reguladores como el riñón, pulmón y sistemas amortiguadores para mantenerse en equilibrio a pesar de la enorme carga de ácidos procedentes del consumo de alimentos y del metabolismo de los tejidos.

Hay que considerar que no podemos hablar de un pH constante en el cuerpo ya que este varía en relación a cada órgano. Ejemplo, el estómago es ácido para llevar a cabo la digestión, el intestino es más básico para que las enzimas digestivas trabajen, y de esta manera el pH va cambiando.

Por último,  se piensa que las células cancerosas crecen en ambientes ácidos sin embargo, hay estudios que comprueban que crecen en todo tipo de pH. Así también, se considera que el pH ácido predispone a la osteoporosis pero no se ha encontrado estudios que demuestren esta relación.

Una alimentación con variedad de frutas, verduras, legumbres, etc. sin duda predispone a una mejor salud, pero no porque modifique el pH, sino por la variedad de nutrientes y fibra.

La información con la que se cuenta es amplia. Sin embargo, hay que basarse de estudios y fuente confiable para su divulgación.

Alexandra Marquez Hinojosa
Licenciada en Nutrición y Dietética de la UPC. Se dedica a la consultoría nutricional desde hace 5 años. Ama prevenir enfermedades crónicas a través de la nutrición. Tiene gran interés por la sostenibilidad lo que la llevo a tener la especialidad en Responsabilidad Social y Sostenibilidad (ESAN). Miembro de Save Food, iniciativa mundial en contra del desperdicio de alimentos.
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