CULINARIUM

Gastronautas: Pa’ testarudo, testarudo y medio.

Todavía miro atrás y recuerdo lo testarudo que fui de niño, cómo esta actitud me persiguió hasta la adolescencia y ya en el comienzo de la adultez, noté que era parte de mí hasta los huesos. He sentido su presencia día a día en lo que va de mi vida y le agradezco eternamente en lo que me he convertido. Digamos que la parte de la niñez va a ser obviada por temas técnicos, pero si no hubiera sido testarudo en la adolescencia, ahorita quizás no estaría escribiendo ni cocinando. Cosa que estoy seguro no ayudaría en la búsqueda de mi felicidad.

Antes de ser cocinero, intentaba ser feliz buscando la rutina. Estudiaba administración en la Universidad de Lima y buenamente estaba seguro de lo que iba a lograr y cómo iba a hacerlo. Muy al margen del amor juvenil, que me tenía distraído, y las clases y exámenes que me interesaban poco o nada, no tenía problemas existenciales… Simplemente no era feliz.

La testarudez cambio mi vida y le dio un cierto sentido. Terminando la adolescencia, decidí romper con los paradigmas y salirme a mitad de la carrera administrativa para ir en busca del sueño. Decidido a perseguirlo a como de lugar, decidido a ser cocinero.

Ya más adulto, maduré (cosa que aún no termino de hacer). En el mundo culinario choque con personas de mi misma especie, testarudas hasta los huesos. Trabajando, conocí a mis primeras pesadillas, y mi testarudez empezó a tener respeto y a saber cuándo quedarse callada. Esas primeras pesadillas a las que en ese entonces odiaría a muerte, me estaban dando una lección de vida, por la que estaré eternamente agradecido.

No me enorgullezco de muchas cosas que hice debido a la testarudez, algunas veces se puede confundir con desatino, pero nadie nace perfecto, ni sabiendo cómo ser un soldado, dentro de un lugar llamado cocina, lugar que seguramente a muchos les trae recuerdos de amor y travesuras, como a mí.

Siendo sincero, sin esa testarudez, quizás yo no seguiría cocinando. Esta vida es dura y no es apta para un simple mortal, acepto que de alguna u otra forma da algo de miedo. Aprendo de la actitud testaruda de cada jefe que tengo, de cada cocinero que conozco, de cada lavador que me dió una lección de vida y de cada persona que trabaja detrás de ese pase.

Es chistoso que hasta ahora, mi mamá me aconseje que no sea un testarudo. Sé que su mundo es totalmente distinto al mío, por eso más o menos entiendo su punto de vista y que quiere lo mejor para mí. Yo, en cambio, te aconsejo que no dejes de serlo. Sé testarudo pero sé maduro al serlo. Así, en la cocina, te aseguro que vas a ser fuerte para aprender, crecer y quizás te lleve lejos… Como espero que algún día me lleve a mí.


Fuente de imagen: André Gallet

 

André Gallet
Egresado de la carrera de Gastronomía y Arte culinario de la universidad Le Cordon Bleu, empedernido cocinero que sigue persiguiendo sus sueños y espera nunca dejar de aprender.
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