CULINARIUM

Gastronautas: Nunca estoy solo

nunca estoy solo

No puedo negarles que escribir desde el asiento de un avión, y ya no desde mi sillón en Madrid, es algo emocionante. Pero digamos que lo emocionante se acaba cuando recuerdo que me estoy yendo sin saber con exactitud cuándo volveré. Es ahí cuando la cosa deja de ser tan graciosa.

No se imaginan la tristeza que me dio al irme, ni yo me esperaba tanta frustración cuando me recogía el taxi a las 6am y yo no quería bajar. Todo lo que se creó acá, mis amigos que ahora son mi familia, mi casa en bretón de los herreros y todos los recuerdos bonitos, sí que los voy a extrañar.

En medio de esta tristeza inmedible y de la frustración incontrolable que sentía, saber que vería a mis papás, a mi hermana, mis perros y todos mis amigos, hacía un poco más masticable mi regreso, pero eso era algo que yo ya sabía que extrañaba. Al pisar la manga y caminar hacia el avión, súper incómodo con mi longboard y mi mochila de 20 kilos a la que le metí todo lo que pude, para no pasarme de los 23 kilos en mis dos maletas, solo pensaba en una cosa… Mi comida en Perú.

Realmente estoy tan loco por la comida de mi país, que pensar en el sólo hecho de meterme a la boca una cuchara sopera repleta de pescado, cebolla, leche de tigre, camote, choclo y cancha… Es gloria. Y esa gloria, me rescataba de a pocos de esta depresión que llevaba en silencio.

Cuando llegue a mi asiento, muy callado yo.. Algo raro en mi, escuche sin querer la conversación de las dos señoras que estaban a mi costado, perdón… Señoritas. Ellas hablaban de lo rico que es comer en su país, de que no hay lugar como el, que regresar siempre es pura felicidad y que a una de ellas en su casa, le hacían buffet como bienvenida, asumí que era una mujer feliz.

Su intercambio de palabras no duró mucho hasta que llegaron a lo que quería escuchar ¿De donde eran estas señoritas? Porque la verdad que todo lo que habían dicho, encajaba perfectamente con mi país, pero no quería pecar de fanático.

Evidentemente dijeron de Perú, y como lo de quedarme callado no iba a durar mucho, no me aguante y les dije – No puedo negar que su conversación es sumamente interesante, a lo que ellas respondieron ¿Peruano también? Listo, se había forjado una amistad.

Nunca me sentí solo, con Angie y Nelly conversándome de todo un poco, pero sobretodo de lo que planeaban comer, con quienes lo iban a comer y donde lo iban a comer (no conozco Lima, pero se donde venden anticuchos y picarones) Dijo Nelly, la más pícara de ellas que vive desde los 16 fuera de perú, me sentí muy acompañado.

Gracias por su compañía, su amabilidad y los buenos deseos nuevas amigas, les deseo mucha felicidad, hicieron de mi triste regreso algo mejor. Y tú Nelly, espero hayas disfrutado de ese locro con pescadito frito que te esperaba, realmente, quien como usted.

Un abrazo fuerte.

André Gallet
Egresado de la carrera de Gastronomía y Arte culinario de la universidad Le Cordon Bleu, empredernido cocinero que sigue persiguiendo sus sueños y espera nunca dejar de aprender.
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