CULINARIUM

Gastronautas: No me gustan las rutinas, pero…

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Yo tengo un problema de concentración, desde siempre. En el cole no podía pasar diez minutos atento. Me la pasaba observando el mundo a través de la ventana, me inventaba historias o dibujaba cubos y figuras geométricas en mis cuadernos. Obviamente mi mente dispersa siempre me juega pasadas en mis labores diarias. Por si fuera poco, no tengo un trabajo estable, soy “freelance” o como me gusta llamarlo “un eterno desempleado con varias opciones laborales”. Esta “libertad” laboral suele tener como beneficio manejar tus tiempos a tu antojo (esto es mentira, pero para fines prácticos digamos que es verdad).

Hace un mes tomé la decisión de cambiar mi estilo de alimentación. Comencé por balancear mis comidas, pero como todo, el entusiasmo suele disminuir conforme va pasando el tiempo, y pronto la fuerza de voluntad empieza a jugar un rol esencial. Antes de fin de mes te ves a ti mismo, a ese helado de chocolate y a tu ansiedad agarrándose a golpes en tu cerebro para decidir tu destino. Y es que cambiar tu estilo de vida, cualquiera que sea, requiere de mucha concentración, un gran esfuerzo y tremenda fuerza mental. Por tanto, de considerable desgaste físico y emocional.

Pero esperen, ¿cómo yo, Quike Anaya, desconcentrado, sin horarios fijos, olvidadizo y para colmo amante acérrimo de la comida puedo cumplir con mi objetivo? Analizándolo entendí que, al menos para mí, la mejor forma de afrontar estos problemas era ajustándome a una rutina. Así que ni modo. Este primer mes, decidí concentrarme en establecer esa rutina y ayudar a mi cuerpo a comprenderla. Y para eso dejé casi todas mis labores de lado y me enfoqué a informarme, comprar y cocinar mis alimentos y hacer deporte.

Hacerte de una rutina alimenticia ayuda a no desviarte de tus metas. Si sales con tus amigos y te “olvidas” de que tienes que comer, tú cuerpo te lo va a recordar y cuando salgan los chorizos de la parrilla o te ofrezcan papitas con huancaína, vas a necesitar del triple de fuerza de voluntad para no abalanzarte sobre la mesa.

Yo soy un tipo con pocas rutinas, no suelo tener dos días iguales y me gusta mi vida así, pero es más complejo llegar a objetivos de largo plazo sin rutinas marcadas en tu vida. Por ejemplo, para tener una alimentación sana tu cuerpo necesita preparar millones de cosas antes de recibir y procesar los alimentos. Si no tienes una rutina de alimentación clara a tu cuerpo le va a costar entender en que momento vas a comer, por ende, nunca podrá estar preparado adecuadamente.

No creo que todos tengan que ser tan drásticos como yo y dejar todo de lado por un mes, solo para acostumbrarse. Cada quien sabe cómo funciona su vida y su cuerpo, pero el mío necesitaba una pausa para poder aprender las nuevas reglas que le estaba imponiendo. Al parecer las está recibiendo. Se queja, pero no le queda de otra.

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