CULINARIUM

Gastronautas: Mis mujeres culinarias

Después de esta larga semana llena de manifestaciones, marchas, conflictos y choques culturales, recuerdo que pensé bastante en las mujeres y en su empoderamiento. Cuestión de poder que nunca me a afectado, ya que mi mamá me dejó muy claro desde niño que las mujeres no tienen ninguna diferencia con los hombres con respecto a conseguir lograr sus metas. Siempre las he respetado por igual, el machismo es para cobardes.

Siempre me a dado gusto cruzarme con mujeres poderosas en la cocina, mujeres con personalidad. La única diferencia podría ser la testosterona y la fuerza física que podría, en papeles, hacer que los hombres aguanten más, a un ritmo más pesado. Pero siempre me ha encantado cruzarme con esas mujeres que le dan la contra a esta estúpida teoría.

Admiro y hablo de esas mujeres, porque para mí son más un empuje que una amenaza. Trabajar con chicas de esa especie, las luchadoras, a las que en la cocina se les suele decir las que ¨son como hombres¨ es un honor para mí. Esas mujeres que no le tienen miedo a cargar cosas pesadas, prender un horno o una parrilla con leña o que les pidas favores que hasta a ellas mismas les suena a reto, son las que me gustan; las que quiero en mi equipo, las que quiero en mi vida.

Gracias a la vida, he tenido la oportunidad de cruzarme con muchas de estas mujeres hermosas. Que hacen que la vida tenga sentido cuando las ves trabajar o vivir. Tengo amigas no cocineras, que por el temple y actitud que tienen, podrían tranquilamente sobrevivir en una cocina. Y mis amigas cocineras, esas valientes con las que he compartido batallas, siempre las voy a recordar con mucho cariño, fueron en gran parte mi empuje para seguir adelante.

Tengo el honor de conocer a cocineras aguerridas y otras que no tanto, así que entiendo la diferencia. Recuerdo con una sonrisa en la cara esas situaciones en las que por pecar de caballero me topaba con un ¨Yo puedo sola¨ o quizás con un infaltable ¨Porque no me pediste ayuda a mi?¨ cuando había algo pesado, y yo que soy un flacucho, sufría por cargar una olla o alguna caja.

El disfrute y admiración que crecía dentro mío por estas mujeres luchadoras, que me recordaban a mi mamá, mi hermana y quizás hasta a alguna ex novia, era indescriptible. Tener una jefa que me trataba como esclavo, la más dura que he tenido, que me formó para los años que se me venían y que curiosamente me llegaba al ombligo.. Fue quizás mi primera gran lección dentro de una cocina y por la que yo estaré eternamente agradecido.

No me quiero quedar sin hablarles de mi última jefa Alicia. Persona que, a pesar de una pérdida y una situación adversa en su vida, entraba con una sonrisa en la cara a trabajar, mantenía su sonrisa durante todo el día y se iba sonriendo y contagiando este sentimiento por donde caminaba. Ella era así, fuerte y buen rollo y desde Perú le digo gracias de corazón, por enseñarme a querer ser un poquito más feliz, no importa lo que pase.

Sé que el día de la mujer ya pasó y que quizás sea un poquito tarde para esto. Pero mi columna se publica los sábados y lo bueno se hace esperar.

Un abrazo fuerte a todas las mujeres luchadoras, son la creación más linda en el universo y nosotros no podríamos sin ustedes. Pero sobretodo un abrazo y un beso enorme a todas esas cocineras que pasaron por mi vida y dejaron una lección imborrable en mi, las extraño siempre.

Feliz día de la mujer, de parte de este su humilde servidor.

André.

 

André Gallet
Egresado de la carrera de Gastronomía y Arte culinario de la universidad Le Cordon Bleu, empedernido cocinero que sigue persiguiendo sus sueños y espera nunca dejar de aprender.
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