CULINARIUM

Gastronautas: El hijo pródigo del Ceviche

No es lo suficientemente ácido y quisieron ahorrar en limón, así que le agregaron caldo; Lo pedí picante súper picante pero tuvieron miedo a mi pedido y no pica nada, tuve que pedir más ají; no dan canchita para comer el ceviche ¿En qué están pensando?!… La cebolla no es parte del ceviche, es un acompañamiento que le da color, grave error. El camote glaseado sabe a naranja y te dan muy poco porque esta glaseado, si no está glaseado te dan bastante, pero no está tierno y si esta tierno, te dan poco, etcétera.

Masomenos así es mi cerebro cuando me siento en una cevicheria. No es nada personal, generalmente nadie se entera de lo que pasa por mi cabeza cuando como un ceviche, pero es algo bastante espiritual. Esas quejas mentales son bastante comunes y muy rara vez encuentro un ceviche que me reviente la boca pero cuando lo hace, no hay amor más incondicional que ese. El ceviche y yo, yo y el ceviche.

Hace poco fui por segunda vez a un sitio al que no volvía hace años. Recuerdo que no me marco, que dejé comida en el plato, que me pare y me fui sin darle mucha importancia. Cuando me pasa eso muy rara ves regreso, menos si es ceviche, pero me lo volvieron a recomendar de pura casualidad, es así que pase por ahí con un amigo y por alguna extraña razón me anime a darle a ellos y a mí, una segunda oportunidad.

Me siento, pido un ceviche de pescado súper picante y pruebo la cancha. Nose ustedes, pero que la cancha siga caliente para mí es orgásmico, meterla en la leche de tigre y comérmela es un acto de dios y ésta, estaba recién hecha o muy bien mantenida. Habíamos empezado bien, pero el ceviche aún no llegaba.

Entre conversaciones que iban y otras que venían, sin demorarse mucho, el ceviche llego. Tenía una pinta que emocionó inmediatamente a mis glándulas salivales y babeaba de la ansiedad, los ajíes encima me exitaban un poco lo tengo que admitir y la ausencia de culantro me hizo recordar la primera vez que fui, fue como un flashback no tan grato, pero lo probé. Lo probé, sonreí, comí cancha porque mi pico un culo y entendí que las segundas oportunidades si existen.

Lo más curioso de todo es que volví a dejar. Tienen que entender que si el ceviche me gusta pierdo lo modales y limpio el plato, pero esta vez deje por una razón diferente. Pueden haber muchas quejas mentales en mi cerebro, pero nunca pensé pensar, sobretodo de un ceviche que me volvió a enamorar, que era demasiado pescado. Era como decir ¨es una buena chica, pero es muy linda¨  nose si me dejo entender.

Había sacado de mi mapa a ¨La casa del ceviche¨, pero ellos aprovecharon la casualidad y me acogieron en su casa como al hijo pródigo. Me encantaría ver un poco de culantro encima y, aunque suene a locura, un poco menos de pescado. Pero entendí profundamente porque alguien me lo recomendó nuevamente. Terminé feliz por la experiencia, satisfecho con el reencuentro y sudado por el picante.

 

André Gallet
Egresado de la carrera de Gastronomía y Arte culinario de la universidad Le Cordon Bleu, empedernido cocinero que sigue persiguiendo sus sueños y espera nunca dejar de aprender.
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