COMA Y PUNTO

Crónica: Yo no como sushi

No sé porqué nadie me entendía, en verdad no me gustaba ni un poquito. Son incontables las veces que he puesto el parche y no he permitido que el sushi sea una opción, las personas a mi alrededor no entendían lo que pasaba conmigo, creo que era bastante grave para ellos… ¡¿Cómo no podría gustarme?! Yo tampoco lo entendía.

Cuando tenía como quince o dieciséis años existían muy pocos restaurantes japoneses en Lima, eran bastante caros y su público se basaba en japoneses, sus descendientes o personas un poco más atrevidas para comer algo crudo aparte del ceviche, nunca estuvo en mis planes ni en los de mis papás entrar a comer a uno de estos, así que no puedo negar que eso retrasó un poco ese gusto adquirido. La verdad es que me tenía sin cuidado adquirirlo, así que todo estaba bien.

Todavía no eran masivos los sushi bar pero ya existían algunos un poco más concurridos. Edo era uno de ellos, tenían un local enano en San Borja por la casa de una tía y ahora ya perdí la cuenta de cuántos locales tienen, una locura, tengo otros restaurantes en mente pero no hablo de ellos porque nunca fuí, así como el sushi no estaba en mis planes, esos restaurantes tampoco.

Cuando trabajé en Maido algo dentro de mí me decía que tenía que darle una oportunidad. Como cocinero no había sido fácil decir que no tantas veces, pero trabajando en un restaurante Japonés (con fama de ser el mejor) hizo que se me incline aún más la posibilidad. El complot no demoró en llegar y cuando dije que no me gustaba el sushi, los rolls de “prueba” o “mal hechos” por mis hermanos de la barra llegaban por obra y gracia del Espíritu Santo a mi área. Es ahí señores, que por primera vez mastiqué, disfruté y saborié un roll sin escupirlo antes. No fue fácil.

Sabía que el gusto era adquirido y que esta vez sí quería adquirirlo, así que cada vez que podía me comía uno o dos rolls. No fue una etapa muy grata al comienzo, pero conforme fue pasando el tiempo ya los empezaba a saborear, empezaba a cambiar mi percepción de todo esto, ahora los comía, sabía por qué no me gustaban, aprendía a usar los palitos, el alga ya no podía conmigo, el vinagre en el arroz empezaba a ser dominado, hasta me atrevería a decir que los disfrutaba.

Muchos años han pasado (demasiados diría yo) y el proceso ha sido largo. Aún no estaba seguro de si me gustaban o si sólo me los metía a la boca, masticaba y tragaba sin respirar, pero después de arriesgar unas cuantas veces, ir a Filo en su edición de Makis y comerme todo lo que me dieron, puedo decir que el sushi, los rolls y yo, formalmente nos conocimos.

André Gallet
Egresado de la carrera de Gastronomía y Arte culinario de la universidad Le Cordon Bleu, empedernido cocinero que sigue persiguiendo sus sueños y espera nunca dejar de aprender.
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