COMA Y PUNTO

Crónica: A pedido de la afición

La casa de un amigo fue la sede para ver el partido de Perú hace una semana. No puedo evitar recordar con mucha alegría todo ese día, con cerveza en el techo, parquet empapado y un perro asustado por los gritos. Pero sí, Perú había ganado.

Cuando salimos y vi la noche, entendí que habíamos pasado todo el día viendo fútbol. Esperando con ansias los resultados de partidos que nos favorecieron y que acaben rápido para poder almorzar a las nueve de la noche, se nos pasó el día y me sentía un poco disconforme con el tiempo perdido, aun así valiera la pena.

En esta depresión existencial, buscando la manera de dejar de pensar tanto y comenzar a disfrutar por la victoria, es que entendí que era lo que estaba pasando conmigo, entendí que estaba acostumbrado a ya no ver esos partidos sin sentirme culpable de porque no estaba en una cocina, culpable de tener el tiempo para verlo, culpable sin sentido, pero entendiendo mi punto de vista.

Decidí no estar más triste innecesariamente, opté por estar feliz y recordar algunas de las mejores experiencias de mi vida, como la de ver en pleno rush un partido de Perú. Mientras que a los que pedían los platos les importaba poco o nada el partido, tú ibas entendiendo que mientras veías el fútbol tenías que volar y hacer todo de la mejor manera, siendo responsable, consciente, considerado y a la vez, orgulloso de ti mismo por darte cuenta de que como las mujeres, puedes hacer más de una cosa a la vez, qué talento.

La tele estaba colocada arriesgada y estratégicamente debajo de una escalera, encima de unas jabas de verduras y los estantes de las ollas ya lavadas por mi gran amigo Ernesto en el área de producción. Los que estábamos en ese momento afuera podíamos disfrutar del partido entero (incluyendo los gritos del jefe por la distracción que generaba) y los de adentro, salían y entraban muy seguido, aduciendo que su esfínter estaba fallando y necesitaban el baño con urgencia.

En estas palomilladas es que aprendí a valorar el no estar presente. Mientras todos mis amigos veían el partido (como yo el martes pasado) yo estaba trabajando, agradeciendo la oportunidad de que nos permitan tener una tele en pleno servicio, agradeciendo mi privilegio, agradeciendo la oportunidad.

Sin querer estuve presente en la mejor época de mi restaurante favorito, dónde ver los partidos estaba permitido y ser feliz también. Ojalá Perú llegue al mundial y cuando lo haga, ojalá esa tele vuelva abajo de la escalera, como hace unos años, como era antes, a pedido de la afición.

André Gallet
Egresado de la carrera de Gastronomía y Arte culinario de la universidad Le Cordon Bleu, empedernido cocinero que sigue persiguiendo sus sueños y espera nunca dejar de aprender.
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