CULINARIUM

Crónica: Nhelson Saravia, Cocinero y amigo.

Bastó cruzar una calle y caminar unos metros para que de un día para el otro esté parado en mi nuevo trabajo. La calle San Martín en Miraflores se convirtió por dos años en mi hogar, y la nostalgia de ver a mi otra familia todos los días en Rafael cruzando la calle, me tenía un poco distraído al comienzo.

Se sentía una sensación un poco extraña, la misma que sientes cuando llegas a un lugar y no conoces a nadie. Entré un poco cohibido, con respeto y perfil bajo, no soy de las personas que se reprimen por ser su primer día, más bien soy de los que intentan impresionarte y comerse tu mundo, pero lo que sentía por los cocineros de esa cocina no era miedo, era respeto.

Las sonrisas demoraron un poco en llegar, si no fuera por la sonrisa inmediata del que fue mi jefe, Edwin Guzmán, probablemente mi entrada hubiera sido un poco deprimente, más tirada para un velorio que para una bienvenida. Entendí después que algunos pensaban que el “blanquito”, flaco y alto del Cordon Blue iba a ser más un estorbo que otra cosa. Pues no fue así, cabe recalcar.

Hay personas un poco más cuadriculadas que podrían cocinar toda su vida en una cocina seria y callada, que no notarían que la felicidad está ausente en ellos por catorce horas aproximadamente, como entes que cocinan por rutina y esperan la hora de salida para irse a dormir sus seis o siete horas y regresar al día siguiente a la misma rutina del día anterior. Los hay y abundan, no son bichos raros, al fin y al cabo la cocina es un trabajo más que digno y cada uno tiene el derecho de llevarlo como le plazca. Los hay, pero también existen personas como Nhelson.

Nhelson llegó en mi segundo día, curiosamente mi primer día fue su día de descanso y sinceramente pensé que las sonrisas iban a tardar en llegar a Maido, pero cuando Nhelson llegó y me saludo la empatía fue inmediata. Así como yo había encontrado a mi partner de joda y felicidad, a él por fin le había llegado un causa a su medida. Si yo renegaba (bastante seguido) él me hacía matarme de la risa y si él se bajoneaba (ya que su vida es bastante más complicada que la mía), yo estaba ahí para apoyarlo, como amigos, como hermanos.

Se forjó una amistad interesante, de esas que espero nunca acaben. Conocí a un maestro de la comida Nikkei de mi generación y espero que sus jefes aprendan algún día a valorar ese talento de manera justa. Nhelson se va a Chile a trabajar y nose si los chilenos sepan lo rico que van a comer, pero de algo que sí estoy seguro, es que la felicidad no va a faltar en esa cocina, el sabor va a estar presente en cada bocado y esa apertura en Santiago, va a ser toda una locura.

Éxitos hermano, muéstrales cómo se hace.

André Gallet
Egresado de la carrera de Gastronomía y Arte culinario de la universidad Le Cordon Bleu, empedernido cocinero que sigue persiguiendo sus sueños y espera nunca dejar de aprender.
Click to comment

Deja tu comentario

Loading Facebook Comments ...
To Top