CULINARIUM

Crónica: Mi segunda familia

Hace ya unos años que no paso más de ochos horas en mi casa y son las que uso para dormir, saludar a mis padres, una pequeña charla y listo. Salir con mis amigas de toda la vida y disfrutar como la gente de mi edad es algo que debo planearlo con anticipación y muchas veces estoy tan cansada que no puedo hacerlo. Es así que la cocina se volvió mi vida y la gente que trabajaba conmigo, más que amigos, mi segunda familia.
Astrid y Gastón fue el primer restaurante donde empecé a vivir esto. Ya estaba en mis últimos ciclos de Gastronomía y llevaba solo dos cursos, por lo que tenía casi todo el tiempo libre, tiempo que decidí utilizarlo para hacer prácticas allí. Casa Moreira era muy grande, pero al pasar tantas horas ahí llegué a conocer a casi todos. Éramos toda una gran familia, salíamos juntos, compartíamos chismes y trabajábamos en equipo, durante el trabajo sí que eran muy exigentes, pero habían momentos de relajo como las comidas de familia por ejemplo. Hice muy buenos amigos, que sé que serán para toda la vida, por más que ahora cada uno esté en lo suyo y ni nos hablemos.
En Azurmendi aprendí lo mismo pero de otra manera. Yo fui a España sola sin conocer a nadie, por lo que la gente que conocí allí era la única que conocía en muchos kilómetros. Azurmendi nos daba vivienda en el mismo complejo del restaurante, las chicas teníamos una habitación con literas donde convivíamos y una cocina para chicos y chicas donde compartíamos las comidas, conversábamos y pasábamos los ratos libres. Allí entendí la necesidad de llevarte bien con la gente con la que trabajas y también lo importante de separar las discusiones de trabajo con la amistad, de no tomarlo personal.
Los amigos que hice en ambos restaurantes eran de todas partes mundo. Pude conocer un poco de cada cultura y entender más sobre temas que no había escuchado en mi vida y nunca me habían interesado. La mayoría eran mexicanos, pero también conocí españoles, coreanos, nicaragüense, nigeriana, etc. Tengo una deuda con muchas amigos de visitar algún día sus casas, así como ellos ya vendrán a Perú y serán recibidos de maravilla.
La cocina es dura, no solo por el arduo trabajo que hacemos día a día, sino por todas las horas que le dedicamos, también porque nos deja sin tiempo para nuestros amigos y familia. A pesar de eso debo decir que en el camino he conocido a gente maravillosa. He hecho amigos para toda la vida, que me han enseñado mucho y de los que seguro seguiré aprendiendo. Sé que siempre tendré un apoyo en la parte del mundo donde estén y nunca está de más tener un contacto por si se me ocurre mudarme a sus países a trabajar. Definitivamente esto es lo que más me gusta de trabajar en la cocina, conocer a gente del mundo, intercambiar ideas gastronómicas y hacer nuevos amigos.

Gabriela Portugal
Egresada de Gastronomía en Le Cordon Bleu Perú, con un gran debilidad por la Pastelería. Amante de viajar, comer y conocer nuevas culturas. Chef/Dueña en Maitea, cafe/bar de pintxos en Miraflores, Lima.
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