COMA Y PUNTO

Crónica: Los bares de Bilbao

Hace un año que volví de Bilbao, en el país Vasco. Una ciudad pequeña que lo tiene todo. Hecho mucho de menos su tranquilidad, la gente, su historia, pero definitivamente lo que más extraño, son sus bares. Es que allá los bares no son sólo un lugar donde tomar algo, son sitios donde se vive la gastronomía.

En mi primera noche en Bilbao, era tarde y yo moría de hambre luego de veinte horas de viaje. Ya ningún restaurante estaba abierto solo estos pequeños bares que para mí no significaban un lugar donde poder ir a cenar. En el hotel me sugirieron que fuera a uno, fuí, me senté en la mesa y observé. Esperaba que viniera alguien a preguntarme que quería o decirme que ofrecían, pero no pasó. Veía como llegaba la gente, se acercaba a la barra y pedía unas cosas que habían allí. Después de cinco minutos, el que atendía en el bar me llamó y me dijo que me acerqué a hacer mi pedido. Ése, fue mi primer encuentro con los pintxos.

Los pintxos son similares a las tapas, aunque generalmente más pequeños. El nombre es porque antes solían venir servidos sobre un trozo de pan y atravesados por un palillo. Sin embargo, con la evolución de la gastronomía vasca, los pintxos son cada vez más variados y ya no todos tienen el palillo. El primer pintxo se creó en San Sebastián y se llamó Gilda, ya que hace honor a una actriz que solía tomar el Martini con una aceituna en un palillo. Está compuesto por aceituna, anchoa y guindilla verde.

En el país vasco no hay nada más típico que entrar en un bar y encontrar la barra llena de estos pintxos. Van desde los más tradicionales como la tortilla de patata, hasta los más sofisticados experimentos de la alta cocina como lo serían el foie a la parrilla sobre queso de cabra. Acá no te atiende un camarero ni tienes que pedir una carta, tú los ves y los pides en la barra (En algunos casos tú mismo los puede coger) siempre acompañándolos de una caña, o tu copa de txakoli (vino blanco vasco).

Bares como estos hay por todo Bilbao y en todo el país vasco. Vas a encontrarte varios iguales uno tras otro y querrás entrar a todos. Al llegar allá yo vivía en un pueblo llamado Larrabetzu, que cuenta con una población de casi 2000 habitantes, muy pequeño viendo los estándares de Lima, pero solo allí ya encontrabas como unos 10 bares de estos , siempre con gente pasándola bien.

Este tipo de cultura de comer, beber y disfrutar de manera libre, sin formalidades, es lo que más echo de menos. Poder probar pequeñas delicias e ir de bar en bar deleitándome de todo sin tener que ir a un restaurante a sentarme, pedir la carta y esperar, para poder disfrutar de una excelente comida. Puede que sea muy raro para nuestra cultura, pero creo profundamente que es algo que a todos, una vez que lo experimenten, les va a encantar tanto como a mí.

Gabriela Portugal
Egresada de Gastronomía en Le Cordon Bleu Perú, con un gran debilidad por la Pastelería. Amante de viajar, comer y conocer nuevas culturas. Chef/Dueña en Maitea, cafe/bar de pintxos en Miraflores, Lima.
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