CULINARIUM

Crónica: Bar Queirolo, una previa a la noche

Hay lugares que poseen historia. Hay lugares en donde se gestan historias. El Bar Queirolo tiene de ambos. Y aunque yo pertenezco a una generación que no supo continuar una tradición de todo lo que alguna vez constituyó el mito detrás de esa bendita puerta de escape de la ciudad -acogida en una esquina eterna que reunió personalidades de virtud literaria y artística en los setenta-, creo que aún puedo honrar lo que ese espacio significa para muchos de los que vamos seducidos por las voces de los poetas de Hora Zero (que siguen debatiendo sobre la vida en las paredes) o simplemente para “previar” en un establecimiento que es, en palabras de Fernando Zavater, como un territorio materno y hospitalario. ¿Y quien no quiere saberse protegido en la ciudad en sus horas más libres? Las noches del Centro de Lima son justamente eso, un escenario libre para que diversos grupos de pares se encuentren en un espacio que los invite/obligue a convivir en armonía. No importan los planes, sea una velada en alguna mascarada del Hotel Bolívar, o insertarse en las profundidades de Vichama, o compartir pista con jóvenes extasiados y sudorosos en la Casona. Siempre he tenido al Bar Queirolo para la antesala. Entiendo que muchos puedan encontrar en ese universo de tradición, bohemia y memorias toda la noche armada. Pero en mi caso, y desde los años de estudiante, me prepara para la exploración de la ciudad, me mimetiza, me desarma con su mística solo para darme armas para la supervivencia allá afuera, en esa irrealidad de la vida urbana que suelo conocer. Materno y hospitalario, ¿no? Nada más cierto.

El Bar Queirolo tiene argumentos suficientes para las previas. Un espacio de otro tiempo cargado de historias; un bar solemne con cócteles de pisco, vinos y cerveza, además se puede jugar al alquimista con la siempre preferida res (una botella de pisco, una botella de ginger ale, limón, jarabe de goma, amargo de Angostura y hielo) que debes mezclar al gusto; y una propuesta culinaria de añoranza con los escabeches, el cau cau, la patita con maní y los siempre disponibles sánguches de jamón del país, jamón del norte, asado, etc. Todas estas ventajas conforman una sinfonía que vuelven adicto al más cauteloso. Porque piensa en un lugar de tradición criolla, con mesas históricas que guardan miles de reflexiones líquidas, con bebidas que estimulan a la honestidad y generosa comida que funciona para deleitar el paladar y amortiguar el alcohol. Hay un sentido de responsabilidad en decir cosas interesantes, que luego pueden volverse alaridos inentendibles de pura y bruta transparencia. ¡Y qué importa la vergüenza! El bar ya te conoce y guarda el silencio que tú no. Quizás uno de los más convincentes motivos que me hacen priorizar este bar como espacio de previos, es la micro sociedad que se forma alrededor de esa mesa. Una complicidad que, en cierto punto te obliga a guardar el celular por respeto a las personas que tienes enfrente. El Instagram puede esperar por siempre, aquí importa la historia de cómo mi interlocutor quiere cambiar el mundo con sus ideas. Y yo le creo mirándole a los ojos, mientras termino el segundo sánguche de jamón del norte. Listo, ¡vamos a bailar!

Carlos Estéban Sánchez Ramírez
Marketero irremediable, comunicador por vocación. La cocina es un arma social para la inclusión. Asesoro negocios culinarios.
1 Comment

Deja tu comentario

Loading Facebook Comments ...

1 Comment

  1. www.office.com/setup

    Abril 19, 2019 at 12:44 am

    Hey Thanks for sharing this valuable information with us. I will come back to your site and keep sharing this information with us.
    Best Regards – http://www.office.com/setup

Leave a Reply

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

To Top