COYUNTURA

Opinión: ¿Y ahora quién juzgará a Alan García?

Imagen: El Siglo

La noticia me sacudió como si fuera un baldazo de agua fría. El día miércoles 17 de abril de 2019 fue una concatenación de acontecimientos que irrumpieron en la vida de los peruanos a tempranas horas de la mañana. Primero la prisión preliminar contra Alan García, luego una herida de bala autoinflingida, finalmente, el deceso del expresidente.

Él siempre pregonaba ser inocente, incorruptible y un político pulcro. “Otros se venden, yo no”, se había convertido en su eslogan recurrente en Twitter. Las investigaciones fueron avanzando, los “intocables” fueron cayendo y el miedo en García se hizo evidente. Desde que se exasperó ante cámaras tildando de “imbéciles” a todo aquel que lo acusaba de haber cometido crímenes y con pruebas en mano, hasta este último suceso.
Se metió a un callejón sin salida, a un camino sin retorno.

Todavía no lo asimilo totalmente. El hombre que fue elegido democráticamente presidente del Perú en dos periodos se suicidó. El sucesor de Haya de la Torre, el mago de la palabra, el último bastión de un moribundo APRA, aquel hombre pícaro y cínico que siempre tenía una respuesta para todo, ya dejó de existir.

¿Ahora qué sucederá con Alan García? ¿Quién lo va a juzgar? ¿Qué mensaje nos deja todo esto? Ante la primera interrogante tengo sentimientos encontrados. Mi formación católica me dice que Dios será su único juez y él determinará dónde reposará el alma del exmandatario. Sin embargo, mi pensamiento agnóstico me dice que García Pérez se libró de lo peor que le pudo haber pasado en vida: la cárcel. Y él, probablemente, lo sabía de antemano.

El mensaje a rescatar no es el de un mártir que se inmoló por motivos nobles y ejemplares. Tampoco es el de un valeroso hombre que padecía una persecución política. Todo ello solo tiene sentido en una mente con una imaginación tan volátil como la de nuestro difunto expresidente. La verdadera moraleja de todo esto es que ser corrupto en el Perú ya no sale tan rentable como antes.

Me habría encantado realizarle una entrevista a Alan García, una vez culminada mi formación como periodista. A pesar de todo, yo lo consideraba un personaje interesante y contradictorio. También era una persona culta, eso es innegable. Por desgracia aquello solo será una idea mía, algo que permanecerá en el mundo del “y qué hubiera sido si”.

Respecto a mi disyuntiva religioso-filosófica tengo una posible respuesta: si es que existe un cielo o un infierno, en el momento que me toque partir, si me topo con Alan García, ya sabré dónde estoy.

Santiago Zelada
Periodista
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