COYUNTURA

Opinión: ¿Y ahora qué?

“¿Y ahora qué?” es la pregunta que se formula Robert Redford luego de ganar las elecciones a senador en una de las películas clásicas sobre la consultoría política: “El candidato” (1972). Y la pregunta no es baladí pues los contextos, el de elecciones y el de gobierno, son completamente distintos.

Vamos a lo nuestro, desde una mirada de la comunicación política ¿cuáles son esas diferencias más relevantes entre un contexto electoral y uno de gobierno? Por un tema de espacio me centraré en dos diferencias primordiales, las cuales han de ser tomadas en cuenta como base para los desafíos que le esperan a nuestro presidente electo (insisto, siempre desde el lado de la comunicación).

Lo primero que debemos tener claro es el carácter temporal y cortoplacista de las técnicas de comunicación política empleadas en un contexto de campaña electoral. Es bien sabido que en este caso lo que realmente interesa es lo que hacen los ciudadanos un día (o en nuestro caso –para ser exactos- dos días): los dos días de las votaciones en primera y en segunda vuelta. Así, mientras que la campaña se estructura en base a ese día crucial de las elecciones, en el caso de la comunicación política desde el gobierno lo que interesa es todo el periodo presidencial, por lo que el reto es el de estructurar un constante diálogo de más de 1800 días.

Ese diálogo, deberá buscar cambiar la herramienta para transmitir el mensaje, pues si en el escenario electoral la palabra juega un rol importante; en el caso de un gobierno son sobre todo sus acciones las que determinarán la orientación del mensaje político. Y es que en este segundo escenario la palabra ya no basta para convencer a los ciudadanos (ya no electores); tenemos que dejar el “tú, no has cambiado pelona” por acciones que trasciendan a un mensaje sostenible por lo que dura el periodo presidencial.

En el contexto de gobierno ya no pueden existir aquellas promesas -que algunos denominan- con fecha de caducidad incorporada, esas que nacen en la campaña y mueren al momento de la elección, ¿se les viene algún ejemplo a la mente? sí, el balón de gas a 12 soles del nacionalismo es un claro ejemplo de un promesa con fecha de caducidad incorporada. Insisto en esta etapa lo realmente importante son las acciones pues son ellas la que le dan la fuerza al mensaje, una fuerza mayor que las palabras en sí. Y por acciones comprendemos lo que se hace y -claro que también- lo que se deja de hacer.

La segunda diferencia es que mientras que en la campaña electoral buscamos ciertos públicos estratégicos para que nos den aquellos votos que necesitamos para ganar la elección; en el contexto del gobierno, esto cambia drásticamente, pues no se trata ya de conseguir un número determinado de votos, sino de comunicarse con todos los ciudadanos. A buena cuenta, si con los colectivos antifujimoristas alcanzó para ganar una elección de ninguna forma bastará para mantener un gobierno sólido.

Como bien dice Durán Barba, en la democracia moderna más que un “pueblo” abstracto hay gente, distintos grupos de personas que participan de la política desde distintas visiones del mundo. Pues el reto es el de buscar a todos y cada uno de los grupos para que -y aunque desde diferentes visiones- sean ellos los interlocutores del mensaje político de nuestro futuro presidente.


Foto: Peru21

 

Jorge Gonzáles Oré
Me gusta la comunicación y me apasiona la política, por eso estudié y me dedico a la Comunicación Política, me permite conjugar la racionalidad de la estrategia y la pasión por la política. Mi único afán: profesionalizar la política. Abogado PUCP con doble máster en Comunicación Política e Institucional.
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