COYUNTURA

Opinión: Sudamerica en punto de inflexión

Los primeros años de este siglo vieron nacer una tendencia de política económica de izquierda muy fuerte en Sudamérica. Brasil, Venezuela, Argentina, Ecuador y Bolivia se configuraron como el eje de lo que Chávez llamaría el socialismo del siglo XXI y buscaban anexar a esta corriente a otros tres países (Perú, Chile y Colombia).

Para lograr su objetivo se desarrollaron varias estrategias, desde el discurso internacional, hasta la intervención más descarada en la vida política interna de los pases. Prueba de esto fue la intervención de Venezuela en las elecciones peruanas del 2011, cuando estuvieron a punto de anexar al Perú a su plan a través del financiamiento de la candidatura de Ollanta Humala (el del polo rojo).

Mientas todo esto pasaba fuera de sus fronteras, dentro de sus países los ciudadanos vivían una época de bonanza económica, control de precios, subsidios para todos y trabajo para todos. Eran inundados de propaganda y discurso nacionalista, antiimperialista, etc. que los tenía casi a todos contentos.

Evidentemente, todo esto era posible gracias a que el cobre, petróleo, soya, hierro, trigo y gas cotizaban en sus niveles máximos. El petróleo a más de USD 100 por barril le permitía a Chávez meterse en la vida política de nuestro país con efectos concretos y a todos les permitía prescindir de la inversión privada para seguir creciendo. Así, Brasil se convirtió en un ejemplo de cómo un país puede volverse una potencia económica y estar bien manejado por políticos de izquierda; lo mismo pasó con Bolivia y Ecuador, que experimentaron fuertes niveles de inversión en infraestructura. Todo esto hacía parecer que el socialismo del siglo XXI funcionaba. A pesar de ello, la Alianza del Pacifico se resistió (Chile no tanto) y mantuvo sus políticas apostando por la libertad y la participación privada, tanto que Humala tuvo que quitarse el polo rojo y ponerse uno blanco.

Sin embargo, últimamente vemos que esos países están en problemas: déficits fiscales, devaluación de sus monedas, inflación, desempleo y fuerte conflictividad política y social. Es más, Argentina optó por elegir a la oposición, Dilma ganó con mucha dificultad (aunque acaban de sacarla, al menos temporalmente) y probablemente Correa sea historia en Ecuador.

La popularidad de estos gobiernos duró lo que duró el boom de las materias primas. La caída del precio del petróleo le quitó el financiamiento a Venezuela, Brasil y Ecuador, quienes ya no pudieron seguir manteniendo sus políticas; y como la inversión pública se agotó, la economía simplemente colapsó, y con ello sus propuestas y la mentira del socialismo del siglo XXI.

Parece ser que cualquier propuesta de política económica que se base sólo en la inversión pública, y sobretodo que prescinda de la inversión privada, está condenada a ser insostenible y colapsar apenas se quede sin sus fuentes de financiamiento, que normalmente son empresas públicas dependientes de recursos naturales o la emisión inorgánica de dinero.

Los sudamericanos estamos viendo el punto de inflexión de esta tendencia en el manejo económico y político de los países de la región: la elección de Macri y el impeachment de Dilma son señales tempranas a las que podrían seguirles las salidas de Evo, Correa y Maduro. Lamentablemente, este no viene siendo un proceso fácil para la gente de dichos países y será mucho más difícil para los que quedan.


Foto: BBC

Joswilb Vega
Economista con mucho interés en política que trabaja en el mercado de capitales.
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