COYUNTURA

Opinión: Más que amor, diversidad

Sense8 (Netflix)

“Love is love”, “choose love”, “celebra tu forma de amar” y “se libre de amar” son algunas de las frases que se escuchan cuando se aproxima la fecha de la conocida marcha del orgullo LGTBIQ. Los activistas e influencers las toman como lemas de campañas sociales y hasta amigos, compañeros de trabajo y familiares las comparten en redes sociales. Sin criticar estas manifestaciones, es necesario hacer un paréntesis para pensar más allá de esta reducción de la realidad y tomar conciencia de que aquí hay mucho más que amor, y que, incluso, a veces no lo hay.

Aunque hay países que han dado grandes pasos hacia el respeto de las personas LGTBIQ, el odio, la discriminación y la intolerancia hacia este grupo siguen siendo problemas muy graves a nivel global. Con motivo de contrarrestarlos, han surgido esfuerzos mundiales con estrategias de comunicación que apelan a la empatía de quienes no son parte de esta comunidad para concienciar sobre la situación de las minorías sexuales. Muchos de ellos han apostado por el amor.

En una historia, los protagonistas, que luchan por su romance y que enfrentan cientos de problemas, se vuelven los mártires amados por el público; mientras que quienes intentan impedir su relación— interpretados por individuos concretos, el Estado o por una sociedad discriminadores— se convierten en villanos, o quizás solo son descubiertos como tales.

Esta narrativa ya ha aparecido en diversos medios y plataformas, así como en series, películas, animes, novelas gráficas. Hay quienes, como espectadores, se han convencido de que es necesario defender la libertad de amar de las personas LGTBIQ, lo que probablemente contribuye a una disminución del rechazo hacia iniciativas como el matrimonio igualitario o incluso la adopción por parejas del mismo sexo.

Sin embargo, ¿este respaldo solo debe darse en base a su libertad de amar?, ¿qué sucede con quienes no tienen una historia de amor que defender? ¿Una sociedad respeta las libertades de las lesbianas o de los gais porque se trata de seres que solo brindan amor?

Claro que no debería ser así. Sería absurdo que se restrinja a quienes desechen el amor y prefieran tener una vida sexual no heterosexual muy activa sin búsqueda de compromisos. ¿O es que acaso las lesbianas, los gais y los bisexuales están obligados a vivir las fantasías de amor al estilo de Disney para estar en capacidad de reclamar sus libertades?

En marchas como la del orgullo, tampoco se debe olvidar que son múltiples las luchas y no solo se trata de la orientación sexual, sino de combatir la discriminación que sufren en base a otras particularidades como la identidad o expresión de género, o la diversidad sexual.

Es el momento de no ceder a comentarios que piden marchas sin escándalos, sin plumas y sin tacos; de comprender que si la sigla LGTBIQ incluye cada vez más letras es porque refleja la diversidad de las personas, como de formas de discriminación que se sufren; y de que el respeto y la igualdad jurídica que merece este grupo, como lo merecen todas las personas, no se debe a que tan adornada o conmovedora es su historia de amor.

Diego Ato
Comunicador por la Universidad de Piura. Especialista en gestión de proyectos de formación política. Interesado en temas de género y en sociedades cerradas latinoamericanas. Escribe cuentos de terror e infantiles.
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