COYUNTURA

Opinión: Los apocalípticos 90s y la ideología de una comisión

La coyuntura de hoy, mayo 2016, me empuja a escribir estos apuntes polémicos e intempestivos. Antes de comenzar, quisiera aclarar qué es lo que no quiero hacer: no quiero dar un diagnóstico especializado sobre las prácticas políticas de mis compatriotas a partir del año 1990. No he hecho (tampoco pretendo hacerlo por ahora aunque sí más adelante) una investigación sobre qué es el fujimorismo. Estos apuntes son consecuencia y necesidad de un peruano que ve cómo su sociedad se consume en lo que denomino la ideología anti, y mi crítica va sobre todo a sus características, a sus causas y a sus consecuencias hoy: la imposibilidad de la reconciliación. Mis notas no quieren agradar, quieren incomodar, lector, que estás tan seguro en tu polo: pro o anti; quiero moverte, pero no porque te odie, sino porque me interesas. Si hay contradicciones en este escrito, son consecuencia directa de la sociedad que describe y de las limitadas consideraciones de su autor “degenerado”, yo. (Esta es la primera de 4 notas que saldrán semanalmente).

Recuerdo que un amigo, allá por las elecciones del 2011, me dijo que si Keiko Fujimori ganaba, el congreso sería cerrado, los tanques entrarían a la universidad (este amigo era de la Pontificia Universidad Católica del Perú). Yo tenía 18 o 19 años, y sería mi primera elección. Lo que me sorprendía era la seguridad acerca de lo que pasaría. Yo había estudiado y recordaba el gobierno fujimorista; y de hecho no voté por Keiko; pero me sorprendía el apasionamiento que sentí en aquel joven, ya maduro, treintón. Sobre todo entre clases medias universitarias, he sentido esta actitud que yo llamo apocalipticismo noventero: son aquellos adolescentes de los noventa quienes, por razones históricas y de clase, experimentan hoy una aversión visceral contra el fujimorismo: fujimorismo y terrorismo en sus mentes son análogos en el sentido de que “con ellos, no se negocia”.

Luego de la caída del autoritario y corrupto régimen fujimorista, los gobiernos de Valentín Paniagua y Alejandro Toledo, y la ideología económica, política y social que representaron, ofrecieron el fundamento teórico a estos jóvenes clasemedieros que vieron pisoteada su libertad (la de su clase) y que, por eso, quieren que el fujimorismo desaparezca. Nace así el antifujimorista en su versión limeña de clase media. De allí que este antifujimorismo no represente al país y que sea respetable en tanto respete a posturas opuestas. Debe tomarse en cuenta que el fujimorismo para una madre de familia que quiso sacar adelante a sus hijos en un barrio popular no es el mismo para un joven clasemediero universitario que quizás buscaba en los noventas cambiar el mundo desde el jirón Quilca. No se trata de descalificar a nadie; se trata, como hace el Arguedas de Los zorros, de visibilizar a todos los actores y hacer que se encuentren polémicamente. Sin este paso, toda reconciliación es mala fe. De allí que interpretar la CVR como documento anti-fujimorista es anti-nacional en tanto deslegitima políticamente a un sector de la población. Lo que intento decir es que el fujimorismo hoy es lo que cada uno quiere que el fujimorismo sea, de allí su fortaleza pero también su debilidad.

toledoFoto: El Comercio.

Los gobiernos de Paniagua y Toledo junto a la intelligentsia académico-artística y elitista (pues no representa a las mayorías nacionales), de la PUCP y satélites, ofrecieron una legitimación al pensamiento “anti” sustentado en la ideología internacional de los derechos humanos en conjunción con un capitalismo menos violento que el fujimorista pero mucho más refinado. El cosmopolitismo globalizado de los tratados de libre comercio y derechos humanos se aliaron, y buscaron erigirse como hegemonía nacional. Nótese que no afirmo de ningún modo que la ideología post-fujimorismo de los noventa es anti; no; lo que afirmo es que su apropiación maniquea dio fundamento al pensamiento anti.

La gran limitación histórica de la CVR, y el de su centro ideológico, la PUCP, es que importó de tierras extranjeras conceptos como “el otro”, “la víctima” o “la interculturalidad”, e invirtieron energías y dinero (con buena y mala fe) para que esos términos se impusieran como hegemonía nacional. A pesar de las buenas intenciones, creo que estos conceptos intentaron imponerse de modo apresurado: una de las consecuencias de la ideología CVR (a pesar de ella quizás) es que asumió indirectamente (y lo ha asumido por más de quince años) que el fujimorismo desaparecería; la realidad de hoy demuestra lo opuesto, el fujimorismo vive (para bien o para mal). Y es esta supervivencia la que debemos comprender.

comisiónFoto: CVR

En términos gramscianos, esta intención era válida y realista. Pero luego de más de una década de la caída del albertismo y de una intensa campaña anti-fujimorista (desde los apocalípticos intérpretes de la CVR hasta los antis cuya vocación es odiar), debemos preguntarnos porqué la población ha decidido darle la mayoría parlamentaria al fujimorismo. Digo esto, además, como exalumno de la PUCP, así que sé de qué hablo. Muchos de mis amigos intelectuales sueltan frases como “país de mierda”, “¿por qué la gente es tan ignorante?”, y cosas parecidas.

Para buena parte de la intelligentsia PUCP, la posibilidad de que gane Keiko Fujimori representa el fracaso del Perú debido a la ignorancia de su población: esta posibilidad los indigna, les da asco. Considero que lo que sucede, en realidad, es lo siguiente: lo que los indigna es el fracaso de su Perú, del que ellos han creado y que aman desde sus cómodamente dogmáticas categorías ideológicas, y que no pudieron imponer al Perú en todos estos años. Es su fracaso; no el del Perú. Una actitud crítica y erótica, como la que propongo en estas notas, busca comprender por qué esto ha sucedido y reconocer que EL Perú no puede ser el Perú de aquella intelligentsia, y que es necesario el encuentro polémico y en democracia de todos los actores sociales y políticos peruanos, y el fujimorismo es uno de ellos: la población habló. Considerándolos ignorantes o no, es un hecho histórico.


Foto: Taringa.

Javier Suárez
Estudió Literatura y Filosofía. Mágister en Artes Liberales de la Universidad de Harvard. Actualmente es doctorando de Literatura Italiana y Española en la misma universidad. Ha publicado tres libros experimentales: 20+1: NOSSUM, 10+1: (SIN)VENTANAS e (IN)FIRMITAS 5+1. Es miembro del Colectivo Interdisciplinario TXT y participa en el proyecto pedagógico Pre-Texts. Interesado en temas de educación, gestión cultural, humanidades digitales y estudios “de-generados”.
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