COYUNTURA

Opinión: Habitando lo erótico

(Eros) Al estar en medio de unos y otros llena el espacio entre ambos, de suerte que el todo queda unido consigo mismo como un continuo.

Platón, Banquete 202a-203b

  1. Sobre el libro

Uno de los actos más complicados para el ser humano es criticar aquello que ama. En un mundo donde la competencia económica, política y cultural es intensa, las críticas hechas con erotismo son difíciles de encontrar. Abundan, en cambio, las críticas-bomba, destructivas, que anulan toda posibilidad de desarrollo de lo criticado o que incluso llegan al punto de negarle la existencia (el fenómeno “anti” en nuestro país sería un rasgo de este fenómeno).

También abundan las críticas-desierto, estériles comentarios que, a pesar de hacer un interesante análisis de la situación, no ofrecen una recomendación productiva (erótica) que permita afrontar la situación problemática. En este breve artículo, dividido en 4 momentos, haré una crítica erótica de tres fenómenos socio-culturales con los cuales me he vinculado estrechamente a lo largo de mi vida: el libro, la biblioteca y La Casa de la Literatura Peruana. Pero antes de la crítica-erótica creo que el lector deseará saber qué es, para mí, lo erótico.

Cuando imagino una crítica-erótica, vienen a mi mente las críticas que los buenos padres y madres hacen a sus hijos. Sé que el lector dirá que esto es muy general y que no aclara mucho la situación. Y tienen razón. Recurriré, entonces, a un antiguo amigo: el buen Platón. Lo erótico, ya lo definía así el filósofo griego, es un ser semi-divino, es Eros que, entre lo mortal y lo inmortal “interpreta y comunica a los dioses las cosas de los hombres y a los hombres las de los dioses” (Banquete 202a-203b). Lo erótica es, entonces, una relación, un movimiento que comunica a dos seres que se muestran como opuestos: a un dios y al hombre.

Una crítica erótica es, en este sentido, la relación productiva entre algo que ya es (el libro, por ejemplo), pero que puede ser mejor siempre; es una relación productiva entre uno, dos o más seres que promueve la auto-producción estética, ética y política del ser que es criticado. De allí que si la crítica se encarga de separar los elementos de lo criticado (análisis), la erótica llena productivamente el espacio que ha producido la separación. Vayamos al primer momento de esta crítica-erótica: los libros.

  1. El penar de los libros

Hace un par de años[1] dije que el libro desaparecería y que, por esa razón, la labor del humanista como la entendía y la entiendo hoy era promover otros soportes materiales para difundir y promover las humanidades. Esta idea aún la mantengo, pero me gustaría matizarla. El libro como objeto de cultura tiene un prestigio que se asocia a una larga tradición aristocrática o burguesa. Sin mucho floro, tener libros da status o, mejor aún, comprar libros proporciona capital cultural al comprador (aunque no los lea). Y es este paréntesis es el que estructurará mi primera crítica-erótica.

Hoy no debemos preguntarnos sólo por la cantidad de libros vendidos sino por la baja calidad de la lectura en nuestro país. Esta es la urgencia. Si bien se venden libros en la ferias, la pregunta que debemos hacernos hoy no es sólo económica (claro que, en términos de mercado editorial y sustentabilidad de las ferias, esta pregunta es necesaria, ya que finalmente los libreros y las editoriales viven de las ventas de los libros). Más aún, la pregunta tampoco debe ser por la cantidad de textos que leen, es decir, se puede medir la cantidad de best-sellers narrativos de más de 600 páginas que los lectores consumen, pero esto no garantiza que los compradores sean buenos lectores, solo garantiza que los compradores saben leer. Y entre la lectura y la buena lectura hay una gran distancia.

La pregunta que debemos hacernos hoy (y es una pregunta con sentido pedagógico) es qué políticas culturales debemos llevar a cabo para mejorar la calidad del lector peruano. Esa es la urgencia y la dirección a la  que debe apuntar la gestión del Ministerio de Educación, de los gobiernos regionales y de cada uno de nosotros: una activa labor pedagógica. El libro pensado sólo como costoso objeto de prestigio está condenado a desaparecer o a ser idolatrado por un pequeño grupo homogéneo de amigos (¿académicos, intelectuales, la minoría lectora de siempre?) que válidamente se reúnen para expresar una crítica, pero que no promueven iniciativas más allá de sus propios círculos y que, además, se erigen como paladines de la verdadera anti-cultura (piénsese en el fenómeno de la “anti-FIL”, feria que buscaba ¿competir? con la Feria Internacional del Libro de Lima).

Como dije, el fenómeno “anti” no es erótico porque, en lugar de habitar crítica y productivamente ese espacio que separa a dos fenómenos, deja ese espacio desierto impidiendo la comunicación de los fenómenos: el encuentro de la FIL y la anti-FIL para el 2017 sería, en este sentido, una iniciativa erótica. Esperemos se produzca. Asimismo, los libreros y organizadores de ferias deben encontrar nuevos modos de promover sus producciones si es que quieren ser agentes pedagógicos contemporáneos y no quedarse como editores y distribuidores resignados, muchas veces, a no ganar dinero y hacer lo que hacen por “amor al arte” o “para sobrevivir”. La idea del “amor al arte” (análoga a la de “poesía pura”) resulta, a final de cuentas, conservadora pues inmoviliza a la producción editorial y la deja anclada en una visión conformista de la cultura. ¿Se debe entonces dejar de producir libros? Mi segunda crítica intentará responder a la primera.

[1] https://redaccion.lamula.pe/2014/05/25/las-humanidades-a-la-calle/paulocp/

Javier Suárez
Estudió Literatura y Filosofía. Mágister en Artes Liberales de la Universidad de Harvard. Actualmente es doctorando de Literatura Italiana y Española en la misma universidad. Ha publicado tres libros experimentales: 20+1: NOSSUM, 10+1: (SIN)VENTANAS e (IN)FIRMITAS 5+1. Es miembro del Colectivo Interdisciplinario TXT y participa en el proyecto pedagógico Pre-Texts. Interesado en temas de educación, gestión cultural, humanidades digitales y estudios “de-generados”.
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