COYUNTURA

Opinión: Caminando entre Portales

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Lima es una ciudad desordenada. Todos aquellos que vivimos en ella podemos afirmar sin remordimiento que es así. Sumergida en una cultura de informalidad, criollismo y poca institucionalidad nuestra ciudad demuestra distintos síntomas que afirman lo que digo. Uno de estos es el tránsito. Tantas veces debatido y cuestionado en los últimos años por ser un problema latente y creciente que hasta ha despertado el interés de científicos sociales que buscan responder porque estamos condenados a transportarnos dentro de la capital de tan insufrible manera.

En un contexto así, el uso de automóviles dentro de la ciudad parece ser una idea ya ridícula (aunque necesaria) donde de manera inmediata se proponen medios de transporte alternativos que permitan trasladarse en menos tiempo que lo habitual. Las bicicletas, patines, motonetas, motos y demás podrían ser una opción viable si Lima no enfrentara a su vez un problema de inseguridad vial extremo donde la cultura de manejo es precaria y uno contempla la idea de andar en bicicleta por una avenida como un deliberado intento de suicidio.

En los últimos días sucedió entonces que la empresa “Los Portales”, la cual ya viene despertando un descontento general por las altas tarifas y su monopólica incursión en todas las playas de estacionamiento de los centros financieros y comerciales de mayor movimiento, optó por empezar a cobrar también a aquellos que quisieran estacionar sus bicicletas. La reacción en redes no se hizo esperar y al final no les quedo otra que desistir al cobro por estacionamiento de bicicletas.

Pero reflexionemos un poco más. Dentro de los principios de libre mercado la empresa está en todo el derecho de estipular un cobro por el servicio que brinda, a su vez está aprovechando la increíble demanda que existe por espacios donde estacionar y más aún en zonas comerciales y financieras ¿Con que argumento podemos exigir que no se cobre un servicio que se está brindando? Pues la respuesta recae en la necesidad del espacio público.

Un buen sistema de transporte público tiene dentro de sus beneficios la reducción del uso de vehículos privados sobre todo si en comparación a estos, el sistema de transporte público ahorra tiempo y dinero. No planeo hacer carga montón al transporte público en Lima pero solamente queda definirlo como bastante malo, aún con las innovaciones y las últimas obras en el sector. Entonces volvemos al debate: ¿dejemos que se privaticen los espacios y que el que tenga dinero pague y el que no camine? Es responsabilidad de las gestiones distritales y municipal encargarse de promover no solo medios de transporte alternativos que contribuyan al flujo del tránsito sino espacios administrados por la misma gestión pública donde estos medios de transporte (bicicletas, patines, etc.) encuentren un lugar dentro del desorden y caos que acechan la ciudad.

Ya es suficientemente malo no tener donde estacionar un auto como para ahora contemplar la idea de que se debe pagar por estacionar una bicicleta. El monto en sí es lo de menos lo preocupante está en esta necesidad compulsiva de anteponer el beneficio privado a la necesidad pública y a su vez seguir contemplando la necesidad pública como una demanda que puede ser aprovechada y explotada.


Fuente de Imagen: Municipalidad de San Isidro

Carlos Dextre
Estudiante de Ciencias Políticas en la PUCP. Es parte del Programa de Negociación y Debate de Acción AENU. Ha participado en modelos de naciones unidas como parte del equipo de Peruvian Universities. Tiene experiencia en la publicación de artículos de opinión en medios online. Apasionado del futbol y bailar salsa.
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