COYUNTURA

Opinión: Cambiar la Constitución es una muy mala idea

El pésimo debate del último domingo al menos nos dejo en clara una cosa: de los diez candidatos presidenciales aún en carrera, Vero Mendoza es la única que plantea cambiar la constitución de 1993 (C-93), tal como Ollanta Humala propuso en 2006 y 2011 pero nunca hizo una vez llegado al poder. Los planes de Mendoza y el Frente Amplio para cambiar la constitución se basan en dos argumentos: primero, que es necesario para realizar el cambio de “modelo” que ellos propugnan y que sus electores demandan, y segundo porque la constitución es ilegítima al ser producto del autogolpe del 5 de abril.

Cambiar la C-93 para reformar el “modelo” es hablar muy en abstracto para una elección que ha carecido de ideas concretas. Puntualmente, lo que parece buscar el Frente Amplio es: 1) que se le permita al Estado participar directamente en la actividad empresarial sin el requisito de que el rol sea “subsidiario”; y 2) eliminar la independencia del Banco Central de Reserva (BCR).

Se insiste en que los resultados económicos peruanos podrían mejorar si el Estado pudiera entrar a mejorar algunas fallas de mercado (existencia monopolios, contaminación excesiva, etc.), y eso bien puede ser cierto en teoría. El problema , sin embargo, es que en la práctica las barreras al desarrollo en el Perú no son sólo las fallas de mercado (que las hay y son serias, ojo) sino también las fallas de Estado: la corrupción, falta de capacidad de gasto y gestión ineficiente. Es en cierto modo contradictorio que el Frente Amplio, que denuncia con firmeza la corrupción del sector público, pretenda darle más poder. No porque Verónica Mendoza sea presidente esa corrupción desaparecerá en cinco años. No es tan fácil como escribirlo en un pizarrón. Las capacidades y la transparencia se construyen en el tiempo y hoy por hoy el Estado no las tiene. Es ilógico encargarle el manejo de empresas en ese contexto.

Del mismo modo, intentar vulnerar la independencia del banco central es un despropósito. La idea de que los peruanos deben pronunciarse sobre la política monetaria es como decir que los peruanos deben pronunciarse sobre el diseño de puentes o la administración de justicia: no es antidemocrático delegar esta función técnica a los ingenieros y a los abogados. Es cierto que debe existir un mecanismo de rendición de cuentas y que en ese aspecto el marco normativo del BCR puede mejorar, pero de ahí a señalar que el gobierno debe sentarse a ver las tasas de interés hay una clara distancia.

No obstante, las razones para querer cambiar la C-93 no sólo son económicas sino también políticas. La idea central es que esa constitución existe únicamente gracias al 5 de abril de 1992, y que por lo tanto mantenerla en su lugar es en cierto reivindicar el autogolpe. El problema con este razonamiento es que podría decirse lo mismo de la C-79, que tuvo lugar como consecuencia de la llegada de Morales Bermúdez al poder a través de un golpe de estado. Y la anterior a esa, la C-33 surgió a raíz de otro golpr de estado, el de Sánchez Cerro a Leguía, en 1930. Todas estas constituciones no reivindicaban golpes y autocracias simplemente porque se mantuvieron en vigencia mucho tiempo después de los golpes que crearon las condiciones para su promulgación. Sencillamente, estas adquirieron legitimidad al ser aprobadas en asambleas constituyentes, tal como sucedió con la C-93 (hay que recordar que esa Asamblea surgió precisamente por presión de la OEA sobre Fujimori).

Que en el Frente Amplio no les guste la C-93 es una cosa, y podemos debatir sus méritos como lo hicimos líneas arriba e incluso proponerle enmiendas. ¿Pero cambiar la constitución? Simplemente no existe razón objetiva para ello. Quizá la hubo en el 2000, cuando Valentín Paniagua asumió el gobierno de transición, pero esa ventana de oportunidad ya se cerró. Y como Verónika bien puede dar fe tras su repentino repunte en las encuestas, la política consiste justamente de eso, oportunidades.

Alfonso de la Torre
Economista por la St. Mary´s University en Texas y estudiante en la Maestría de Políticas Públicas de la Universidad de Harvard. Desde chico tiene problemas para diferenciar la derecha de la izquierda.
Click to comment

Deja tu comentario

Loading Facebook Comments ...
To Top