COYUNTURA

Opinión: Admirar a los asesinos

Edvard Munch

La hipocresía manifiesta de muchos peruanos estorba para entender el espíritu democrático que posiblemente no tengamos.

No son pocas las ocasiones, incluso con parientes y amigos, en las que he puesto en tela de juicio el espíritu democrático de mi interlocutor. La política es un gran ejemplo de ello, ya advertía Bryce Echenique en sus artículos políticos de los años ochenta que muchos de los señorones que acompañaban al efímero político Vargas Llosa no eran tan democráticos como aparentaban; en el fondo, admiraban a Pinochet por más asesino que fuese. La hipótesis quedó demostrada cuando apoyaron al autócrata Fujimori (y lo siguen apoyando como Hernando de Soto, asesor de dictadores) por más violador de derechos humanos que sea.

La mediocre derecha peruana sigue admirando a Pinochet, olvidándose de los asesinatos en el estadio nacional, vanaglorian el fujimorato sin importarles las víctimas del mismo. Claro, como Lima dejó sufrir los estragos del terror, los campesinos que murieron por ello no importan. Se les retuerce las tripas al hablar de derechos humanos, de los otros. Anteponer las cifras a las personas es un error. Incluso algunos lunáticos se atreven a negar la existencia de víctimas del régimen. Muchos de ellos son admiradores de Trump o de Le Pen y, si no lo son manifiestamente, repiten los argumentos xenófobos, discriminadores, matonescos y machistas de ellos, le rinden un homenaje mudo.

La oxidada izquierda peruana no se queda atrás. Algunos izquierdistas, inclusive los que se hacen llamar ‘democráticos’,  son enanos mentales por sus idolos de barro. Siguen admirando a Fidel Castro, al Che Guevara, a los dictadores rusos o a Chávez, todos asesinos y autoritarios. La ‘democrática’ izquierda peruana sigue admirando a Velasco, quien perpetró un golpe de Estado contra un presidente constitucional. Incluso, el ala radical y subterránea, sigue apoyando a Abimael Guzmán, el más grande asesino de la historia peruana. Para ellos los derechos humanos existen, pero no pasa nada si sus líderes los violan.

Cuando la ideología sobrepasa la razón, solo queda lo animal. Ojo que no son todos, también existen personas muy congruentes.

¿Y nuestro espíritu democrático? Pues, si democracia es el respeto del otro, cuando uno es capaz de colarse sin importarle el resto de la cola, se es autoritario. Cuando uno entromete su vehículo sin importarle al resto se es autoritario. Cuando algún matón utiliza la bajeza de decir ‘¿Sabes quién soy yo?’ se es autoritario. Se es autoritario también cuando se golpea a una mujer o se la viola y luego se mata a una niña. O cuando se discrimina a alguien por su inclinación sexual. Si no se respeta al otro, menos se respetará la constitución. Si cotidianamente somos dictadores y asesinos, como el de Munch  ¿Qué podemos esperar de los políticos y representantes?

El medio de comunicación no necesariamente concuerda con la postura del autor.

Paul Montjoy Forti
Director de Punto y Coma. Egresado de derecho por la Universidad de Piura. Es autor de los libros “Relatos desde el hígado” y “Quijotes ultramarinos”.
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