COYUNTURA

Opinión: Traigamos a los chinos

VDR

*Emplearemos “chino” con uno de los tantos incorrectos significados que existen en Latinoamérica: persona proveniente de Asia Oriental, sin importar su nacionalidad.

No han pasado ni cinco meses desde que se inició el plan para la reconstrucción y Pablo de la Flor, quien lideraba todo el proyecto, ya renunció. Y no fue, precisamente, por su voluntad, sino que fue forzado a hacerlo por presión social y mediática, principalmente de los gobiernos regionales, quienes se quejaban de su “ineficiente gestión” para ocultar la de ellos. Al equipo encargado se le dio la enorme tarea de levantar nuevamente las ciudades afectadas por El Niño Costero. Era también una gran oportunidad para el gobierno de demostrar su capacidad de resiliencia y de liderazgo a un país que volvía a caer en el escepticismo político.

Sin embargo, de la Flor no pudo más y en pocos meses dejó el cargo. Para justificar la demora en los procesos, dijo que estos proyectos requerían de mucho tiempo para solucionarlos de manera óptima. Sin embargo, los gobernadores regionales y, principalmente, las personas que habían sido afectadas por los desastres no podían esperar más: necesitaban una solución urgente lo más pronto posible antes que empiece la siguiente temporada de lluvia. Lógico.

Entonces, dada las circunstancias, la necesidad y la urgencia de la reconstrucción, ¿no ha llegado el momento de pedir ayuda internacional? Y no nos referimos a ayuda económica. Perú tiene dinero, hay un presupuesto de 748 millones de soles solo para temas de desastres durante este año –un dinero que, evidentemente, no hemos sabido gestionar–. La ayuda que necesitamos es de asesoría. Necesitamos la experiencia de gobiernos que hayan pasado por lo mismo, pero que hayan logrado salir de manera eficiente de estas circunstancias.

Nuestra experiencia como gestores de obras públicas nos ha llevado a una sola conclusión: somos un desastre peor que los desastres naturales. Y seguimos siendo tan irracionales que insistimos en colocar a un compatriota en un importante puesto para que solucione un mega problema que en su vida ha resuelto, solo porque fue un excelente gerente en un banco o un reconocido presidente de alguna corporación importante.

La responsabilidad de un gobierno es también empezar a ver cuáles son sus falencias. ¿Por qué no reconocemos de una vez que no estamos preparados para plantear grandes soluciones? Esto se responde con una sola palabra: corrupción. A pesar que vamos mal, seguimos favoreciendo a “nuestros amigos del club”, a aquellos que nos ayudaron a conseguir el carguito público y quienes les concedemos las licitaciones fácilmente.

Los chinos hubiesen levantado esto en los cinco meses en que de la Flor se demoró gestionando trámites absurdos (porque, obviamente, no es solo culpa suya, es de todo el terrible aparato que hay detrás). Ellos ya hubiesen hecho hasta rascacielos en medio del desierto de Sechura, porque saben cómo hacerlo. Nosotros ya deberíamos reconocer que no somos buenos gestionando grandes proyectos y menos salvando a un país entero, aunque nos duela admitirlo. Ya es hora que traigamos a los chinos.

Jair Villacrez
Comunicador por la Universidad de Piura. Le interesa el Periodismo Internacional, Político y Económico. Le encanta la sátira social.
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