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Opinión: Una reflexión a propósito de la Cumbre de las Américas

Imagen: FOSDEH

Por: María Alejandra Gutierrez

Este viernes 13 y sábado 14 de abril se llevará a cabo en la ciudad de Lima la Cumbre de las Américas, evento en el que se reunirá a mandatarios de la región para tomar acuerdos sobre problemáticas comunes. Esta octava edición de la reunión será titulada: “Gobernabilidad democrática frente a la corrupción” y seguirá tres ejes; “Gobernabilidad democrática y corrupción”, “Corrupción y desarrollo sostenible” y “Aspectos de cooperación, institucionalidad internacional y alianzas público-privadas”.

 El tema de la corrupción es de suma importancia para la región, y debe ser tratado con urgencia, ya que como se recuerda, en los últimos años 10 países latinoamericanos se han visto involucrados en casos de cohecho por Odebrecht. Además de que, según el último informe de Transparencia Internacional sobre percepción de la corrupción, 16 países americanos se encuentran en estado crítico. El Perú no es la excepción a esta realidad, sino que encabeza dichas listas, obteniendo un puntaje de 37/100 en la encuesta de Transparencia (siendo 0 un país corrupto y 100 un país libre de corrupción). Es por ello que la cumbre debería ser tomada como una ventana de oportunidad para tomar acciones correctivas y compromisos frente al tema.

La corrupción no solo se limita al cohecho, sino que también incluye el peculado y colusión, esto termina por encarecer presupuestos y por consiguiente limitar el desarrollo, dificultando el acceso a servicios básicos y administrativos a muchos peruanos. Si bien se ha enunciado una serie de esfuerzos por parte del Estado peruano como la Política Nacional de Integridad y Lucha contra la Corrupción, estos han sido insuficientes. Esto se debe a que no basta con definir normas, ya que esto no garantiza que se cumplan. En adición, el individuo es capaz de crear mecanismos alternos, haciendo de la corrupción un subsistema en muchos casos más eficienteque los canales convencionales propuestos por el Estado, motivo por el cual se termina familiarizando con este y promoviendo dicho sistema.

De esta manera, la corrupción responde a un sistema de oportunidades y restricciones, como plantea el nuevo institucionalismo; donde las pocas restricciones que hay se van reduciendo, y se hacen parte del contexto institucional. Además, los individuos se adaptan a dicho contexto; lo que convierte a la corrupción en una relación de costo-beneficio.

Ante la problemática de la corrupción es necesario plantear una serie de recomendaciones para combatirla tanto desde el plano subnacional hasta el Estado central. Para ello, es necesario fortalecer las instituciones, mediante la simplificación de procesos administrativos; asimismo, mejorar los mecanismos de evaluación, fiscalización, transparencia y acceso a la información. Otro aspecto clave es el de la sociedad civil, que debe ser partícipe de los procesos de toma de decisiones y la presencia activa y veraz de los medios de comunicación.

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